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Piscólogos sostienen que tener un animal de compañía reduce la percepción del dolor físico y emocional

Los profesionales argumentan que los animales tienen la capacidad de relajar la angustia y mantener las capacidades cognitivas activas.

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Sabado, 15 de agosto de 2026 a las 17:45
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Las personas mayores de 65 años relacionadas con animales durante más de cinco años, mostraron un retardo significativo en la decadencia cognitiva.

Durante miles de años los animales han desempeñado un rol central en la vida de los seres humanos. Primero en la naturaleza y luego abocados a la agricultura, han sido importantes para la provisión de alimentos, para el transporte y como parte de prácticas culturales y religiosas.

Durante mucho tiempo a los animales de compañía se los llamó “mascotas”, pero ese término se dejó de usar ya que originalmente significaba “amuleto de la buena suerte”, lo que les daba un sentido de objeto o posesión, que contrasta con el respeto actual hacia los seres sintientes. Tenerlos incorporados a nuestra vida no es nuevo ni se le atribuye al mundo occidental. 

En Israel y en Europa del Norte se han encontrado enterrados con humanos, algunos de los restos arqueológicos más antiguos de perros domésticos, se estima que se originaron hace aproximadamente  11.000 y 14.000 años.

También en el Medio Oeste Norteamericano se han localizado algunos perros enterrados con seres humanos, lo cual sugiere que los nativos podrían haber tenido perros como compañía desde hace más de 8.000 años.

La evidencia de entierros en la isla de Chipre, respalda la idea de que los gatos, que durante muchos años se creyó que habían sido domesticados en el antiguo Egipto hace aproximadamente 4.000 años, han acompañado a los humanos por los menos desde hace 9.500 años.

Existe amplia evidencia que respalda la popularidad de animales como compañía en el antiguo Egipto, Grecia y Roma, lo que permite establecer la cercanía de peros y gatos en los hogares Imperiales de China y Japón.

“Actualmente los animales domésticos son un miembro más de la familia y se le otorga un lugar sentimental, real y simbólico muy importante. Los dueños priorizan la calidad y buscan lo mejor, entendiendo que el bienestar de sus animalitos, contribuye al propio”, esto lo manifiesta José González, médico veterinario de Córdoba.

Testimonios de personas mayores que adoptaron un animal de compañía, coinciden en que a partir de ese momento encontraron un motivo para levantarse cada día, un plan para completar la jornada de actividades valiosas.

Por su parte un estudio realizado en la Universidad de Florida, confirmó que las personas mayores de 65 años relacionadas con animales durante más de cinco años, mostraron un retardo significativo en la decadencia cognitiva.

Psicólogos y psiquiatras coinciden en que para situaciones como depresión, procesos de ansiedad o angustia y otros impactos no tan severos en la salud mental, cuidar a otro ser colabora en el camino de recuperar el bienestar.

Una de las más grandes dificultades de las personas mayores, es que dejan de tener responsabilidades a cargo. Empiezan a sentir que no aportan y que su capital de experiencia y conocimiento ya no es útil.

Cuando un animal comienza a depender de ellos esa situación cambia y se reordenan ciertos factores, incluso vuelven a socializar ya de otra forma.

Los estudios demuestran que los animales pueden actuar como amortiguadores de estrés entre los niños, relajar la angustia provocada por distintos motivos y reducir la percepción del dolor físico y emocional.

Además, salir a pasear al perro puede promover un estilo de vida más saludable y activa, lejos de la pantalla.

En una investigación reciente, tanto los niños como los padres, describieron a los animales domésticos como parte de la familia y los pequeños por lo general se refieren a ellos como sus mejores amigos.

La capacidad de un animal de acompañar sin juzgar, ha sido una de las explicaciones para el efecto tranquilizador de su presencia.

Oscar Wilde decía que “si se pasa tiempo con los animales, uno puede volverse mejor persona”.



 

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