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Domingo 05 de Abril, Neuquén, Argentina
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“El problema es naturalizar”: la contundente respuesta de un hijo de un caído del Crucero Belgrano

Advierten sobre el riesgo de "naturalizar" una de las tragedias más profundas de la Guerra de Malvinas, como fue el hundimiento del ARA General Belgrano, a partir de declaraciones oficiales. 

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El hundimiento del Belgrano, atacado por el submarino nuclear británico HMS Conqueror por orden de Margaret Thatcher, dejó 323 muertos.

Las declaraciones del ministro de Defensa, Carlos Presti, sobre el hundimiento del ARA General Belgrano volvieron a encender el debate sobre uno de los episodios más dolorosos de la guerra de Malvinas. En ese contexto, Mario Flores Monje —hijo de un caído en el ataque al crucero expresó una profunda reflexión en la que cuestionó no solo la definición del hecho, sino el impacto de ese tipo de discursos en la memoria colectiva.

El funcionario nacional había afirmado, en una entrevista televisiva, que el ataque perpetrado por Gran Bretaña el 2 de mayo de 1982 fue “un acto de guerra”, una postura que históricamente sostiene la Armada Argentina, pero que para muchos sectores resulta insuficiente frente a la magnitud de la tragedia.

El hundimiento del Belgrano, atacado por el submarino nuclear británico HMS Conqueror por orden de Margaret Thatcher, dejó 323 muertos, casi la mitad de las bajas argentinas en todo el conflicto.

Desde una mirada atravesada por la historia personal y familiar, Flores Monje planteó otra dimensión del debate. “No es la discusión técnica lo que me interpela, sino lo que queda afuera cuando todo se reduce a una calificación jurídica: la memoria”, expresó.

Para Presti el ataque perpetrado por Gran Bretaña el 2 de mayo de 1982 fue “un acto de guerra”, una postura que históricamente sostiene la Armada Argentina.

Licenciado en Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales e integrante de la Comisión de Familiares de Caídos en Malvinas de Neuquén, el hijo de un tripulante del Belgrano puso el foco en el significado social de las palabras. “El problema, en el fondo, quizá no sea la etiqueta ‘crimen’, sino el riesgo de naturalizar. De aceptar que lo ocurrido fue apenas una acción ‘esperable’ dentro de una guerra”, advirtió.

En ese sentido, consideró que ese tipo de interpretaciones pueden diluir la gravedad del hecho. “En ese gesto se pierde algo más profundo: la forma en que una sociedad se cuenta a sí misma su historia”, sostuvo, al tiempo que recordó que se trató de “una tragedia de enorme magnitud”, en la que murieron 323 argentinos en un mismo momento.

Flores Monje también apuntó a la responsabilidad institucional en la construcción del relato histórico. “Cuando una voz institucional se pronuncia, no solo informa: construye sentido. Y en esa construcción hay una responsabilidad”, remarcó.

El acto que se realizó el 2 de abril en el cenotafio del Parque Central de Neuquén.

Sin caer en consignas ni en una discusión estrictamente jurídica, el planteo del referente neuquino apuntó a un equilibrio entre memoria y narrativa pública. “No se trata de forzar definiciones ni de sobreactuar indignaciones, sino de no quedar en un lugar que pueda ser leído como una justificación de lo que hizo Gran Bretaña”, afirmó.

Su reflexión, además, se apoya en una experiencia íntima y generacional. “Mi abuelo no llegó a la balsa porque el barco se partió”, le dijo su hijo durante un desayuno reciente, al ver un video sobre Malvinas. “Hay ahí algo valioso: la posibilidad de que Malvinas no sea solo una herida, sino una memoria habitable”, relató.

En ese marco, subrayó la importancia del rol del Estado en la transmisión de esa memoria: “Para que eso sea posible, el Estado tiene que acompañar con claridad, sin minimizar ni naturalizar”.

Mientras el debate político suma repercusiones —incluso con pedidos de rectificación desde el Congreso—, la voz de los familiares vuelve a poner en primer plano una dimensión que excede las definiciones técnicas: cómo se recuerda, cómo se nombra y qué lugar ocupa Malvinas en la identidad argentina.

“En casa, Malvinas no es una efeméride: es algo más. Y justamente por eso, importa tanto cómo se la nombra”, concluyó.

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