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Viajó 300 kilómetros para tocarle el acordeón a su abuelo del corazón que está internado

Lolito, de 8 años, recorrió de Buta Ranquil junto a su familia para tocar el acordeón frente al hospital de Zapala, donde está internado Camilo, de 71 años. Como no podía entrar a la habitación, encontró otra manera de hacerle llegar su música.

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El pequeño músico viajó con su familia desde Buta Ranquil para acompañar a Camilo, de 71 años, durante su internación en Zapala.

Lolito, un niño de 8 años de Buta Ranquil, viajó junto a su familia hasta Zapala para tocar el acordeón frente al hospital donde está internado Camilo, un hombre de 71 años al que considera su abuelo del corazón. El encuentro ocurrió durante la internación de Camilo, quien fue derivado desde Buta Ranquil, pasando por Chos Malal, para recibir atención de mayor complejidad.

Como no podía ingresar a la habitación, el pequeño decidió tocar desde las inmediaciones del hospital para que Camilo escuchara su música desde el primer piso. Al advertir lo que sucedía, trabajadoras del establecimiento se acercaron y gestionaron un permiso para que pudiera tocar desde el patio.

El viaje de alrededor de 300 kilómetros y el gesto de Lolito transformaron una situación familiar difícil en un momento de acompañamiento, con la música como forma de expresar cariño y esperanza.

 

Lolito quería que su abuelo del corazón escuchara el acordeón

La iniciativa nació de un deseo sencillo: estar cerca de Camilo durante su internación. Ante la imposibilidad de ingresar al sector de habitaciones, Lolito encontró una alternativa para acompañarlo.

«Quería ir a tocarle el acordeón», contó el niño, que lleva apenas cuatro clases con su profesor, Ángel Esparta.

Cuando le preguntaron qué significaba Camilo para él, respondió con naturalidad: «También un abuelo».

La música comenzó a escucharse desde el edificio del hospital y llamó la atención del personal, que se acercó para escuchar al pequeño y ayudó a concretar el encuentro desde un lugar más cercano.

 

Renata explicó por qué viajaron desde Buta Ranquil

Renata, la hermana de Lolito, de 11 años, también explicó el vínculo que une a la familia con Camilo y la razón por la que decidieron acompañarlo.

«Para nosotros lo tomamos como un abuelo, entonces te da lástima no verlo durante semanas o días», expresó.

La niña también compartió el deseo que tienen para los próximos días: «Que se mejore y que nos venga a visitar acá».

Para los hermanos, Camilo es parte de su entorno afectivo, más allá de los vínculos familiares formales. Su internación los llevó a realizar el viaje para estar presentes y transmitirle su cariño.

 

Cuatro clases de acordeón y una pasión que empieza

Lolito está dando sus primeros pasos en la música con la enseñanza de Ángel Esparta, su profesor de acordeón, quien también toca otros instrumentos.

Aunque recién comenzó a aprender, el niño ya encontró en el instrumento una actividad que disfruta y en la que quiere seguir creciendo.

Su profesor le transmitió que, con práctica y dedicación, la música podría convertirse algún día en una forma de vida. Sin embargo, en esta ocasión, el acordeón tuvo otro propósito: acompañar a una persona querida durante un momento complicado.

 

El personal del hospital hizo posible el encuentro

Francisca Camu, mamá de Lolito y Renata, destacó el papel de las trabajadoras del hospital de Zapala, que escucharon la música desde el edificio y se acercaron para conocer lo que estaba sucediendo.

A partir de esa intervención, gestionaron el permiso para que el niño pudiera tocar desde el patio y que Camilo tuviera más posibilidades de escucharlo.

La familia también agradeció la atención recibida durante el recorrido sanitario de Camilo, con menciones al personal de salud de Buta Ranquil, Chos Malal y Zapala.

La intervención del equipo del hospital permitió que un gesto espontáneo pudiera concretarse respetando las condiciones de acceso al sector de internación.

 

Un viaje de 300 kilómetros para acompañar a Camilo

La familia recorrió alrededor de 300 kilómetros entre Buta Ranquil y Zapala para acompañar al hombre de 71 años.

El traslado se produjo después de que Camilo fuera derivado para recibir atención de mayor complejidad, con un recorrido que incluyó Chos Malal antes de llegar a Zapala.

En ese contexto, la visita tuvo un significado especial para los chicos: pudieron acercarse a alguien que consideran parte de su familia y expresarle su afecto, aun cuando no podían entrar a su habitación.

La historia también muestra cómo los vínculos afectivos y las redes familiares pueden sostener a las personas durante una internación, mediante formas de acompañamiento que no necesariamente requieren una visita dentro de la habitación.

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