¿Quiere recibir notificaciones de alertas?

Logo Am2022
PUBLICIDAD

Los cuernos de los dinosaurios carnívoros no eran solo decoración: tenían un objetivo más "romántico"

Un estudio de investigadores argentinos analizó la evolución de los cuernos, protuberancias y otras ornamentaciones de los abelisáuridos.

Agregar Mejorinformado en
Agrega Mejorinformado a tus medios preferidos en Google
PUBLICIDAD
Los ornamentos del cráneo de los abelisáuridos, como los cuernos del Carnotaurus, habrían evolucionado de acuerdo con patrones compatibles con la selección sexual.

Los cuernos, protuberancias, rugosidades y hoyuelos de un cierto tipo de dinosaurios carnívoros, los abelisáuridos, podrían haber cumplido una función relacionada con la reproducción y las interacciones entre individuos, además de su apariencia característica. Esa es una de las principales conclusiones de un estudio realizado por investigadores del Instituto Patagónico de Geología y Paleontología (IPGP-CONICET-CENPAT) y del Instituto de Ecología, Genética y Evolución de Buenos Aires (IEGEBA-CONICET).

La investigación fue desarrollada por Enzo Emanuel Seculi Pereyra, Damián Pérez e Ignacio Soto y fue publicada el 24 de junio de 2026 en la revista científica Paleobiology, de Cambridge University Press.

El trabajo analizó la evolución de las ornamentaciones craneales de los abelisáuridos, un grupo de dinosaurios carnívoros que habitó principalmente el hemisferio sur durante el Cretácico, entre 145 y 66 millones de años atrás. Los resultados indican que esas estructuras evolucionaron siguiendo patrones definidos, más compatibles con la selección sexual que con la hipótesis de que simplemente permitían reconocerse entre individuos de una misma especie.

 

Los cuernos habrían tenido un papel en la reproducción

Durante años, una de las explicaciones para las llamativas ornamentaciones de los dinosaurios fue que podían funcionar como señales para diferenciar individuos de una especie de otros animales.

El nuevo estudio puso a prueba específicamente esa hipótesis en los abelisáuridos. Para hacerlo, los investigadores combinaron datos del registro fósil, análisis filogenéticos comparativos y modelos de evolución.

El resultado fue diferente: la ornamentación del cráneo no habría evolucionado de manera aleatoria.

Los investigadores encontraron trayectorias evolutivas ordenadas. En el hocico y alrededor de los ojos, por ejemplo, una vez que aparecieron determinados rasgos, estos no volvieron a desaparecer dentro de la línea evolutiva analizada. En el techo del cráneo también aparecieron caminos de desarrollo diferenciados.

Ese patrón es más compatible con mecanismos de selección sexual, mediante los cuales determinados rasgos pueden favorecer el acceso a parejas o aumentar las posibilidades de reproducción.

 

Del Carnotaurus a Majungasaurus: dos formas de ornamentación

Uno de los aspectos más llamativos del estudio aparece al comparar las distintas formas que adquirieron los cráneos.

En algunas especies, las estructuras evolucionaron hacia un cuerno o domo ubicado en la línea media del cráneo. Ese patrón se observa en abelisáuridos que habitaron territorios que hoy corresponden a India y Madagascar, como Majungasaurus.

En otras especies aparecieron estructuras pares a ambos lados del techo craneal, como las características de Carnotaurus, uno de los dinosaurios carnívoros más reconocibles de Sudamérica.

La investigación plantea que esas diferencias no necesariamente representan simples mecanismos para identificar especies. Por el contrario, podrían haber formado parte de sistemas de señalización visual, exhibición y competencia entre individuos.

El propio trabajo advierte que la función concreta de cada estructura no puede observarse directamente en el registro fósil. Por eso, los resultados deben interpretarse como evidencia evolutiva compatible con determinadas conductas y no como una demostración directa de cómo se comportaban los animales.

 

Qué significa la selección sexual en dinosaurios

La selección sexual es un mecanismo evolutivo vinculado con características que pueden aumentar el éxito reproductivo de un individuo.

En animales actuales existen numerosos ejemplos de estructuras utilizadas durante exhibiciones o competencias. Los investigadores utilizan este marco para interpretar la evolución de los ornamentos de los abelisáuridos y señalan que algunas de sus características podrían haber funcionado como señales visuales o haber participado en interacciones físicas.

El estudio también considera la posibilidad de selección sexual mutua, es decir, que los ornamentos no necesariamente estuvieran presentes únicamente en uno de los sexos. Los autores señalan que todavía no se realizaron estudios específicos que permitan determinar de manera concluyente la existencia de dimorfismo sexual en Abelisauridae.

Por eso, no es posible afirmar a partir de los fósiles que los machos tuvieran cuernos y las hembras no, ni determinar exactamente quién elegía a quién.

 

Los cuernos no dependían simplemente del tamaño

Otro resultado importante es que el tamaño corporal y la ornamentación craneal evolucionaron en gran medida de manera independiente.

Esto resulta relevante porque una hipótesis anterior vinculaba la aparición de estructuras ornamentales complejas con el gigantismo de los dinosaurios terópodos. El análisis de los abelisáuridos no encontró una correlación evolutiva significativa entre ambas características.

En otras palabras, un abelisáurido más grande no necesariamente tenía un cráneo más ornamentado.

Los investigadores observaron, en cambio, que las formas más complejas aparecieron particularmente hacia etapas posteriores de la evolución del grupo, durante el Cretácico Superior. Entre ellas se encuentran protuberancias óseas, estructuras pares y regiones reforzadas del cráneo.

 

El caso del Carnotaurus abre otra pista

El Carnotaurus resulta especialmente interesante porque sus cuernos laterales y la arquitectura de su cráneo ya habían sido estudiados desde el punto de vista biomecánico.

Investigaciones anteriores citadas por el nuevo trabajo encontraron características compatibles con interacciones físicas controladas entre individuos. Sin embargo, los estudios biomecánicos también sugieren que su cráneo estaba mejor preparado para impactos de menor velocidad que para choques violentos a gran velocidad.

Esto permite pensar en un escenario más complejo que el de dos animales simplemente embistiéndose.

Las ornamentaciones podrían haber combinado exhibición visual, señalización y contacto físico, aunque el propio estudio aclara que esta interpretación sobre la integración entre exhibición y combate continúa siendo una hipótesis.

 

Qué aporta el nuevo estudio a la paleontología

El principal aporte no consiste solamente en proponer para qué servían los cuernos del Carnotaurus.

La investigación intenta reconstruir cómo evolucionaron las ornamentaciones craneales de todo un grupo de dinosaurios y qué patrones pueden revelar sobre su comportamiento.

El análisis encontró que especies que vivían en las mismas regiones podían presentar ornamentaciones similares, algo que no encaja con la predicción de que esas estructuras evolucionaran principalmente para evitar confusiones entre especies.

A la vez, la evolución ordenada de los rasgos, su progresiva complejidad y su independencia respecto del tamaño corporal apuntan hacia procesos selectivos más específicos.

Qué no se puede saber todavía

El registro fósil tiene un límite fundamental: no conserva directamente las conductas de los animales extintos.

Por eso, el estudio no demuestra que un Carnotaurus utilizara sus cuernos para cortejar, ni que los empleara en combates por una pareja. Lo que aporta son patrones evolutivos que resultan más compatibles con esas funciones que con la explicación basada exclusivamente en el reconocimiento entre especies.

Los propios investigadores destacan que la interpretación de estos rasgos como señales socio-sexuales sigue siendo una reconstrucción basada en múltiples líneas de evidencia.

PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD