Hay lugares que no necesitan presentación. Apenas nombrarlos alcanza para que aparezca una imagen inmediata en la cabeza. París tiene la Torre Eiffel. Nueva York, la Estatua de la Libertad. Río de Janeiro, el Cristo Redentor. Y Buenos Aires tiene al Obelisco.
Ese gigante de cemento blanco que se levanta en el corazón de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires no es solamente un monumento. Es un punto de encuentro. Un escenario permanente de celebraciones, abrazos colectivos, recitales, protestas, alegrías deportivas y momentos históricos. Allí donde se cruzan las avenidas 9 de Julio y Corrientes, el Obelisco parece observarlo todo desde hace casi nueve décadas. Y ahora, por primera vez en su historia, también puede recorrerse por dentro.
La posibilidad de subir hasta la cima del Obelisco se convirtió rápidamente en una de las experiencias turísticas más buscadas de Buenos Aires. Una aventura urbana que mezcla historia, emoción y una de las mejores vistas panorámicas de la capital argentina.
Periodistas del programa Nos Vamos por 24/7 Canal de Noticias vivieron esta experiencia desde adentro y describieron el recorrido como algo “inolvidable”. “Hay excursiones que uno hace y quedan lindas. Pero esta realmente se siente distinta porque estás entrando a uno de los símbolos más importantes del país”, contaron durante la recorrida.
Una experiencia que comienza antes de subir
La aventura arranca desde abajo, apenas los visitantes ingresan al monumento con su ticket previamente adquirido. Allí, uno de los guías turísticos recibe al grupo y comienza a relatar la historia de este ícono porteño. La guía Andrea fue la encargada de acompañar el recorrido y explicó que el objetivo no es solamente mostrar una vista panorámica, sino también conectar a las personas con la historia y la identidad de Buenos Aires.
“A los turistas les contamos de qué se trata el Obelisco, cuándo se fundó, quién lo diseñó y por qué está ubicado justamente acá”, explicó Andrea. “En realidad fue parte de un proyecto muy ambicioso de transformación del centro porteño”.
El relato histórico funciona como una antesala perfecta para lo que viene después. Mientras los visitantes recorren el interior del monumento, descubren infografías, fotografías históricas y una línea de tiempo que resume algunos de los momentos más importantes que tuvieron al Obelisco como protagonista. Porque el Obelisco no es solamente una postal turística: es también un testigo silencioso de la historia argentina.
“Allí se festejaron campeonatos del mundo, hubo movilizaciones históricas, recitales multitudinarios y encuentros sociales que quedaron grabados para siempre en la memoria colectiva”, destacó la guía.
Un ascensor vidriado y una escalera caracol rumbo al cielo porteño
Después de la introducción histórica llega uno de los momentos más esperados: el ascenso. Los visitantes suben primero ocho escalones hasta llegar al moderno ascensor incorporado recientemente al interior del monumento. El sistema fue diseñado especialmente para no modificar la estructura original del Obelisco, uno de los principales desafíos técnicos del proyecto.
El ascensor tiene capacidad para cuatro personas y uno de sus laterales es completamente vidriado. Durante el trayecto, que dura apenas un minuto, se puede observar el interior del monumento y comprender las dimensiones reales de esta estructura inaugurada en 1936. “Ese momento ya sorprende muchísimo”, explicó Andrea. “La gente empieza a darse cuenta de lo inmenso que es realmente el Obelisco”.
Pero el recorrido todavía no termina.
Al llegar al nivel 55 comienza la parte más aventurera de la experiencia: una estrecha escalera caracol de 35 peldaños conduce hasta la cúspide del monumento. El espacio se vuelve más angosto, las paredes se cierran y la expectativa crece paso a paso. Hasta que finalmente aparecen las cuatro ventanas. Y ahí sucede el impacto.
La cima del Obelisco está ubicada a 67,5 metros de altura y ofrece una vista panorámica 360° completamente inédita para la mayoría de los visitantes.
Desde allí arriba, Buenos Aires cambia de escala. La avenida 9 de Julio se extiende inmensa y monumental. Corrientes despliega su espíritu teatral y cultural. Los edificios parecen miniaturas perfectamente alineadas. El movimiento de los colectivos y los autos se transforma en una coreografía urbana constante. Y el ruido de la ciudad, tan característico del microcentro porteño, queda suspendido en la distancia.
“Es impresionante porque Buenos Aires parece otra. Desde acá arriba entendés por qué esta ciudad tiene algo especial. Se siente viva”.
Andrea aseguró que la reacción de los visitantes suele ser siempre la misma. “Se van fascinados. Muchísima gente nos dice que esta experiencia tendrían que haberla abierto hace años”, contó.
Incluso recordó una anécdota que resume el impacto emocional del recorrido: “El otro día salió un chico emocionado y dijo ‘hoy soy oficialmente porteño’”.
El Obelisco: un símbolo cargado de historia
Para comprender verdaderamente la magnitud de esta experiencia también hay que viajar en el tiempo. El Obelisco fue inaugurado el 23 de mayo de 1936 para conmemorar los 400 años de la primera fundación de Buenos Aires.
Fue diseñado por el arquitecto Alberto Prebisch, una de las figuras más importantes del modernismo argentino, y construido en apenas 31 días por más de 150 obreros. Una auténtica hazaña arquitectónica para aquella época.
Donde hoy se levanta el monumento anteriormente se encontraba la iglesia de San Nicolás de Bari, un sitio histórico porque allí flameó por primera vez la bandera argentina en la Ciudad de Buenos Aires en 1812. “Ese dato emociona muchísimo a los visitantes”, explicó Andrea. “Porque entienden que el Obelisco no está ubicado en cualquier lugar. Está construido sobre un pedazo muy importante de la memoria nacional”.
A lo largo de sus casi 90 años de vida, el Obelisco se convirtió en mucho más que una obra arquitectónica.
Es el lugar donde los argentinos festejaron campeonatos mundiales, lloraron tragedias, celebraron recitales históricos y protagonizaron movilizaciones políticas y sociales que recorrieron el mundo.
Por eso, ingresar a su interior genera una sensación distinta. “No es solamente subir a un mirador”, aseguró Dennis Godoy. “Es entrar en una parte viva de la historia argentina”.
Una experiencia turística que ya es furor
Desde su apertura oficial, el Mirador Obelisco recibe visitantes de todas partes del mundo. Según contó Andrea, actualmente ascienden alrededor de 190 personas por día y la demanda sigue creciendo constantemente, especialmente desde que se ampliaron los horarios para permitir visitas nocturnas.
“La gente quería ver Buenos Aires iluminada de noche y la experiencia realmente cambia muchísimo”, explicó.
Las visitas se realizan en grupos reducidos de cuatro personas cada 15 minutos, lo que permite mantener una experiencia mucho más íntima y segura.
Además, el recorrido completo dura aproximadamente 20 minutos y combina historia, tecnología y una de las vistas más impactantes de la ciudad.
El cielo porteño al alcance de la mano
Durante décadas, mirar Buenos Aires desde la cima del Obelisco fue una fantasía reservada para muy pocos. Una especie de mito urbano que alimentaba la curiosidad de turistas y porteños. Hoy esa posibilidad finalmente es real. Y la experiencia no decepciona.
Porque subir al Obelisco no significa solamente llegar a un mirador. Significa redescubrir Buenos Aires desde otro lugar. Entender su magnitud. Sentir su energía. Mirarla desde arriba y comprobar que sigue siendo una de las ciudades más vibrantes del mundo. El Obelisco ya no es solamente una postal. Ahora también es una experiencia. Y subir hasta su cima es, literalmente, tocar un pedacito del cielo porteño
Cómo visitar el Mirador Obelisco
La experiencia está disponible todos los días y se recomienda comprar las entradas con anticipación debido a la alta demanda.
Horarios: todos los días de 9 a 21.15.
Duración aproximada: 20 minutos.
Capacidad: grupos de 4 personas.
Edad mínima: 4 años.
Tarifas para residentes argentinos $18.000, Jubilados y niños de 4 a 11 años $14.500, No residentes $36.000, Niños extranjeros $29.000.
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