Mientras Argentina se prepara para disputar los cuartos de final del Mundial 2026, en Ginebra la expectativa crece con una intensidad muy distinta a la pasión albiceleste. Desde Suiza, el neuquino Marcos Liyo —especialista en la obra de Jorge Luis Borges y fundador de la asociación cultural Los Conjurados— describe una ciudad ilusionada por un logro histórico, pero sin el dramatismo con el que se vive el fútbol en Argentina. En diálogo con el programa Entretiempo por AM550, también se animó a responder una vieja polémica: qué habría pensado Borges de un partido como este.
Hay partidos que se juegan durante noventa minutos y otros que empiezan mucho antes. Argentina y Suiza se enfrentarán este sábado por los cuartos de final del Mundial 2026, pero en Ginebra el encuentro ya comenzó hace días. No con banderazos ni caravanas interminables. Tampoco con bombos, bengalas o cábalas. El fútbol, allí, se vive de otra manera.
Lo cuenta Marcos Liyo, un neuquino que desde hace varios años vive en la ciudad suiza donde Jorge Luis Borges eligió pasar sus últimos días. Allí fundó la asociación cultural Los Conjurados, organiza recorridos literarios sobre el autor de El Aleph y se convirtió en uno de los principales difusores de su legado en Europa. Pero esta vez dejó los libros por un rato para hablar de la pelota.
"Los suizos están muy interesados por saber cómo se va a resolver este partido", contó. La clasificación de Suiza ya es, por sí sola, un acontecimiento extraordinario. No alcanzaba esta instancia desde el Mundial de 1954, justamente el que organizó en su propio país. "Desde aquel Mundial no llegaba a unos cuartos de final. Por eso la clasificación frente a Colombia fue una verdadera fiesta", relató.
Pero fiesta, en Suiza, significa otra cosa. "Hay entusiasmo, claro. Pero la efervescencia suiza no se parece en nada a la argentina", explica entre risas.
"Los suizos están muy interesados por saber cómo se va a resolver este partido", contó. La clasificación de Suiza ya es, por sí sola, un acontecimiento extraordinario. No alcanzaba esta instancia desde el Mundial de 1954, justamente el que organizó en su propio país. "Desde aquel Mundial no llegaba a unos cuartos de final. Por eso la clasificación frente a Colombia fue una verdadera fiesta", relató.
En una ciudad tan cosmopolita como Ginebra, donde conviven decenas de nacionalidades, el fútbol se mezcla con muchas culturas. Liyo percibe incluso una sensación compartida. "Da la impresión de que los suizos ya están hechos con haber llegado hasta acá. Eso no significa que no quieran ganar, pero todo lo que venga ahora lo sienten como un premio."
La diferencia cultural aparece con claridad cuando recuerda una conversación con un amigo suizo. "Me dijo algo que creo que resume perfectamente la diferencia entre ellos y nosotros: 'Si Argentina gana, el lunes para nosotros será un día normal'. En Argentina sabemos que no. Ganar o perder un partido así cambia el humor de un país entero."
Un partido de madrugada
El Mundial organizado en Estados Unidos, México y Canadá también alteró la rutina europea. En Ginebra, Argentina-Suiza comenzará a las tres de la madrugada; a diferencia de las 22 en nuestro país.
Durante todo el torneo muchos encuentros se jugaron en horarios imposibles para Europa. Incluso Liyo admite que hubo partidos de Argentina que ni siquiera pudo ver porque la televisión local priorizaba selecciones vecinas.
Sin embargo, este encuentro obligó a tomar una decisión inédita. Como la mayoría de los bares suele cerrar cerca de la medianoche, las autoridades del cantón de Ginebra otorgaron permisos especiales para que permanezcan abiertos durante toda la madrugada. "La idea es que la gente pueda reunirse a ver el partido", explicó.
Liyo todavía no sabe dónde verá el partido. "Quizá lo vea en mi casa, quizá con amigos o en algún bar. El problema es que, por más argentinos que seamos, esta vez vamos a ser visitantes."
Quien imagine una Plaza de Mayo suiza probablemente se lleve una decepción. En Ginebra no existe un lugar emblemático donde toda la ciudad se concentre para celebrar. "La gente sale a la calle, toca bocina, camina... pero no existe ese concepto del Obelisco."
Si Argentina avanza, los hinchas albicelestes seguramente volverán a reunirse frente a la estación central de trenes, como ocurrió durante Qatar 2022. Algunos también elegirán la inmensa plaza Plainpalais, uno de los espacios abiertos más importantes de la ciudad.
Borges, el fútbol y una discusión eterna
Hablar con Marcos Liyo casi siempre termina llevando la conversación hacia Borges. Y esta vez no fue la excepción.
Porque mientras millones de personas esperan el partido del Mundial, también reaparece una vieja frase del escritor argentino. "Borges decía que el fútbol era popular porque la estupidez era popular."
Nunca ocultó su rechazo hacia los deportes de masas. Incluso ironizaba diciendo que le llamaba la atención que los argentinos, tan críticos de Inglaterra, practicaran con tanta pasión un deporte inventado por los ingleses.
Quien imagine una Plaza de Mayo suiza probablemente se lleve una decepción. En Ginebra no existe un lugar emblemático donde toda la ciudad se concentre para celebrar. "La gente sale a la calle, toca bocina, camina... pero no existe ese concepto del Obelisco." Si Argentina avanza, los hinchas albicelestes seguramente volverán a reunirse frente a la estación central de trenes, como ocurrió durante Qatar 2022. Algunos también elegirán la inmensa plaza Plainpalais, uno de los espacios abiertos más importantes de la ciudad.
Pero Liyo cree que Borges se perdió algo. Y para explicarlo recurre a otra gran figura de la literatura argentina. "Martín Kohan tiene una reflexión brillante. Dice que nunca vemos a 22 personas corriendo detrás de una pelota. Eso simplemente no ocurre en un partido de fútbol."
Una respuesta elegante a una de las críticas más repetidas por quienes nunca lograron comprender el juego. Liyo recuerda además uno de los gestos más provocadores de Borges.
Mientras Argentina disputaba un partido del Mundial 1978 frente a Hungría, el escritor decidió ofrecer una conferencia en Buenos Aires exactamente a la misma hora. Era su forma de decir que el verdadero espectáculo estaba en otro lado.
Un neuquino entre Borges y la Selección
Paradójicamente, quien dedica buena parte de su vida a estudiar a Borges no comparte su distancia con el fútbol. "Si Argentina no jugara este partido, hincharía por Suiza como hice en los encuentros anteriores. Pero ahora voy con Argentina, naturalmente."
Lo dice desde la ciudad donde Borges encontró una de sus patrias espirituales y donde él mismo construyó otra. Allí organiza visitas guiadas por los lugares que marcaron la vida del escritor, impulsa conferencias internacionales y trabaja para acercar la literatura argentina a Europa.
Pero durante unas horas, esa Ginebra de libros, cementerios ilustres y cafés literarios cambiará de escenario.
Porque aunque Borges jamás hubiera ido a una cancha y probablemente hubiera preferido hablar de la inmortalidad antes que de un Mundial, la ciudad que eligió para morir también quedará atrapada por ese fenómeno inexplicable que convierte a un partido de fútbol en algo mucho más grande que un simple juego.
Y mientras en Argentina millones de personas contengan la respiración, en la madrugada suiza un neuquino volverá a comprobar que hay una pasión capaz de atravesar océanos, idiomas y hasta las diferencias culturales más profundas. Porque, como bien sabe Marcos Liyo, hay cosas que ni siquiera Borges pudo explicar. Y una de ellas ocurre cada cuatro años, cuando rueda una pelota en un Mundial.