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Cipolletti, un sentimiento que atraviesa generaciones y desafía los kilómetros

En apenas tres horas, los hinchas de Cipolletti agotaron más de 900 lugares en 17 colectivos para recorrer 1.300 kilómetros hasta San Francisco, Córdoba, y alentar al Albinegro en la final por el ascenso a la Primera Nacional. 

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Como sucede en instancias finales desde hace más de 50 años, los hinchas de Cipolletti colapsarán rutas y estaciones de servicio al paso. Lo normal de cualquier club convocante del interior.

En tres horas, los hinchas de Cipolletti llenaron 17 colectivos para viajar 1300 kilómetros a San Francisco, provincia de Córdoba, donde el Albinegro jugará la final por el ascenso a la Primera Nacional. Agotaron más de 900 butacas, sumando a quienes compraron entradas porque viajarán por su cuenta. La convocatoria refleja una identidad albinegra que manifiesta una grandeza incomparable en la Patagonia.

Como sucede en instancias finales desde hace más de 50 años, los hinchas de Cipolletti colapsarán rutas y estaciones de servicio al paso. Lo normal de cualquier club convocante del interior. El rival será San Martín de Formosa. Un club que ni por asomo genera esa expectativa, pero corrió toda la temporada (presupuestaria y arbitralmente) con el caballo del comisario.

La gente puede ganar partidos, o no. En el fútbol es imposible saber qué pasará. Sobre todo en el Federal A donde los árbitros suelen ser más protagonistas. Si Cipolletti pierde esta final y espera otras décadas para una revancha, sea cuando sea, y los miles de kilómetros que sean, colapsará rutas y llenará tribunas con una nueva generación de hinchas genuinos.

Cipolletti y San Martín de Formosa definirán el ascenso en San Francisco.

Cuando nace un bebé, hay padres que lo primero que le ponen es una camiseta o un babero con el escudo de Cipolletti. En el cementerio de la ciudad, muchas tumbas lucen orgullosas una calco del escudo de Cipolletti. Esa identidad se construyó durante un siglo con hinchas que transmitieron su pasión de generación en generación. El futbolero promedio sabe que está condenado a sufrir más de lo que gozará. Su felicidad está en un sentimiento que luce orgulloso más allá de resultados deportivos.

Como sucede en instancias finales desde hace más de 50 años, los hinchas de Cipolletti colapsarán rutas y estaciones de servicio al paso. Lo normal de cualquier club convocante del interior.

Suele preguntarse, ¿por qué Neuquén con su potencial económico no pone un equipo en AFA como lo hicieron otras regiones? Suele argumentarse que un estadio para 30 mil personas sería la solución. En realidad, hubo proyectos económicos que hasta llegaron a Primera como los casos de Huracán de Tres Arroyos y Tiro Federal de Rosario. Hoy están desaparecidos. Muchos otros llegaron al Nacional B hasta que se les terminó la aventura económica, política, o sindical. Tuvieron todo menos hinchada. Cipolletti se mantuvo siempre sin ninguno de esos sostenes.

Cuando el albinegro tuvo todo para fundirse, resistió. Lo salvó esa capacidad de convocar gente a trabajar, a apoyar y a alentar. Esa identidad que sueña con la gloria trabajando en el barro.

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