¿Quiere recibir notificaciones de alertas?

Viernes 10 de Abril, Neuquén, Argentina
Logo Am2022
PUBLICIDAD

Hambre de gol: el drama invisible de los chicos que sueñan con llegar a primera

Mientras la AFA es investigada por maniobras millonarias, en las inferiores muchos chicos entrenan con lo justo y, a veces, sin lo básico, en una carrera desigual hacia Primera.

PUBLICIDAD
La otra cara del fútbol: esfuerzo extremo en condiciones desiguales.

El despertador suena antes de que amanezca. Todavía es de noche cuando un pibe se levanta, arma el bolso como puede y encara el viaje. Botines gastados, ropa de entrenamiento y una ilusión intacta. Pero muchas veces, con el estomago vacío.

No es una historia aislada. Es una postal repetida en el fútbol argentino. Mientras en los escritorios se investigan millones y nombres pesados, en las inferiores la realidad es otra: chicos que corren detrás de un sueño en condiciones que muchas veces no alcanzan ni para lo básico.

El contraste es tan crudo como incómodo. De un lado, una estructura bajo sospecha por maniobras económicas; del otro, pibes que a veces llegan a entrenar sin haber comido. En el medio, un sistema que parece mirar para otro lado.

“Hay chicos que quizás su última comida fue un paquete de galletitas y otros llegan después de comer bien y dormir ocho horas”. La frase, del nutricionista Alejandro Pérez Jalil, expone la desigualdad que atraviesa a las divisiones formativas. No todos arrancan desde el mismo lugar. Y en el fútbol, esa diferencia también juega.

En las pensiones, donde viven muchos chicos del Interior, la realidad no es mucho mejor. Platos repetidos, presupuestos ajustados y una alimentación que no siempre acompaña las exigencias físicas. Arroz, fideos, algo de carne económica. Lo justo. A veces, ni eso.

Algunos clubes tercerizan estos espacios o comparten alojamientos entre varias instituciones. En ese esquema, el dinero se reparte y la comida queda relegada. En otros casos, son los propios representantes quienes terminan pagando departamentos para agrupar jugadores. Todo en una lógica donde lo urgente tapa lo importante.

Las historias sobran. Un chico que no desayuna porque no llega entre el colegio y el entrenamiento. Otro que reparte la vianda con su familia. Y también el que come dos platos porque no sabe cuándo volverá a tener esa oportunidad. El hambre, muchas veces, no es solo física.

El caso que se volvió viral en redes lo dejó al descubierto. Jonás Rodríguez, arquero de la Reserva de San Lorenzo, mostró en un video su rutina diaria en la pensión: comidas simples, repetidas, sin demasiados nutrientes. Para muchos fue un shock. Para otros, apenas un reflejo de lo que pasa todos los días.

“Queremos que el chico piense, pero si no comió, no puede”, resume Hermes Desio, formador con paso por clubes grandes y la Selección. Su mirada apunta más allá del resultado: el problema no es nuevo, pero sí estructural. La formación, muchas veces, se piensa como gasto y no como inversión.

En ese camino, el talento no alcanza. Argentina produce futbolistas como pocos países en el mundo, pero no todos crecen en igualdad de condiciones.

PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD