Suena a poco, pero el fin de Neymar en la Selección de Brasil parecía cosa juzgada desde el momento en que se lo vio llorar como un niño sentado en el césped del estadio de New Jersey.
Lo comunicó hoy, en una entrevista televisiva con la cadena Globo a los 34 años de edad: “Intenté, intenté, ahora terminó. Empecé aquí y termino aquí”.
El pentacampeón del mundo viene de malas desde el 2002, año de su última vuelta olímpica, y el 10 formó parte de diferentes ciclos de Scratch sin resultados positivos a partir del 2014.
La medalla dorada en Río 2018 fue el momento culmine de esa carrera a la que siempre le faltó una Copa del Mundo para terminar de reafirmar la comunión.
Como con Lionel Messi en la Argentina previo a Qatar 2022, en su tierra Neymar generó críticas. La historia parecía juzgada, hasta que Carlo Ancelotti sorprendió al incluirlo en la lista que viajó a América del Norte.
Casillero número 26 para un número 10 de mucho nombre y lejano mejor presente que jugó poco, fue lesionado y hasta generó el comentario burlón del presidente nacional, Lula Da Silva, cuando dijo que Neymar era el primer jugador mundialista home office.
El peor final
Su ingreso en el partido ante Noruega, por los 16avos de final en New Jersey fue lo más parecido a un final premeditado. Una amarilla por golpear al rival, un penal convertido que apenas alimentó estadísticas y la dura eliminación.
Desde el 2014, cuando Brasil llegó a la semifinal en su propio país, que el combinado verdeamarhello no logra llegar a esas instancias. El primer mundial de la relación terminó en una grave lesión de vértebras, un karma que lo acompañaría hasta el 5 de julio de 2026.
El final parecía escrito. El fútbol definitivamente no le dará un título Mundial, pasando a integrar la larga lista de grandes de la historia que nunca lograron brillar en la máxima cita.