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“Nunca nadie va a ser como él”: de las dudas sobre Messi a una idolatría que cambió para siempre

Durante años, la sombra de Maradona parecía demasiado grande para cualquier heredero. Messi fue cuestionado, comparado y hasta acusado de no sentir la camiseta. Pero las derrotas, el regreso y finalmente las conquistas con la Selección transformaron aquel escepticismo en admiración. 

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Todos los años el periodismo señalaba a un pibe habilidoso como el posible heredero del 10.

“Nunca nadie va a ser como Maradona, por qué insisten” pensaba en 2004 cuando apareció un chico argentino de Barcelona catalogado por el periodismo como el posible sucesor de Diego. Mi escepticismo tenía fundamentos, todos los años el periodismo señalaba a un pibe habilidoso como el posible heredero del 10.

Lionel Messi era realmente fabuloso, en Barcelona hacía cosas extraordinarias a una velocidad asombrosa. Y en la selección al principio ganó todo lo que podía un pibe prometedor: Mundial Sub-20 en Países Bajos (galardonado como goleador y mejor jugador), y oro olímpico en Beijing 2008. Después los balones de oro lo elevaron a la figura de Mejor Jugador del Mundo.

Pero la AFA entró en una psicosis de cambiar de entrenador de la selección Argentina una o dos veces entre mundial y mundial, contagiada tal vez de la locura de sus clubes. El mejor Messi era un engranaje fundamental del mejor equipo de la historia del fútbol, como se caratuló al Barcelona de Guardiola, y no podía desplegar todo lo que sabía en su selección.

“Nunca nadie va a ser como él”: el largo camino de Messi hasta conquistar a todos.

Pasó Sudáfrica 2010 con Maradona de técnico y la Copa América 2011 con el Checho Batista. “Por qué no corre como en Barcelona”. “Es español”. “Se cuida las piernas”. “No canta el himno”. “Juega por la plata”. Fueron los alaridos de un pueblo dolorido que quería un salvador tras dos décadas de frustraciones. Después llegó Alejandro Sabella y Messi empezó a brillar por fin para su selección. El proceso del entrenador campeón de América con Estudiantes de La Plata llevó a Argentina a la final de un Mundial por primera vez en 24 años.

En la Copa América 2019 apareció lo único de Maradona que le faltaba a Messi. Cantó el himno a los gritos. Se toreó con los chilenos. Denunció la corrupción de Brasil y la Conmebol. Y después vino la historia que nos cambió para siempre. En diciembre de 2022, los argentinos elegimos creer. Vivimos con entusiasmo.

Aunque parecía que la cara de tristeza de Lionel mirando la Copa más linda del Mundo en el Maracaná era lo más cerca que estarían entre sí, nada se le podía reprochar al 10. Su única diferencia con Maradona era que Burruchaga definió bien e Higuain mal en las finales contra Alemania.

Cuando los escépticos de Messi estábamos en caída libre, vinieron las dos finales de Copa América perdidas contra Chile en 2015 y en 2016. En Nueva Jersey, Leo decretó: “Es increíble pero no se me da, se terminó para mi la selección”. Pensé que tomaba una buena decisión, si no le ganaba a Chile, no le ganaba a nadie. Por suerte estaba tan equivocado como él.

Aunque parecía que la cara de tristeza de Lionel mirando la Copa más linda del Mundo en el Maracaná era lo más cerca que estarían entre sí, nada se le podía reprochar al 10. Su única diferencia con Maradona era que Burruchaga definió bien e Higuain mal en las finales contra Alemania.

La AFA parecía cambiar de presidente y la selección de entrenador cada 15 minutos. En ese contexto, el papel de la albiceleste en el Mundial de Rusia 2018 fue lamentable. Pero ojo, Argentina hizo todo mal como para no clasificar a ese Mundial, y lo jugó gracias a tres goles de Messi en Ecuador, y puntos preciosos anteriores que sacó de su galera inmessionante.

Cuando algún detractor señaló el mal papel de Argentina en Rusia, impuse el deber de la memoria: “Pará, que clasificamos al Mundial gracias a él”. Clasificar no se debe minimizar como algo “lógico” o “lo que corresponde”. Campeones mundiales y continentales están viendo mundiales por televisión.

Después me pareció bien el voto de confianza a Scaloni. Seguramente los jugadores habían sido consultados, y prefirieron alguien que labura bien a otro vendedor serial de humo con supuestos pergaminos para imponer su orden.

En la Copa América 2019 apareció lo único de Maradona que le faltaba a Messi. Cantó el himno a los gritos. Se toreó con los chilenos. Denunció la corrupción de Brasil y la Conmebol. Y después vino la historia que nos cambió para siempre.

En diciembre de 2022, los argentinos elegimos creer. Vivimos con entusiasmo. Fuimos hacia adelante con fe, con amor, abrazados a nuestros seres queridos, respetando y ayudando a nuestros semejantes. Dejamos atrás aquel escepticismo y el miedo a las frustraciones. Fue una lección de vida.

Yo decidí vivir siempre como si fuera diciembre de 2022, y mi vida mejoró notablemente. Messi me enseñó a seguir peleando por mis sueños, aunque te quieran pisotear en el suelo. Me instó salir adelante con perseverancia. Y me demostró que el amor y la felicidad se necesitan y fluyen juntos.

Hoy que es el único capitán de la historia del fútbol que llevó a su selección a tres finales de mundiales, y que es el único 10 argentino que ganó un Mundial y dos Copas América, solo quiero agradecerle que me mejoró la vida para siempre. Y ahora sí, no insistan: Nunca nadie va a ser como Messi.

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