No todo se compra, no todo se vende. ¿No todo se compra, todo se vende? Dilema filosófico para intentar explicar el pecado futbolero que el inglés Steve Hodge cometió en 2022 subastando la camiseta argentina número 10 de Diego Armando Maradona que utilizó en 1986 para el partido de cuartos de final ante Inglaterra.
Hodge fue uno de los derrotados por la albiceleste 2 a 1 con sendos goles del capitán campeón del mundo. El primero con la recordada Mano de Dios y el segundo con la definición más hermosa de todos los tiempos en el estadio Azteca.
De manera increíble, la casaca número 10 alternativa (es día Argentina visitó de azul y short negro) terminó en las manos de un rival. Maradona regaló la prenda con la que definió la clasificación a semifinales en el segundo tiempo, como un souvenier más, un detalle de colega a pesar de toda la carga extra deportiva que llevó ese duelo, sobre todo para los jugadores sudamericanos.
El tiempo pasó. El nuevo dueño de la Lecoq Sportif la atesoró en su casa durante 36 años hasta que, en mayo del 2022, una vez que Maradona ya había fallecido (en noviembre del 2020), decidió sacarla al mercado.
Las dudas sobre la autenticidad
Apenas salió a la luz, fue la propia familia del astro argentino quien puso en duda la originalidad de la prenda. En realidad, lo que se cuestionó fue si “esa 10” se trataba de la utilizada en el complemento del partido en cuestión, que fue el período en el cual se registraron los goles.
Finalmente, mediante análisis fotográfico, se comprobó que Hodge decía la verdad y se concretó la subasta.
A pesar de que hubo un argentino muy interesado en apoderársela, Marcelo Ordás, la oferta del fondo de Abu Dhabi, Emiratos Árabes, se hizo imposible: 9,3 millones de dólares.
Así fue que en mayo de 2022, la mítica camiseta de Maradona en 1986 se convirtió en el trofeo más costoso en la historia del fútbol.