Camisetas convertidas en reliquias, goles que marcaron generaciones, selecciones que pasaron de la gloria al ridículo y partidos recordados más por las peleas que por el juego forman parte de 100 historias asombrosas de los Mundiales, el nuevo libro de los periodistas Leonardo Torresi y Ariel Borenstein, que propone un recorrido por el costado menos conocido de las Copas del Mundo.
La obra reúne un centenar de relatos que atraviesan casi un siglo de historia mundialista y que exploran episodios curiosos, polémicos y muchas veces olvidados del torneo más popular del planeta. Desde “batacazos” protagonizados por equipos semiamateurs frente a potencias hiperprofesionalizadas hasta ausencias inexplicables de figuras consagradas, el libro pone el foco en aquello que suele quedar fuera de los resúmenes deportivos tradicionales.
Los autores organizan las historias en distintos ejes temáticos: escándalos, supersticiones, récords, decepciones, contextos políticos y despedidas memorables. También aparecen los “antihéroes” del fútbol, protagonistas que quedaron marcados por errores decisivos o episodios controvertidos, y los partidos convertidos en verdaderas batallas dentro y fuera de la cancha.
Con un estilo ágil y narrativo, Torresi y Borenstein reconstruyen hechos que, aunque a menudo son considerados simples anécdotas, revelan dimensiones profundas de la pasión futbolera y de la relación entre los Mundiales y la sociedad de cada época. El libro también indaga en decisiones tomadas fuera del campo de juego —en escritorios y despachos— que modificaron reglamentos, clasificaciones y formatos, dejando huellas permanentes en la historia del torneo.
Leonardo Torresi cuenta con una extensa trayectoria en medios gráficos, radiales y televisivos. Trabajó en Clarín, la revista Viva, Perfil y Radio Nacional, entre otros medios, y es coautor de Rey de Fiorito, sobre la vida de Diego Maradona. Ariel Borenstein, en tanto, se desempeñó en Página/12, Perfil y la revista Mística, y es autor de libros sobre Julio Grondona y el fútbol durante el primer peronismo.
El resultado es una obra que combina investigación periodística y pasión futbolera para iluminar el “lado B” de los Mundiales: historias extraordinarias de un fenómeno que trasciende al deporte.
Último pero más fashion imposible
Su equipo salió último en la Copa, pero “el de la melena de México” fue tal vez el jugador más icónico del mundial en Argentina. Leonardo Cuéllar, ese es su nombre, tuvo directamente que ver con otra gran rareza: una Selección de fútbol que usaba una camiseta marca Levi’s. ¿Qué tiene que ver Levi’s Strauss & Co. con el fútbol? Se diría que nada. Pero sucedió que en 1977 la marca buscó desembarcar con una campaña en México y consultó a los locales sobre el “símbolo” que asociaban con el concepto de “Freedomimage”. Y la gente votó por Cuéllar, su estilo de vida y, claro, el pelo. Bueno, el extremo izquierdo de Pumas fue contratado para protagonizar unos comerciales y por esa vía llegó el contacto con la federación de fútbol. La marca de jeans hizo una oferta superior a la que habían hecho las tradicionales firmas deportivas y se selló el acuerdo. A la camiseta verde se sumó una alternativa blanca con una franja verde y otra roja en el medio, diseñada por el propio entrenador, José Antonio Roca. Esa camiseta debutó en el estadio de Rosario Central, en una tarde negra para los mexicanos, que perdieron 3 a 1 con Túnez. El primer partido de la Levi’s verde resultó una catástrofe numérica: derrota 6 a 0 con Alemania Federal. Con Polonia, último partido, repitió la verde y volvió a caer, otra vez 3 a 1. Los malos resultados marcaron el rápido fin de la historia de México en Argentina y también de la camiseta tan ajena al ambiente. Cuéllar contó para el libro Atlas Mundial de Camisetas, de Pablo Aro Geraldes, que conservó celosamente sus casacas y siempre se las reclaman para exhibiciones.
A la URSS le cobraron en contra en tres mundiales seguidos
En los tres mundiales previos a su desintegración como país, la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), sufrió arbitrajes que lo perjudicaron. En España le tocó debutar nada menos que contra un Brasil de lujo con Sócrates, Falcão, Toninho Cerezo y Zico en un mediocampo inolvidable. Igualaban uno a uno cuando el árbitro español Augusto Lamo Castillo ignoró una evidente mano que debió ser penal para la URSS. A falta de cuatro minutos para el final, Shengelia convirtió un tanto que era la victoria… pero cobraron una posición adelantada que no existió. Para colmo, el delantero brasileño Eder recibe una pelota afuera del área, la levanta y, sin dejarla picar, mete un bombazo que se convirtió en gol y derrota para la URSS. En octavos de final de México 1986, el rival de los soviéticos era Bélgica. En dos oportunidades se adelanta en el marcador la URSS, pero en las dos ocasiones los belgas empatan con goles en posición adelantada. El primero de Scifoy el segundo de Ceulemans, en el que el juez de línea español Victoriano Sánchez Arminio levanta la bandera para anular la acción, pero es desautorizado por el árbitro sueco Erik Fredriksson. Finalmente, fueron a alargue y Bélgica ganó por 4 a 3. En el Mundial 90, en el partido contra Argentina fue dirigido nuevamente por el sueco Erik Fredriksson. Segundo encuentro de fase de grupos. Ambos equipos habían perdido en su primera presentación con lo cual se jugaban la continuidad en el mundial. Córner para la URSS, cabezazo al primer palo, pero Diego Maradona usa su mano ya no para convertirle a los ingleses sino para evitar un gol de los rusos. Los jugadores de la URSS reclaman como nunca antes en su historia penal y expulsión de Maradona. Pero el sueco ignora su pedido. Finalmente cayeron 2 a 0 y quedaron eliminados.
Descalzos o nada: por qué la India se perdió un mundial
La “baja” de India del Mundial de Brasil fue insólita y además colaboró con el desbarajuste organizativo que provocó que uno de los grupos estuviera integrado solamente por dosequipos. Y, en consecuencia, se definiera en un único partido. India se había independizado del Reino Unido hacía apenas tres años y el entusiasmo era muy grande. La ilusión se asentaba en el antecedente de 1948, en los Juegos Olímpicos de Londres: el equipo había sido una de las sorpresas, pese a perder en octavos de final con Francia. Pero, además, había un detalle que los distinguía. La mayoría de los jugadores salía a la cancha descalzo, como mucho con una venda de protección. A la Copa brasileña llegaron sin obstáculos porque su rival clasificatorio, Birmania (hoy Myanmar), desistió de participar. Pero la FIFA se puso firme con el tema del calzado y los indios no estuvieron dispuestos a revertir la costumbre. Y desistieron de participar. Nunca más jugarían un Mundial. Entre esa decisión de India y la de varios países europeos que rechazaron la invitación por los problemas económicos en la era de la posguerra, en Brasil solo participaron 13 equipos, dos menos que en la Copa anterior. Eso produjo que el grupo 4 quedara integrado por dos equipos y se resolviera en un solo partido, en el que Uruguay, el posterior campeón, vapuleó 8 a 0 a Bolivia.
El futbolista que noqueó a un tanque alemán y es récord
Jürgen Klinsmann cumple a la perfección con el estereotipo del “tanque” alemán, de esos jugadores rocosos, que exudan potencia. Por eso, fue tan sorprendente haberlo visto volar en la final del Mundial de Italia frente a la Selección Argentina. El responsable de la caída acrobática de Klinsmann fue el defensor Pedro Damián Monzón, que había ingresado en el inicio del segundo tiempo por el lesionado Oscar Ruggeri. A los 20 minutos el delantero alemán avanza por la derecha cuando el defensor argentino va al suelo con la plancha. Klinsmann voló y en su aterrizaje se revolcaba del dolor. Monzón se quedó con los brazos en la cintura en silencio mientras el árbitro mexicano Edgardo Codesal le mostraba la tarjeta roja. No atinó a protestar, cosa que al rato sí hicieron varios compañeros suyos, entre ellos Diego Maradona, aunque sin mucha convicción. Monzón había hecho historia: no sólo hacer volar a un tanque alemán sino también convertirse en el primer jugador en ser expulsado en una final de un campeonato mundial. Mientras estaba en los vestuarios, el equipo argentino sí fue vehemente en su protesta ante otra caída de un tanque alemán: esta vez fue Rudi Völler y en el área, marcado por Roberto Sensini. Codesal cobró el penal que destrabó la final y el torneo. A los 87 minutos, Monzón vio llegar a su compañero Gustavo Dezotti, también expulsado en el marco de la impotencia de una final que se escapaba.