Bariloche es la obsesión política de Río Negro. Con más de 110 mil electores, concentra el mayor caudal de votos de la provincia y se convirtió en el territorio que todos miran de cara a las elecciones a gobernador de 2027. A la foto de María Emilia Soria con el exintendente Gustavo Gennuso se suma la cada vez menos disimulada sintonía entre el gobernador Alberto Weretilneck y el intendente Walter Cortés. Nadie quiere quedar afuera de la disputa por la ciudad más grande de la provincia, el distrito más impredecible y el único capaz de modificar el resultado de una elección provincial por si sola.
En Río Negro existe una verdad que ningún dirigente discute: el camino a Viedma arranca inevitablemente por Bariloche. Y no porque sea una ciudad sencilla de gobernar. Todo lo contrario. Es una bomba electoral de casi 30 kilómetros de extensión donde conviven dos mundos que muchas veces parecen no tocarse. De un lado, el turismo que factura en dólares, empresarios millonarios escondidos detrás de portones gigantes, bosques de coihues y pinos que rodean propiedades de lujo en los kilómetros. Del otro, los barrios del Alto, donde las necesidades básicas siguen golpeando todos los días. Ahí, en el sector sur se ganan y se pierden las elecciones. Ahi donde Cortés centra su gestión.
Por eso no sorprendió que Weretilneck y Cortés empezaran a mostrarse cada vez más cerca. Lo que hace unos meses parecía una simple convivencia institucional hoy empieza a tomar forma de alianza política. Y no es casualidad. El gobernador necesita consolidar presencia en una ciudad que históricamente fue difícil para el oficialismo provincial. El intendente, en cambio, necesita respaldo político, gobernabilidad y un vínculo directo con Provincia para sostener una gestión sometida a una presión permanente. Como nexo aparece Agustín Domingo, exministro de Economía y actual diputado nacional, que hoy se mueve como asesor político del sindicalista mercantil que llegó al Centro Cívico.
Bariloche no se gana con estructura partidaria. Hay que caminar los barrios, escuchar reclamos y entender una ciudad donde cambian las realidades cada pocas cuadras. Cortés interpretó ese escenario antes que nadie y terminó dando el golpe político de 2023. Aquel triunfo todavía resuena en toda la provincia. El líder del PUL llegó a la intendencia con apenas 13 mil votos, en una elección marcada por la baja participación y el desgaste de la política tradicional. Derrotó a la candidata de Juntos Somos Río Negro, Arabela Carreras, y dejó herido un esquema de poder que durante años dominó la ciudad. Hace algunas semanas, durante el aniversario de Bariloche, Cortés lo recordó: "Yo vengo de un partido distinto al gobernador. Es más, le ganamos la elección", lanzó desde el escenario. Y Weretilneck respondió entre sonrisas, aunque con precisión quirúrgica: "Me dejaste calentito. Yo te voy a decir una cosa, a mí no me ganaste ninguna elección porque yo no iba en la boleta".
Una chicana amistosa. Una bomba política. Dos mensajes. El primero: nunca sintió como propia la candidatura de Arabela Carreras en Bariloche. El segundo: el canal político más importante hacia la Cordillera ya no pasa por los viejos dirigentes de Juntos, sino por el intendente, un viejo político.
Mientras se firmaba el certificado de defunción política de Carreras y Gustavo Gennuso era marginado de Juntos, Cortés comenzó a transformarse en el dirigente más codiciado. De origen peronista antagónico a la histórica conducción siempre liderada por Miguel Pichetto, la familia Soria y Martín Doñate, más acá.
No ocultan su cercanía. “Comparto lo que dice Walter”, repitió varias veces cuando fue consultado sobre una eventual alianza entre Juntos Somos Río Negro y el PUL. Incluso ambos empezaron a utilizar el mismo concepto: "proyecto de ciudad". Una frase que en el diccionario político suele significar una sola cosa: construir juntos.
Sin embargo, en Bariloche nadie se confía. Es imposible hacerlo. Porque la ciudad tiene una característica que la distingue del resto de Río Negro: puede enamorarse de un dirigente y castigarlo pocos meses después. Ya ocurrió varias veces. Y puede volver a pasar.
María Emilia Soria también sueña con seducir a Bariloche. La foto con Gustavo Gennuso fue mucho más que una imagen casual. El exintendente fue una de las figuras más influyentes de la política barilochense durante la última década, condujo la ciudad durante dos mandatos y llegó a ocupar la Secretaría General de Juntos Somos Río Negro. Que hoy aparezca sentado junto a la intendenta de Roca revela que la pelea por Bariloche ya comenzó y que nadie quiere quedarse afuera del reparto de votos más importante de la provincia.
El ingeniero nuclear quiere volver después de resolver su causa por los manejos de los fondos de Techo Digno. Y Soria necesita ampliar su base de sustentación en una ciudad donde su apellido históricamente encontró dificultades para consolidarse. En otras palabras, también entendió que sin Bariloche, no existe proyecto provincial posible.
Hace algunas horas, Soria confirmó que su compañero de fórmula será barilochense. No dijo quién. Gennuso es lo obvio. Reune experiencia de gestión, conocimiento territorial y nivel de conocimiento público. Sin embargo, en política las fotos dicen mucho, pero no garantizan nada. Por eso también aparece el nombre del concejal Leandro Costa Brutten como alternativa dentro del propio peronismo si no prospera un acuerdo con una figura extrapartidaria.
La mirada obsesiva hacia el Nahuel Huapi también comprende a Aníbal Tortoriello. Dentro de su espacio CREO, hoy cerca de La Libertad Avanza (LLA), pero antes que nada propio, también analizan que el futuro compañero o compañera de fórmula salga de la ciudad más poblada de Río Negro. En ese tablero apareció un nombre que hace apenas algunos meses parecía improbable. Hay que mirar la reciente elección interna del PRO y el portazo de la legisladora Martina Lacour que la depositó en LLA. En off señalan al empresario del transporte como uno de los financistas del nuevo monobloque. Y a ella como posible vice.
Todos necesitan a Bariloche. La ciudad es un ejemplo de desigualdades. Ese cóctel social convierte cada elección en una ruleta política. Por eso Weretilneck busca abrazarse con Cortés. Por eso Soria explora acuerdos con quienes conocen esas calles. Por eso Tortoriello también quiere hacer pie en el Nahuel Huapi para completar su armado.
Hacen cuentas. Negocian. Especulan. Todos miran hacia el mismo lugar.