Cuando pensamos en una toma solemos imaginar familias sin vivienda y casillas precarias. Pero en Añelo las autoridades detectaron empresas vinculadas a servicios petroleros instaladas sobre tierras fiscales, cerca del sector donde se construye el bypass vial. Se constataron movimientos de suelo, alambrados, construcciones industriales y hasta un loteo clandestino con parcelas de 20 por 40 metros que habrían sido vendidas sin autorización. Además, el intendente de Añelo, Fernando Banderet, reclamó a la Fiscalía mayor celeridad y sostuvo que existen cuatro procedimientos de desalojo pendientes. También planteó, en declaraciones a la radio, la comparación con los desalojos de ocupaciones protagonizadas por vecinos.
Durante años hablamos de las tomas. Las vimos crecer alrededor de Neuquén, en Centenario, en Plottier, en distintos puntos de la provincia. Y cuando escuchamos la palabra “toma”, inmediatamente aparece una imagen: una familia, una casilla, unas chapas, un terreno marcado apresuradamente, personas desesperadas buscando dónde vivir. Pero parece que ahora tenemos que incorporar otra imagen. La toma VIP. La toma con camionetas. La toma con máquinas. La toma con estructuras industriales. La toma protagonizada presuntamente por empresas que trabajan alrededor del negocio más importante que tiene hoy la Argentina: Vaca Muerta. Entonces la discusión cambia.
Porque en Añelo las autoridades detectaron empresas de servicios petroleros asentadas irregularmente sobre tierras fiscales provinciales. No estamos hablando de una familia que no pudo pagar el alquiler, no estamos hablando de alguien desesperado buscando dónde levantar una casilla para sus hijos. Estamos hablando de actividad empresarial y eso obliga a formular una pregunta muy sencilla: ¿la ley es igual para todos? Porque si una familia ocupa ilegalmente un terreno, aparece rápidamente la palabra usurpación, interviene la Policía, interviene la Justicia. Aparecen intimaciones, órdenes. Aparece el Estado. Y está bien que el Estado intervenga.
Las tierras públicas son de todos pero entonces tiene que intervenir exactamente con la misma firmeza cuando quien ocupa no llega con cuatro chapas debajo del brazo sino con maquinaria y una empresa detrás. Porque la ilegalidad no cambia según la cuenta bancaria del ocupante. Una tierra fiscal sigue siendo fiscal aunque quien la ocupe tenga una camioneta cero kilómetro estacionada en la puerta. Y acá aparece lo verdaderamente preocupante.
Según lo constatado durante el operativo realizado en Añelo, había edificaciones industriales, estructuras menores, movimientos de suelo y alambrados. Incluso se detectó un loteo clandestino con parcelas de 20 por 40 metros que habrían sido comercializadas sin autorización. Si esto se confirma judicialmente, estamos frente a algo muchísimo más serio que una ocupación espontánea
Según lo constatado durante el operativo realizado en Añelo, había edificaciones industriales, estructuras menores, movimientos de suelo y alambrados. Incluso se detectó un loteo clandestino con parcelas de 20 por 40 metros que habrían sido comercializadas sin autorización. Si esto se confirma judicialmente, estamos frente a algo muchísimo más serio que una ocupación espontánea. Porque alguien aparentemente estaba vendiendo tierra que no podía vender y alguien aparentemente estaba comprando tierra que pertenecía al Estado provincial. Entonces hay que preguntar: ¿quién vendió? ¿quién compró? ¿Con qué documentación? ¿Quién cobró? ¿Cuánto dinero se pagó? ¿Cuántas parcelas fueron comercializadas? ¿Desde cuándo ocurre? ¿Quién permitió construir? ¿Quién controló? ¿Nadie vio los movimientos de suelo? ¿Nadie vio los alambrados? ¿Nadie vio aparecer estructuras industriales?
Porque una casilla puede levantarse durante una noche. Una instalación empresarial es bastante más difícil de esconder y por eso esta historia necesita respuestas. El intendente de Añelo, Fernando Banderet, fue contundente al reclamar que la Fiscalía actúe. Según manifestó públicamente, existen cuatro procedimientos de desalojo que todavía no se concretaron y planteó una comparación incómoda. Si en otros lugares se desaloja a vecinos que ocupan ilegalmente tierras, ¿por qué debería existir una consideración diferente cuando quienes ocupan son empresas? Tiene razón en algo elemental. No puede haber usurpadores de primera y usurpadores de segunda. No puede existir una Justicia rápida para el pobre y una Justicia contemplativa para el poderoso. Porque entonces dejamos de discutir solamente tierras. Empezamos a discutir igualdad ante la ley. Y hay otra cuestión.
Esto ocurre en Añelo, el corazón de Vaca Muerta, uno de los lugares donde cada metro de tierra adquirió un enorme valor económico. Allí donde hace algunos años había enormes extensiones prácticamente vacías, hoy pasan rutas, ductos, camiones y trabajadores. Se construyen bases operativas, se instalan empresas, se proyectan parques industriales, se mueve muchísimo dinero. Por eso una hectárea en determinados sectores de Añelo ya no es simplemente tierra, es un activo económico.
El intendente de Añelo, Fernando Banderet, fue contundente al reclamar que la Fiscalía actúe. Según manifestó públicamente, existen cuatro procedimientos de desalojo que todavía no se concretaron y planteó una comparación incómoda. Si en otros lugares se desaloja a vecinos que ocupan ilegalmente tierras, ¿por qué debería existir una consideración diferente cuando quienes ocupan son empresas? Tiene razón en algo elemental.
Cuando alrededor de un activo económico tan importante aparecen loteos clandestinos, ventas irregulares u ocupaciones empresariales, el Estado tiene que mirar con una lupa. Porque detrás de una toma social puede existir desesperación. Pero detrás de una toma empresarial puede existir otra cosa: negocio. Esa es la diferencia que debemos investigar. También apareció otro dato preocupante. Durante las inspecciones se encontraron trabajadores que, según el informe difundido, pernoctaban en condiciones precarias y de hacinamiento.
Es decir que mientras eventualmente alguien hacía negocio con esas instalaciones, había obreros viviendo en condiciones que merecieron la intervención de las autoridades. Vaca Muerta no puede funcionar así. No podemos pretender construir una actividad energética de nivel mundial sobre irregularidades del tercer mundo. Queremos inversiones, empresas, empleo, producción. Queremos que Vaca Muerta siga creciendo. Pero crecimiento no significa vale todo.
Una empresa que llega a Neuquén tiene derechos y obligaciones. Exactamente igual que cualquier ciudadano, debe cumplir las normas laborales, las normas ambientales y municipales. Debe acreditar legítimamente el derecho a utilizar la tierra donde desarrolla su actividad. No debería existir ninguna discusión sobre eso. Ahora la Justicia tendrá que determinar responsabilidades. Y corresponde ser prudentes. No debemos condenar anticipadamente a ninguna empresa ni a ninguna persona. Si existió una estafa, también deberá investigarse. Pero precisamente por eso necesitamos que esta investigación llegue hasta el final. No solamente hasta el alambrado, hasta el negocio. Quién loteó… Quién ofreció. Quién vendió. Quién cobró. Quién compró y quién sabía.
Si queremos terminar con las tomas ilegales, tenemos que terminar con todas. No solamente con las que resultan fáciles de desalojar. La vara debe ser una sola. Para el hombre que llega con una casilla y para el empresario que llega con una retroexcavadora para quien ocupa diez metros y para quien ocupa una hectárea; para el pobre y para el rico. Porque la propiedad pública tiene algo particular, no es tierra de nadie, es exactamente al revés, es tierra de todos.
Si queremos terminar con las tomas ilegales, tenemos que terminar con todas. No solamente con las que resultan fáciles de desalojar. La vara debe ser una sola. Para el hombre que llega con una casilla y para el empresario que llega con una retroexcavadora para quien ocupa diez metros y para quien ocupa una hectárea; para el pobre y para el rico. Porque la propiedad pública tiene algo particular, no es tierra de nadie, es exactamente al revés, es tierra de todos.
Durante demasiado tiempo la palabra “usurpador” estuvo asociada exclusivamente a la pobreza. Añelo nos obliga a revisar ese prejuicio. Porque aparentemente también existen ocupaciones con oficinas, con maquinaria, con estructuras industriales, con negocios, con dinero y hasta con parcelas que alguien se animó a comercializar. Entonces no miremos solamente la casilla, miremos también el galpón. No controlemos solamente al que llega caminando, controlemos al que llega en camioneta. No persigamos solamente la toma pobre, investiguemos también la toma VIP. Porque si la ley realmente es igual para todos, hay una imagen que nunca deberíamos aceptar en Neuquén: que para desalojar al pobre alcance una orden, pero para tocar al poderoso haga falta pedir permiso.