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Neuquén mirando al Pacífico: cuando la cordillera deja de ser una frontera

Durante décadas, Neuquén miró hacia el Atlántico y pensó la Cordillera de los Andes como una frontera. Vaca Muerta abrió una nueva etapa y ahora la provincia tiene la oportunidad de mirar hacia Chile y el Pacífico.

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El gobernador de Neuquén, Rolando Figueroa, y su par de la Región del Biobío, Sergio Giacaman.

Durante demasiado tiempo miramos la Cordillera de los Andes como un límite, como esa enorme pared que separaba a Neuquén de Chile. Pero quizás haya llegado el momento de cambiar definitivamente esa mirada. Porque una cordillera también puede ser un puente y el proyecto de integración entre Neuquén y la Región del Biobío puede convertirse en una de las transformaciones estratégicas más importantes de las próximas décadas.

No estamos hablando solamente de construir rutas, estamos hablando de conectar economías, de unir ciudades, acercar puertos, generar comercio, abrir mercados y, fundamentalmente, de darle a Neuquén una salida más directa hacia el Pacífico.

Vaca Muerta cambió la historia económica de nuestra provincia. Hoy Neuquén produce petróleo y gas en volúmenes que hace apenas algunos años parecían imposibles pero producir no alcanza, hay que transportar, exportar, construir infraestructura, encontrar mercados. Y Chile puede convertirse en un socio estratégico extraordinario. Del otro lado de la cordillera están los puertos del Biobío y detrás del Pacífico está Asia, China, Japón, Corea del Sur, India. Algunos de los mercados más importantes del planeta.

Durante generaciones, la Argentina construyó buena parte de su infraestructura mirando hacia Buenos Aires y hacia el Atlántico. Neuquén tiene ahora la oportunidad de mirar también hacia el oeste, hacia Chile, hacia el Pacífico, hacia el mundo. El Paso Internacional Pichachén aparece en ese mapa como una pieza fundamental. La Provincia proyecta pavimentar corredores que permitan conectar Andacollo, Los Guañacos, Los Miches y El Cholar con el paso internacional. Chile, por su parte, debe avanzar con las obras necesarias del otro lado de la cordillera y si ambas partes cumplen, estaremos frente a algo mucho más importante que una nueva ruta. Estaremos construyendo un verdadero corredor de integración. Porque una ruta nunca es solamente asfalto. Una ruta lleva producción, lleva turismo, inversiones,  trabajadores, conocimiento y oportunidades. Eso puede cambiar profundamente el norte neuquino.

Vaca Muerta cambió la historia económica de nuestra provincia. Hoy Neuquén produce petróleo y gas en volúmenes que hace apenas algunos años parecían imposibles pero producir no alcanza, hay que transportar, exportar, construir infraestructura, encontrar mercados. Y Chile puede convertirse en un socio estratégico extraordinario. Del otro lado de la cordillera están los puertos del Biobío y detrás del Pacífico está Asia, China, Japón, Corea del Sur, India. Algunos de los mercados más importantes del planeta.

Durante décadas hablamos de la necesidad de equilibrar territorialmente la provincia. De evitar que todo el desarrollo quede concentrado alrededor de Neuquén capital y Vaca Muerta. Esta puede ser una herramienta concreta para conseguirlo porque si Pichachén se transforma en un paso internacional estratégico, localidades como Andacollo, Las Ovejas, Los Miches, El Cholar, El Huecú y Loncopué pueden comenzar a ocupar otro lugar dentro del mapa económico regional. Puede crecer el turismo, la logística, el comercio. Pueden instalarse servicios, aparecer nuevos emprendimientos, puede generarse empleo y eso es desarrollo verdadero. Desarrollo que no solamente perfora la tierra para sacar petróleo, desarrollo que transforma comunidades.

También hay algo profundamente interesante en esta nueva relación con Chile. Neuquén y Biobío no están empezando a conocerse. Tenemos una historia común. Durante generaciones hubo intercambio entre ambos lados de la cordillera, familias, comercio, cultura,  trabajo. La frontera política nunca pudo borrar completamente esa relación- Ahora tenemos la posibilidad de convertir aquella integración histórica en integración económica del siglo XXI. Hacerlo pensando en grande. Porque el corredor no necesariamente tiene que terminar en Neuquén. Puede integrarse con Río Negro, con La Pampa, con Buenos Aires; puede vincular el Atlántico con el Pacífico, puede convertirse en una alternativa logística para una parte importante de la producción argentina. Eso cambia completamente la escala del proyecto.

Neuquén dejaría de ser solamente el lugar donde está Vaca Muerta, podría convertirse también en un gran nodo logístico entre dos océanos. Eso es pensar el futuro pero hay una condición, las obras tienen que hacerse. Porque la Argentina está llena de grandes proyectos dibujados sobre mapas, corredores bioceánicos que nunca se terminaron, ferrocarriles que nunca llegaron, rutas anunciadas veinte veces, pasos fronterizos que funcionan algunos meses y después quedan condicionados por la nieve o por falta de infraestructura. 

Esta vez tiene que ser diferente. La integración no puede quedarse en discursos entre gobernadores. Necesita máquinas,  pavimento, puentes, aduanas modernas, tecnología, pasos fronterizos operativos durante la mayor cantidad posible de días del año. Y necesita continuidad política. Porque una obra de esta dimensión no pertenece a un gobernador. No pertenece a Rolando Figueroa ni al gobernador del Biobío. No pertenece a un partido político. Pertenece a las próximas generaciones. Ese debería ser el compromiso.Que gobierne quien gobierne, la integración con Chile continúe. Porque tenemos delante una oportunidad extraordinaria.

La integración no puede quedarse en discursos entre gobernadores. Necesita máquinas,  pavimento, puentes, aduanas modernas, tecnología, pasos fronterizos operativos durante la mayor cantidad posible de días del año. Y necesita continuidad política. Porque una obra de esta dimensión no pertenece a un gobernador. No pertenece a Rolando Figueroa ni al gobernador del Biobío. No pertenece a un partido político. Pertenece a las próximas generaciones. Ese debería ser el compromiso.

Vaca Muerta nos entregó una riqueza debajo de nuestros pies. Ahora tenemos que construir los caminos para llevar esa riqueza hacia el mundo. Y quizás dentro de veinte o treinta años, cuando alguien recorra esas rutas completamente pavimentadas, atraviese Pichachén y llegue desde Neuquén hasta los puertos del Pacífico, recuerde que hubo un momento en el que esta provincia decidió cambiar su geografía económica. Decidió dejar de mirar la cordillera como una pared y empezó a verla como una puerta. Una puerta hacia Chile. Una puerta hacia el Pacífico. Una puerta hacia Asia. Una puerta hacia el desarrollo.

Por eso vale la pena entusiasmarse, con prudencia, exigiendo que las obras se hagan, controlando cómo se invierte cada peso pero entendiendo que también tenemos derecho a celebrar cuando la política piensa más allá de la próxima elección. Neuquén tiene petróleo, gas, agua, producción y talento. Tiene una ubicación estratégica, ahora necesita caminos. Porque la riqueza debajo de la tierra sólo se convierte en desarrollo cuando encuentra una salida hacia el mundo. Y quizás el futuro de Neuquén no esté solamente debajo de Vaca Muerta. Quizás una parte de ese futuro esté allí adelante, cruzando nuestra cordillera, del otro lado de los Andes, mirando al Pacífico.

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