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María Emilia Soria apagó la sonrisa y encendió la campaña en Viedma

La intendenta de Roca llegó a Viedma para firmar el acuerdo de compensación por coparticipación, pero aprovechó la visita para marcar distancia con Weretilneck y profundizar su armado político de cara a 2027.

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Domingo, 27 de septiembre de 2026 a las 00:05
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Tres semanas. Ese fue el tiempo que le duró la sonrisa a María Emilia Soria frente a Alberto Weretilneck. El 1 de septiembre, en el aniversario de Roca, gobernador e intendenta posaron con la distensión de quien no tiene nada que reprocharse. El lunes, en el Salón Gris de la Casa de Gobierno, la misma dupla volvió a compartir escenario y el clima fue otro: caras largas, formalidad de trámite, una frialdad que en política nunca es casual.

La cara adusta de Soria tenía argumentos para existir. La discusión por la coparticipación los tiene. Pero creer que aquella expresión fue apenas el resultado de un mal día, o de un mal cálculo con relación a Cipolletti sería subestimar demasiado a la política. Soria no podía llegar a Viedma, la capital provincial donde el empleo público tiene un peso determinante, y regalar una foto de simpatía con Weretilneck. Mucho menos cuando ya está caminando su candidatura.

La lectura fue sencilla: había que marcar distancia y que se notara. Esa cara seria no apareció mágicamente cuando se abrieron las puertas del Salón Gris. Si la escena fue una foto política, la expresión también lo fue. La mueca se ensaya antes de llegar al escenario. Y, en este caso, probablemente empezó en el hotel.

El precio de la coparticipación

Soria llegó a Viedma para la firma del esquema de compensación municipal por una coparticipación que se reparte con parámetros vetustos. El gobierno provincial no le dio la razón: siguió adelante con su fórmula, amparado en que un cambio de criterios solo puede salir de una nueva ley. El resultado del reparto tampoco ayudó a mejorar el clima: el gran beneficiado de los más de mil millones de pesos que se distribuirán entre 14 municipios fue Cipolletti, con Rodrigo Buteler llevándose 320 millones. Roca, la ciudad que gobierna Soria, quedó mirando la torta desde afuera de la porción principal, con apenas 50 millones por mes.

En la foto difundida por el Gobierno de Río Negro, quedó claro quienes fueron los intendentes que más plata recibirán

"Voy a comprar unos foquitos", ironizó la intendenta cuando le preguntaron qué haría con la compensación que le tocarán en ese reparto. La frase, liviana en apariencia, fue en realidad un dardo bien dirigido: dejar constancia pública de que la compensación no compensa nada, y que la sonrisa de septiembre no compró silencio.

La otra agenda: militancia, producción y una frase

Pero Soria no fue a Viedma solo a poner mala cara en una firma. Fue, sobre todo, a hacer campaña. Por la tarde encabezó un acto en la sede del PJ de la calle Buenos Aires, con un salón colmado que sorprendió incluso a los propios militantes, acostumbrados a un peronismo capitalino cuasi inexistente. Ahí repitió la idea que viene machacando desde el lanzamiento de su candidatura: "Con el peronismo solo no alcanza". No es una frase de ocasión. Es una estrategia declarada: construir algo que exceda al PJ, que incorpore a "randoms" de otros espacios, que hable de producción, de fruticultura, de un crédito internacional para irrigar campos en General Conesa, de ciudades y no solo de estructura partidaria.

Pedro Pesatti y María Emilia Soria estuvieron reunidos durante más de dos horas

Y después, el capítulo que realmente movió el amperímetro político: dos horas y "un poquito más" de charla con el vicegobernador . No hubo anuncio de fórmula ni sociedad electoral confirmada. Pero hubo algo más elocuente que cualquier comunicado: Pedro Pesatti salió a contar públicamente que compartían "un pensamiento coincidente sobre el gobierno de Milei" y que participaban "de un universo de ideas que es el mismo para uno y para el otro". Cuando un vice distanciado de su propio gobernador elige exponer así una reunión con la principal candidata de la oposición, no está haciendo relaciones públicas. Está mandando un mensaje. Y el destinatario tiene nombre y apellido: Alberto Weretilneck.

Weretilneck ya eligió a su rival

Del otro lado del tablero, el gobernador no se quedó esperando a ver qué pasaba. Cuando el peronismo votó en contra del financiamiento de Oldelval para reparar las rutas 22 y 151, Weretilneck no dejó pasar la oportunidad: "Votaron en contra de que 600 rionegrinos tengan trabajo", disparó, y subió la apuesta hablando de "especular con una urgencia que ya costó demasiadas vidas". Un discurso duro, calculado, que no busca convencer al peronismo de nada, porque no está dirigido al peronismo. Está dirigido al electorado antiperonista y libertario que hoy mira con desconfianza a un gobierno nacional en baja.

Ahí está la clave de lectura: Weretilneck no necesita pelearse con Milei ni defenderlo. Le alcanza con no ser Milei y no ser peronista. Es una fórmula que ya viene ensayando con el pase a planta permanente de estatales, con la libre elección de obra social, con cada gesto "libertario sin Milei" que le acerca su consultora. Y el peronismo con Soria como máximo exponente, es el rival perfecto para esa ecuación: lo suficientemente fuerte como para necesitar un enemigo, lo suficientemente identificable como para no confundir al electorado.

Una campaña que ya empezó

Lo de Viedma no fue una visita de gestión con algún condimento político. Fue, lisa y llanamente, el primer round visible de la campaña 2027. Soria dejó dos mensajes superpuestos: hacia adentro del PJ, que la unidad no es optativa y la desvela; y que "no vengo a discutir listas, vengo a discutir ideas"; hacia afuera, que está dispuesta a sentarse con quien haga falta, empezando por el propio vicegobernador del gobierno al que enfrenta,  para ampliar una base que hoy, ella lo sabe, no le alcanza sola. Incluso habló de no tener en cuenta el "peronómetro", ese que ella misma utilizaba para expulsar dirigentes que no estában de acuero con la familia Soria y hacían alianzas por afuera del partido.

Weretilneck, por su parte, ya tomó una decisión estratégica: prefiere pelear contra un rival conocido antes que quedar atado a la suerte de un presidente que cae en las encuestas. Prefiere el peronismo como enemigo antes que Milei como aliado incómodo. Y entonces aparece aquella foto del Salón Gris. No fue una foto de mal humor por recibir menos fondos. Fue una foto de campaña.

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