María Emilia Soria llegó al Día de la Lealtad peronista con una foto, pero sin la unidad que esa imagen debería representar. Dos meses después de lanzarse como candidata a gobernadora, la intendenta de Roca todavía no tiene cerrado el acuerdo que necesita para llegar a 2027 con el peronismo alineado detrás de su candidatura. El PJ sigue partido, Pedro Pesatti juega a la espera y la elección a convencional constituyente en San Carlos de Bariloche muestra diferencias que no se arreglan con una declaración de buenas intenciones.
Dos meses atrás, en Italia Unida, Soria se lanzó con aire de inevitabilidad. Hoy el escenario es otro. Se acerca fin de año y aún no hay acuerdo cerrado, no hay compañero de fórmula y tampoco hay quien le garantice que la unidad que predica exista fuera de los discursos. Encima, admitió que el peronismo solo no alcanza. Pero hasta ahora no logró traducir esa certeza en una ampliación concreta de su armado.
La interna nacional entró por la ventana. Soria pretende mantenerse al margen para evitar aumentar la grieta peronista. Dijo que no se mete "en ese lío nacional" y que lo único que le importa es la provincia. Es una buena frase, pero no alcanza como estrategia. Es que el bloque PJ-Nuevo Encuentro, referenciado en Martín Doñate y La Cámpora, salió a cruzar a Carlos Bianco, el hombre de confianza de Axel Kicillof, y habló de "traición". El exsenador lo hizo desde su lugar en el PJ nacional. El problema para Soria es que puede desentenderse de esa pelea, pero no de sus consecuencias. ¿Cómo va a ordenar el peronismo rionegrino si las diferencias también atraviesan a los sectores que necesita sentar en la misma mesa?
Lamarque, una señal sin foto de unidad. Pese a las diferencias que atraviesan al peronismo rionegrino, el Día de la Lealtad no tuvo su celebración soñada en Lamarque, con el presidente del PJ Sergio Hernández como anfitrión. Hubo un gesto de acercamiento y una señal de que todavía existe voluntad de sostener el diálogo. Pero no hubo acto multitudinario (unas 100 personas), ni lanzamiento político capaz de mostrar que la unidad ya está encaminada. La señal existió con contados intendentes acompañando (Héctor Leineker de Conesa, Silvia penilla de Huergo y Albino Garrone de Godoy). El acuerdo, todavía no. Para Soria, la diferencia no es menor: una cosa es compartir una fecha y otra, bastante más difícil, es conseguir que todos se encolumnen detrás de una misma candidatura.
Bariloche no le devuelve la unidad que busca. Soria apuesta a Bariloche y necesita un compañero de fórmula de esa ciudad. Sin embargo, el peronismo local llega a la elección de convencionales del 1 de noviembre con listas separadas. Ella niega la dispersión, pero la oferta electoral muestra otra realidad. Por un lado Fuerza Bariloche con Andrea Galaverna, que en 2019 sacó 10% de los votos en la elección a intendente, cuatro puntos por debajo del voto en blanco; por otro + Bariloche Sumar Sur, con Alejo Ramos Mejía, ex legislador cercano a Sergio Massa y presidente del Frente Renovador. Las diferencias locales no son un asunto menor: exponen las dificultades para construir una propuesta común justamente en una ciudad que la candidata necesita incorporar con fuerza a su proyecto provincial.
La caída de Costa Brutten. El concejal renunció tras reconocer un hecho de violencia contra su exesposa. Soria repudió lo ocurrido, aunque también lo calificó de "gran colaborador político". La renuncia le quitó un dirigente que aparecía mencionado como posible compañero de fórmula. La consecuencia política es concreta: pierde una pieza que podía servirle para ampliar su armado en la ciudad con el padrón más grande de la provincia.
Allen, la prueba que viene. El 8 de noviembre, los vecinos de Allen deberán decidir si revocan el mandato ntendente libertario Marcelo Román. Si prospera la revocatoria, Sabina Costa, cercana a Pesatti, podría capitalizar políticamente el resultado. No sería automáticamente un triunfo del PJ de Soria: también podría fortalecer un armado que orbita alrededor del vicegobernador.
La definición de Pesatti. Soria buscó al actual vicegobernador enemistado con el gobernador Alberto Weretilneck. Se sacó la foto. Pero el Frente Renovador le ofreció al viedmense la candidatura a gobernador, con el argumento de que represente al "peronismo en su conjunto". ¿Es una oferta en serio? El viedmense estuvo en Lamarque junto a Soria y Hernández, pero no apareció en las imágenes. Una señal de acercamiento, pero que no despeja la incógnita principal: si está dispuesto a acompañar la candidatura de la intendenta de Roca o si pretende conservar abierta su propia alternativa. Una ambigüedad más.
La unidad que reclama y el poder que no quiere compartir. Acá aparece la contradicción más incómoda para María Emilia Soria. Le pide al peronismo que deje de lado las diferencias para construir una candidatura competitiva en 2027, pero en Roca la discusión pasa por la continuidad del apellido. Después de Carlos Soria (2003-2011), Martín Soria (2011-2019) y María Emilia Soria (2019-2027), una eventual candidatura de Carlitos Soria prolongaría una hegemonía familiar que ya lleva más de dos décadas.
El 17 de octubre encontró a María Emilia Soria con apoyos, pero sin todas las lealtades que necesita. Tiene tiempo para ordenar el peronismo y construir su candidatura hacia 2027. Lo que no puede hacer es confundir una foto con un acuerdo ni una adhesión con un compromiso. Lamarque mostró que todavía hay voluntad de acercamiento, pero también que la unidad no se resuelve con una celebración. Una candidatura competitiva requiere socios dispuestos a acompañar y espacios de poder que alguien tendrá que ceder. Soria pide que el peronismo se ordene detrás de ella. ¿Está dispuesta a negociar las condiciones para que eso ocurra?