Hay títulos que sobreviven a los libros que los contienen. Trabajar cansa, escribió Cesare Pavese en 1936, cuando publicó su primer libro de poemas. Noventa años después, la frase conserva una vigencia que acaso el propio escritor no hubiera imaginado.
Pavese nació en 1908, en el Piamonte italiano. Fue poeta, novelista, traductor y editor, y una de las voces fundamentales de la literatura italiana del siglo XX. Su obra estuvo atravesada por la soledad, la memoria, el deseo y la dificultad de encontrar un lugar propio en el mundo. Murió en 1950, a los 42 años, después de quitarse la vida en una habitación de hotel en Turín.
Pero volver hoy a Trabajar cansa no debería significar leer aquellos poemas solamente a la luz de su final. En ese libro está, sobre todo, la mirada de un escritor que observaba a hombres y mujeres enfrentados a su vida cotidiana, al trabajo y a las condiciones concretas de su existencia.
Pavese no construyó una poesía alejada de la realidad. Sus poemas tienen algo de pequeñas escenas: personas solas, cuerpos cansados, paisajes, calles, trabajos. La tierra de su Piamonte aparece como una presencia que pesa y, al mismo tiempo, como parte de aquello que nos constituye.
Quizás ahí esté la razón por la que aquel título sigue resonando.
Porque trabajar cansa. Y no solamente por las horas, el esfuerzo físico o las obligaciones. También cansa la incertidumbre, la necesidad de sostener una vida, el miedo a perder lo conseguido o la sensación de que nunca alcanza.
Pavese fue un escritor obsesionado con algunas preguntas que no envejecen: la soledad, la dificultad de relacionarnos con los demás, el peso de la memoria, el deseo, la tierra, el cuerpo y esa sensación de que muchas veces la vida se parece demasiado a una tarea que no terminamos de comprender.
Pavese escribió esa frase cuando el mundo era otro, pero hay algo que no cambió demasiado: seguimos buscando en el trabajo una forma de ganarnos la vida y, muchas veces, también una manera de encontrarle sentido.
El problema aparece cuando el trabajo deja de ser una parte de la vida y empieza a ocuparla casi por completo. Tal vez por eso Trabajar cansa sea un título tan poderoso. Porque no habla solamente del trabajo. Habla del esfuerzo de vivir.
Quizás también de algo que solemos olvidar: que estar cansado no siempre significa haber vivido mal. A veces significa, simplemente, haber puesto mucho de nosotros en aquello que nos tocó hacer.
Pavese lo escribió hace noventa años. Todavía nos alcanza.