¿Quiere recibir notificaciones de alertas?

Logo Am2022
PUBLICIDAD

Videocámaras en las escuelas: cuando la sociedad empieza a vigilar lo que ya no logra prevenir

La decisión de instalar videocámaras en las escuelas de Neuquén abre un debate que va mucho más allá de la seguridad. ¿Las cámaras previenen los problemas o simplemente registran el deterioro de los valores, la autoridad y la convivencia que alguna vez sostuvieron a la escuela?

Agregar Mejorinformado en
Agrega Mejorinformado a tus medios preferidos en Google
PUBLICIDAD
Cuando una escuela necesita cámaras para vigilar lo que ocurre dentro de sus paredes, el debate ya no es solamente educativo ni tecnológico, es social.

Neuquén debate la instalación de videocámaras en las escuelas. La sola existencia de esa discusión debería preocuparnos. La comisión de Educación de la Legislatura aprobó por unanimidad el despacho que habilita la instalación de videocámaras en establecimientos educativos de toda la provincia. Según nuestros legisladores la iniciativa busca reforzar la seguridad y prevenir situaciones de violencia dentro de las instituciones.

Hace no tanto tiempo, cuando se hablaba de educación se hablaba de calidad educativa, de infraestructura, de capacitación docente o de mejores oportunidades para los alumnos. Hoy hablamos de cámaras, de vigilancia, de monitoreo, de sistemas para registrar lo que ocurre dentro de los establecimientos. Y eso no es un detalle. Es una señal. Una señal de que algo se está rompiendo.

Los defensores de las cámaras sostienen que sirven para prevenir hechos de violencia, para esclarecer conflictos, para proteger a alumnos y docentes y para contar con pruebas cuando ocurre algún incidente. Y tienen razón. Negar esa utilidad sería absurdo. Las cámaras pueden ayudar. Pueden registrar agresiones, identificar responsables, aportar tranquilidad en determinados contextos.

Pero la verdadera pregunta no es si sirven. La verdadera pregunta es: ¿por qué llegamos a necesitarlas? Porque una cámara no aparece cuando todo funciona bien. Aparece cuando la confianza empieza a desaparecer. Cuando el respeto se deteriora. Cuando la autoridad pierde fuerza. Cuando la violencia se vuelve una preocupación cotidiana. Ahí es donde el debate deja de ser tecnológico para convertirse en social.

Las cámaras no corrigen conductas, no enseñan valores, no construyen respeto, no forman ciudadanos. Simplemente observan lo que ocurre cuando los mecanismos previos ya no alcanzan. Y eso debería encender una alarma enorme. Porque la escuela siempre fue mucho más que un edificio. Fue un espacio de contención. Un lugar donde los chicos aprendían a convivir. Donde los conflictos se resolvían con diálogo. Donde la figura del docente tenía autoridad moral. Hoy muchas de esas certezas parecen estar en crisis.

Una cámara no aparece cuando todo funciona bien. Aparece cuando la confianza empieza a desaparecer. Cuando el respeto se deteriora. Cuando la autoridad pierde fuerza. Cuando la violencia se vuelve una preocupación cotidiana. Ahí es donde el debate deja de ser tecnológico para convertirse en social.

Las amenazas en escuelas, los episodios de violencia, las denuncias y los conflictos cada vez más frecuentes son síntomas de algo más profundo. Un problema que no empezó en las aulas sino afuera. En una sociedad donde los límites se volvieron difusos. Donde la agresión muchas veces se premia. Donde las redes sociales amplifican la violencia. Donde el insulto reemplaza al debate. Donde el respeto parece haber pasado de moda.

Los chicos no viven aislados de esa realidad. La absorben, reproducen, la llevan a la escuela. La diputada Mercedes Tulián aseguró que la iniciativa cuenta con el acompañamiento del Consejo Provincial de Educación y del Ministerio de Educación. Señaló que la ministra de Educación Soledad Martínez respaldó la implementación progresiva del sistema, comenzando por las escuelas secundarias de la provincia. Por eso creer que las cámaras son la solución sería un error. Pueden ser una herramienta pero nunca una solución.

Cuando una sociedad necesita cámaras para hacer el trabajo que antes hacía la educación no estamos frente a un avance tecnológico, estamos frente a una derrota cultural

Ninguna cámara va a reemplazar una familia presente. Ninguna cámara va a suplir la falta de acompañamiento. Ninguna cámara va a resolver problemas de salud mental, violencia familiar, adicciones o abandono emocional.

Los diputados y diputadas deberían preguntarse seriamente si está atacando las causas o apenas intentando registrar las consecuencias. Resulta mucho más fácil comprar cámaras que reconstruir autoridad. Mucho más fácil instalar dispositivos que generar políticas educativas profundas. Mucho más fácil monitorear que educar. Y ahí aparece el riesgo. Que las cámaras terminen siendo una respuesta cómoda para un problema complejo. Una forma de mostrar acción sin resolver el fondo de la cuestión.

Ninguna cámara va a reemplazar una familia presente. Ninguna cámara va a suplir la falta de acompañamiento. Ninguna cámara va a resolver problemas de salud mental, violencia familiar, adicciones o abandono emocional.

Mientras tanto, los docentes siguen enfrentando situaciones cada vez más difíciles. Las familias siguen preocupadas. No nos podemos olvidar que Irá a juicio la madre de una alumna que amenazó y golpeó a dos directoras en el IFD 12 de Neuquén. La mujer está acusada por amenazas y lesiones dentro de la institución. Además cuenta con condenas previas, una de tráfico de drogas, y registros de otros episodios violentos en el ámbito judicial.

Los alumnos siguen creciendo en una sociedad que les ofrece cada vez menos referencias claras. Esta discusión no habla de tecnología, Habla de fracaso. Del fracaso de una sociedad que empieza a necesitar cámaras para garantizar dentro de las escuelas lo que antes garantizaban la educación, la familia,  la autoridad y el respeto.

Si llegamos al punto en que una cámara debe vigilar permanentemente a nuestros hijos o a nuestros nietos  para que se comporten correctamente entonces el problema ya no está en las escuelas. El problema está en los adultos que construimos una sociedad donde la vigilancia empieza a reemplazar a los valores. Cuando una sociedad necesita cámaras para hacer el trabajo que antes hacía la educación no estamos frente a un avance tecnológico, estamos frente a una derrota cultural

PUBLICIDAD
PUBLICIDAD