América Latina y el Caribe tiene la oportunidad de recuperar hasta US$ 84.000 millones hacia 2035 mediante el reciclaje y la reutilización de los materiales que componen su infraestructura de energías renovables. Así lo señala una nota técnica de la Organización Latinoamericana y Caribeña de Energía (OLACDE), que identifica a la economía circular como un eje estratégico para acompañar la transición energética de la región.
El informe sostiene que el crecimiento acelerado de la energía solar, eólica y del almacenamiento con baterías está generando un nuevo desafío: la gestión de los residuos tecnológicos provenientes de estos equipos. Aunque la mayoría de los sistemas instalados aún no alcanzó el final de su vida útil, las fallas prematuras y la renovación tecnológica ya están incrementando el volumen de componentes descartados.
Según las proyecciones de OLACDE, hacia 2050 la región acumulará 81 millones de toneladas de materiales incorporados en tecnologías de la transición energética. De ese total, 36 millones de toneladas corresponderán a acero, 10 millones a aluminio y 4 millones a cobre, recursos cuyo aprovechamiento permitiría disminuir la demanda de nuevas actividades extractivas y reducir las emisiones asociadas a la minería.
El estudio estima además que el valor económico de estos materiales recuperables podría alcanzar US$ 209.000 millones en 2050, a partir de estrategias de reciclaje, reutilización y valorización de componentes. En ese contexto, el potencial de recuperación para 2035 se ubica en torno a los US$ 84.000 millones, consolidando una nueva oportunidad de desarrollo para la región.
Actualmente, América Latina y el Caribe cuenta con alrededor de 150 millones de paneles solares en operación y 16.000 aerogeneradores, además de un crecimiento sostenido de los sistemas de almacenamiento con baterías. Este escenario anticipa un aumento significativo de los residuos tecnológicos en las próximas décadas y plantea la necesidad de desarrollar capacidades para su gestión.
El documento destaca que la inteligencia artificial será una herramienta clave para avanzar hacia una economía circular. Mediante sistemas de monitoreo y análisis predictivo, estas tecnologías permiten optimizar el mantenimiento de los equipos, extender su vida útil y automatizar la clasificación de componentes destinados al reacondicionamiento o reciclaje.
En el caso de las baterías de litio utilizadas en la electromovilidad, los algoritmos pueden evaluar el estado operativo de cada módulo para determinar si puede destinarse a una segunda vida útil, por ejemplo en sistemas de almacenamiento estacionario, retrasando así su disposición final.
Para OLACDE, el desarrollo de una industria regional de reciclaje de tecnologías limpias también representa una oportunidad para fortalecer las cadenas de valor locales, generar empleo especializado, reducir la dependencia de materias primas vírgenes y mejorar la seguridad del suministro de minerales críticos para la transición energética.
No obstante, el organismo advierte que este proceso requerirá avanzar en marcos regulatorios específicos, esquemas de responsabilidad extendida del productor, sistemas de trazabilidad y logística inversa, herramientas que todavía presentan un desarrollo limitado en gran parte de los países de América Latina y el Caribe.
El informe concluye que la sostenibilidad de la transición energética no dependerá únicamente de la expansión de las energías renovables, sino también de la capacidad de la región para reincorporar los materiales de su infraestructura al sistema productivo, transformando los residuos tecnológicos en nuevos recursos para la economía.