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El auge del shale impulsa al sector energético, aunque su peso aún limita el impacto en el crecimiento del PBI

El dinamismo de Vaca Muerta y el crecimiento de la actividad en Neuquén posicionan al sector energético como uno de los pocos que muestran expansión sostenida dentro de la economía argentina, en contraste con un escenario general de estancamiento.

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Según un informe de la consultora financiera Criteria, la energía viene recuperando terreno tras años de limitaciones asociadas a la inestabilidad macroeconómica, las restricciones cambiarias y la falta de financiamiento. El punto de inflexión llegó después de la pandemia, con mayor inversión y un fuerte impulso del desarrollo no convencional.

En ese proceso, Vaca Muerta se consolidó como el eje del crecimiento. La mejora en la producción de shale oil y gas permitió que el sector aumente su participación en el PBI desde niveles cercanos al 2,6% en 2017 hasta alrededor del 4,5% en 2026. Aunque el salto es significativo —casi dos puntos porcentuales—, su impacto agregado sigue siendo acotado por el bajo peso histórico dentro de la estructura productiva.

Aun así, la tendencia marca un cambio. Desde 2022, el crecimiento del sector se volvió sostenido y empieza a diferenciarse del resto de la economía, donde no se observan transformaciones estructurales relevantes en los últimos quince años. En ese contexto, la energía aparece como una excepción frente al estancamiento de rubros tradicionales como el agro, la industria y el comercio.

Las perspectivas refuerzan ese rol. Las proyecciones apuntan a exportaciones energéticas por USD 16.000 millones en 2026 y USD 21.000 millones en 2027, con potencial de escalar hasta USD 75.000 millones hacia 2035. De concretarse, el sector podría alcanzar cerca del 7% del PBI y ganar un peso mucho más relevante en la economía.

Este crecimiento se apoya en una cartera de inversiones en petróleo, gas natural licuado y minería, con proyectos por miles de millones de dólares en ejecución y evaluación. En conjunto, configuran un nuevo escenario donde la energía, apalancada por Vaca Muerta, comienza a perfilarse como un proveedor estructural de divisas. Más allá de su peso actual, el cambio ya está en marcha: Neuquén y el shale empiezan a mover la aguja de la economía argentina.

Más allá del crecimiento sectorial, el informe subraya un cambio más profundo: la energía comienza a consolidarse como un proveedor estructural de divisas en una economía históricamente condicionada por la restricción externa. En ese sentido, el sector no solo gana participación en el PIB, sino también relevancia financiera y estratégica, tanto en el mercado de capitales como en la generación de exportaciones.

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