El desarrollo de Vaca Muerta podría llevar a la Argentina a alcanzar un saldo comercial energético positivo de US$ 28.000 millones en 2030, según las proyecciones presentadas por Carlos Ormachea, presidente de la Cámara de Exploración y Producción de Hidrocarburos (CEPH), ante la Comisión de Presupuesto y Hacienda del Senado.
El titular de la entidad defendió el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) y sostuvo que el esquema no representa un beneficio extraordinario para las petroleras, sino una herramienta para equiparar las condiciones de inversión de la Argentina con las de otros países productores.
“Vaca Muerta es un proyecto netamente de exportación y hay que igualar las condiciones para competir con los mejores”, planteó Ormachea durante el debate legislativo.
Según los datos expuestos por la CEPH, actualmente existen 17 proyectos de petróleo y gas presentados al RIGI por US$ 145.380 millones, de los cuales seis ya fueron aprobados, por un monto de US$ 30.860 millones. Para Ormachea, el régimen funcionó como un “cebador de inversiones”: permitió concretar proyectos que de otro modo no se hubieran ejecutado y también adelantó iniciativas que estaban previstas para etapas posteriores.
Más petróleo y gas
La proyección de la CEPH plantea un fuerte crecimiento de la producción hidrocarburífera durante los próximos años, con Vaca Muerta como principal motor, aunque la cámara también remarcó la necesidad de sostener la actividad en los yacimientos convencionales de otras provincias. El objetivo para 2035 es alcanzar una producción de 1,7 millones de barriles de petróleo diarios y 300 millones de metros cúbicos de gas por día.
Como referencia, Ormachea señaló que Argentina produjo durante el último mes unos 918.000 barriles diarios de petróleo y 160 millones de metros cúbicos de gas. Tres años atrás, los niveles eran de aproximadamente 520.000 barriles y 120 millones de metros cúbicos, respectivamente. El crecimiento del gas, explicó, está condicionado en mayor medida por la disponibilidad de infraestructura y la evolución de la demanda.
En materia de exportaciones, la CEPH estima que los hidrocarburos podrían generar US$ 30.000 millones en ventas externas en 2030 y US$ 40.000 millones en 2035. El saldo comercial positivo alcanzaría los US$ 28.000 millones y US$ 38.000 millones, respectivamente.
Para alcanzar esas metas, la industria proyecta inversiones directas cercanas a US$ 20.000 millones anuales hasta 2030, principalmente destinadas al desarrollo de los campos y a la infraestructura necesaria para ampliar la producción y las exportaciones.
El rol del RIGI
Ormachea destacó que el sector hidrocarburífero no está incluido en el denominado “súper RIGI” que se debate en el Congreso porque, según explicó, “nuestra actividad no es nueva”. El dirigente remarcó que el negocio del upstream requiere grandes desembolsos antes de comenzar a generar ingresos. En ese contexto, valoró especialmente los cambios introducidos por el RIGI y la reforma de la Ley de Hidrocarburos.
Entre las medidas mencionó la reducción del Impuesto a las Ganancias, la eliminación de retenciones a las exportaciones a partir del tercer año de producción y una recuperación más rápida del crédito fiscal del IVA. Sobre este último punto, sostuvo que el mecanismo permite reducir el costo financiero de los proyectos y mejorar su competitividad. “El RIGI sólo iguala condiciones con los competidores. No da beneficios extraordinarios”, afirmó Ormachea, al cuestionar la idea de que el régimen otorgue ventajas excepcionales a la industria.
Más empleo y actividad
El crecimiento proyectado también tendría un fuerte impacto sobre el empleo y la cadena de proveedores. De acuerdo con las estimaciones presentadas por la CEPH, los puestos de trabajo directos podrían duplicarse, mientras que el empleo en la cadena de proveedores crecería hasta 2,5 veces y en los eslabones posteriores podría alcanzar incrementos de hasta 6,5 veces. En conjunto, Ormachea estimó que más de medio millón de puestos de trabajo podrían generarse hacia 2030 como consecuencia del crecimiento de la actividad hidrocarburífera.
La apuesta de la industria, de esta manera, excede el aumento de la producción de petróleo y gas: busca consolidar a Vaca Muerta como una plataforma exportadora capaz de aportar divisas, inversiones y empleo, con infraestructura como uno de los principales desafíos para sostener el crecimiento.