En medio de la incertidumbre global por el abastecimiento energético y la escalada de precios internacionales, el Gas Licuado de Petróleo (GLP) comenzó a posicionarse en Argentina como una alternativa estratégica para reducir importaciones de combustibles y fortalecer la seguridad energética. El foco está puesto en ampliar su utilización en transporte, generación eléctrica e industrias, con el objetivo de desplazar parte de las compras externas de GNL y gasoil.
Actualmente, cerca del 30% del GLP mundial enfrenta dificultades para atravesar el Estrecho de Ormuz, uno de los principales corredores energéticos del planeta. La situación encendió alarmas por posibles problemas de abastecimiento, especialmente en Asia, y volvió a poner en discusión la necesidad de diversificar fuentes de energía y reducir la dependencia de combustibles importados.
En ese contexto, el presidente de la Cámara de Empresas Argentinas de Gas Licuado de Petróleo (CEGLA), Pedro Cascales, aseguró que Argentina atraviesa una oportunidad histórica gracias al crecimiento de Vaca Muerta y al aumento sostenido de la producción de gas. “Argentina se posiciona como un destino clave para las inversiones en energía”, afirmó el directivo ante representantes de más de 20 países.
Según detalló, durante 2025 el país alcanzó exportaciones por 1,6 millones de toneladas de GLP, más del doble del volumen destinado al mercado interno. Además, destacó que existen inversiones en marcha para ampliar la capacidad exportadora y consolidar a la Argentina como proveedor regional.
Pero el eje central del debate pasó por el mercado interno y el potencial del GLP para sustituir combustibles importados. Desde el sector aseguran que avanzar en aplicaciones vinculadas al autotransporte, la generación eléctrica, la actividad náutica y distintos procesos industriales permitiría reducir la necesidad de importar GNL y gasoil, además de bajar costos logísticos y emisiones contaminantes.
“Estas alternativas permitirían generar ahorros para los usuarios, especialmente en regiones alejadas de los gasoductos”, explicó Cascales.
El dirigente también remarcó que el nuevo esquema de desregulación impulsado por el Decreto 446/2025 generó mayor previsibilidad para las inversiones y un incremento en la oferta disponible de producto. Según indicó, los precios del GLP evolucionaron por debajo de la inflación y no se registraron aumentos desmedidos tras los cambios regulatorios.
En Argentina, unas 20 millones de personas dependen de las garrafas para cocinar y calefaccionarse, especialmente en provincias sin acceso masivo a redes de gas natural como Formosa, Chaco, Corrientes y Misiones. El GLP también cumple un rol clave para actividades agropecuarias, industrias y comercios en distintas regiones del país.
Otro de los desafíos planteados por el sector pasa por reforzar la seguridad y modernizar el sistema de envases. Actualmente circulan más de 20 millones de garrafas en el país y las empresas destinan alrededor de 45 millones de dólares anuales para mantenimiento y control técnico. Además, el sector trabaja junto a la Secretaría de Energía en la actualización de normas técnicas y reclama una ley de estabilidad fiscal que permita sostener inversiones de largo plazo.
Con un escenario internacional cada vez más inestable y la necesidad de reducir importaciones energéticas, el GLP busca dejar de ser visto solo como el combustible de las garrafas para convertirse en una pieza central de la matriz energética argentina.