La crisis desatada en Oriente Medio y la drástica reducción del tránsito de buques por el estrecho de Ormuz provocaron la mayor alteración del suministro mundial de petróleo registrada hasta el momento.
Sin embargo, una rápida reacción de gobiernos, productores y refinadores permitió amortiguar el impacto sobre los mercados internacionales y evitar una interrupción aún más severa del abastecimiento.
Desde el inicio del conflicto, el flujo de petróleo a través del estrecho —por donde normalmente circulan cerca de 20 millones de barriles diarios— cayó a un promedio de apenas 2,7 millones de barriles por día entre marzo y mayo. Como consecuencia, las pérdidas acumuladas de producción provenientes de los países del Golfo superaron los 1.300 millones de barriles.
La reducción del suministro impulsó un fuerte aumento de los precios internacionales. El crudo de referencia North Sea Dated llegó a cotizar hasta 144 dólares por barril, más del doble de los niveles previos al conflicto, mientras que combustibles como el diésel y el combustible para aviación registraron incrementos aún mayores debido a las dificultades para abastecer los mercados.
No obstante, los precios comenzaron a retroceder en las últimas semanas como consecuencia de una menor demanda global y de las expectativas generadas por el acuerdo alcanzado entre Estados Unidos e Irán para avanzar en la reapertura del estrecho de Ormuz. El entendimiento ya comenzó a reflejarse en un aumento gradual de las exportaciones desde los países de la región.
Cuatro factores evitaron una crisis mayor
De acuerdo con un análisis de la Agencia Internacional de Energía (AIE), el mercado logró absorber parte del impacto gracias a una combinación de factores que permitieron sostener la oferta mundial.
El primero fue el elevado nivel de inventarios existente antes del inicio del conflicto. Durante más de un año, la producción mundial había superado a la demanda, lo que permitió acumular reservas cercanas a los 8.200 millones de barriles. Ese excedente funcionó como un colchón para abastecer al mercado durante las primeras semanas de la crisis.
En segundo lugar, los países miembros de la AIE aprobaron la mayor liberación coordinada de reservas estratégicas de la historia. El organismo autorizó el uso de 400 millones de barriles de petróleo de emergencia, que llegaron a aportar alrededor de 2,5 millones de barriles diarios adicionales al mercado durante mayo.
La tercera respuesta provino de los propios productores. Arabia Saudita incrementó el uso del oleoducto Este-Oeste para exportar crudo a través del puerto de Yanbu, sobre el mar Rojo, elevando esos envíos desde unos dos millones hasta más de cinco millones de barriles diarios.
Los Emiratos Árabes Unidos también recurrieron a infraestructura alternativa para reducir su dependencia del estrecho de Ormuz. El país aprovechó el oleoducto que conecta Habshan con el puerto de Fujairah, sobre el golfo de Omán, además de utilizar sus instalaciones de almacenamiento y nuevas rutas marítimas. Gracias a esas medidas, logró recuperar gran parte de sus exportaciones en pocos meses.
Más oferta desde América
El reacomodamiento del mercado también estuvo impulsado por un aumento de la producción fuera de Oriente Medio. Estados Unidos encabezó esa respuesta al registrar exportaciones récord de crudo y derivados, que alcanzaron los 13,1 millones de barriles diarios en mayo, casi un 25% por encima del mismo mes del año anterior. El incremento fue posible gracias a una mayor producción y a la utilización de parte de las reservas comerciales y estratégicas.
También crecieron las exportaciones desde Brasil, Kazajistán y Venezuela, que redireccionaron parte de su producción hacia los mercados asiáticos para reemplazar los barriles que dejaron de llegar desde el Golfo Pérsico.
Las refinerías también jugaron un papel clave para compensar la interrupción del suministro de combustibles. La reducción de las exportaciones de combustible para aviación desde Oriente Medio generó fuertes tensiones en Europa, uno de los principales mercados importadores. En respuesta, refinerías de Estados Unidos, Europa y Nigeria elevaron la producción hasta niveles récord para cubrir la demanda internacional antes del inicio de la temporada alta de viajes.
El aumento de la actividad permitió aliviar la escasez de combustibles refinados, especialmente de jet fuel y diésel, dos de los productos más afectados por la crisis.
Perspectivas de recuperación
La AIE estima que la demanda caerá cerca de cinco millones de barriles diarios durante el segundo trimestre de 2026 respecto del año anterior y finalizará el año con una baja promedio de 1,1 millones de barriles diarios, un giro significativo respecto de las proyecciones previas al conflicto, que anticipaban un crecimiento de la demanda.
Pese a la capacidad de adaptación demostrada por el mercado, la AIE advirtió que la situación continúa siendo frágil. El uso intensivo de reservas redujo significativamente los inventarios globales y limitó el margen de respuesta frente a nuevas interrupciones.
En ese contexto, el acuerdo alcanzado entre Estados Unidos e Irán para normalizar el tránsito marítimo por el estrecho de Ormuz aparece como un paso decisivo para recuperar la estabilidad del mercado petrolero. No obstante, el organismo considera que la crisis modificará de manera duradera las estrategias energéticas de gobiernos y empresas, que ya comenzaron a revisar sus políticas de abastecimiento, almacenamiento, infraestructura y diversificación de proveedores para reducir la exposición a futuros conflictos geopolíticos.