El 9 de Julio

Jorge Marziali en un viaje inolvidable

Otra vez diremos "día de la patria", como una manera de recordarnos que somos patria, aunque no sabemos de qué se trata verdaderamente.
miércoles, 8 de julio de 2020 · 21:18

Mis hijos viven en Brasil hace muchos años, y cada año, alrededor de esa fecha he viajado para compartir el cumpleaños de uno de ellos junto con el mío (un día de diferencia). Así que cada 9 de julio es además el día del encuentro, del brindis, del abrazo porque cumplimos (como la patria) un año más.

Ese año, fue distinto: tuve la fortuna de poder compartir el viaje con mi bisnieto. Sí, así suena fuerte, porque un bisnieto es el hijo de una nieta y nieto de una hija, por lo que sumando años cualquiera se puede dar cuenta de las decenas que cargo sobre mis rodillas (lo de la espalda es puro romanticismo).

Se armó un interesante alboroto familiar cuando se tomó la decisión: es muy chico (no tanto) es muy lejos (no tanto) y así se desgranaban las opiniones con la intención de ponerle a la aventura un sabor mucho más atractivo, eran alertas que jugaban como fuegos artificiales. Por todas esas razones, subir al avión desde Neuquén, provocó en nosotros una conmoción un poco exagerada. Pero vino bien: la espera en el aeroparque en Buenos Aires nos encontró a ambos más "cancheros". Horas de resistencia para abordar el vuelo a San Pablo y una catarata de hamburguesas, turrones y golosinas que iban deteriorando anticipadamente los recursos previstos para la estada en el país del samba.

La gente iba y venía, consultaba, dormía en los asientos, arrastraba bultos y valijas y todo era un motor en marcha hacia lo desconocido que mi bisnieto gozaba mientras masticaba con entusiasmo todo lo que podía.

Estaba sentada custodiando las valijas cuando sonó el celular. Una voz grave, muy grave, y con lentitud, me dijo:" hola Hilda, te habla Juan Falú", la sorpresa me animó a responder rápidamente: "qué sorpresa y alegría Juan!". Silencio… y con la voz quebrada me dijo: "tengo la peor noticia, falleció Jorge Marziali, anoche en Cuba".

Todo lo que ocurrió después se atropella en el recuerdo: el viaje fue el camino que imaginé, final, con Jorge.

¡Murió mi amigo, compinche de tantas horas, de tantas aventuras! Allí, en el avión, estaban sus rincones: siempre cambiando de lugares, con pocas cosas, con autos viejos, con ropa comprada en ferias americanas y en las mismas terminales de ómnibus, escribiendo sus canciones en una computadora vieja en esa pieza de calle Rivadavia a pocas cuadras de "Los 36 billares". Guisos de arroz solo con arroz, trasnochadas entre poemas y música.

Allí, en altura, desfilaron sus ocurrencias, su sorprendente imaginación, sus fantasías, las caminatas por calle Corrientes, para refrescarnos la boca caliente de grapa con miel que recibía de su Mendoza natal. Entre las nubes, lo veía con la boina ladeada, guitarra en mano cantándole a los obreros de Morón y haciendo malabares con la cebollita y huevo, Sonreía allí, con la copa de vino, vigía de sus versos, para poner el dedo en la llaga de la realidad y con Jauretche advertirnos de lo que somos, con Giribaldi para sentirnos en coplas, más libres

Más allá, entre los grises y blancos de un cielo de despedidas, la chacarera, la zamba, la refalosa, la tonada, la cueca cuyana traían los sonidos de sus canciones: "El hombre pollo", "Este Manuel que yo canto", "Coplas de la libertad", "Porca miseria", "Chamarrita pa repartir", "Soy Maragato", "Regalo de reyes", "Pa tenerte cerca" "Conurbanos", entre su magnífica obra de más de 150 canciones. "El niño de la estrella", dedicada al Che Guevara, le valió un premio que lo hermanó, aún más, al pueblo cubano que amaba, y muchos de los mejores compartieron su vida de artista, y latieron con él: Raúl Carnota,Juan Falú, Omar Moreno Palacios, sus amigos.

Jorge Marziali murió en los primeros minutos del día 9 de julio en Santa Clara, Cuba, después de comer y tomarse unos vinos con Doña Jovita y de haber visitado la tumba del Che. Su corazón dijo basta.

"Ajustarse los cinturones hasta que el avión detenga su marcha", la voz de la azafata me devolvió a la realidad. Mi bisnieto me miró expectante: ¿te gustó?, le pregunté. "Si!, ¿a vos? "también", respondí.

Había viajado con Jorge Marziali, mi amigo, mi compinche. Había cantado con él, admirado como siempre y riéndonos de la vida, que, como él decía: "hermana, esto se termina en cualquier momento, hay que aprovecharla".

Es cierto Marziali, se terminó para vos, el 9 de julio de 2017, un año más de la Patria, tu obra sigue viaje para siempre.

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