El 11 de agosto de 2014, la noticia de la muerte de Robin Williams sacudió al mundo del espectáculo. El actor de 63 años fue encontrado sin vida en su hogar de Tiburon, California, en un aparente suicidio. La policía confirmó que Williams se había ahorcado con un cinturón en la parte superior de un armario.
Horas después, su esposa, Susan Schneider, pidió que la atención se centrara en los millones de momentos de alegría que Williams brindó durante más de cuatro décadas, y no en los detalles de su partida. Sin embargo, pronto se supo que detrás de su decisión había una lucha mucho más compleja que la simple depresión o problemas con adicciones, temas con los que el actor había lidiado a lo largo de su vida.
Meses tras su muerte, los estudios post mortem revelaron que Williams sufría demencia con cuerpos de Lewy, una enfermedad neurodegenerativa que afecta el cerebro y puede provocar parkinsonismo, deterioro cognitivo, alucinaciones y cambios emocionales severos. Esta patología había comprometido gravemente su salud mental en los últimos meses, un diagnóstico que no recibió en vida.
Su esposa recordó el impacto de esta revelación: “Me sentaron y me dijeron que básicamente Robin murió de demencia con cuerpos de Lewy. Empezaron a hablar de la neurodegeneración. No estaba en sus cabales. Me sentí aliviada de que tuviera un nombre. Robin y yo habíamos pasado por esta experiencia juntos, siendo realmente perseguidos por un monstruo invisible”.
Los primeros pasos de un actor incansable, original y creativo
Robin Williams nació el 21 de julio de 1951 en Chicago, Illinois. De niño introvertido, encontró en la actuación la vía para expresarse y transformarse. Tras estudiar en la Juilliard School de Nueva York, comenzó su carrera en clubes de comedia en California, donde su capacidad para improvisar y crear personajes lo destacó rápidamente.
Su gran salto a la fama llegó con el personaje de Mork en la serie Happy Days, que luego derivó en Mork & Mindy, catapultándolo a la fama con apenas 27 años. A lo largo de su carrera, Williams supo combinar el humor con la profundidad dramática, logrando papeles memorables en películas como Good Morning, Vietnam, Dead Poets Society y Good Will Hunting, por la que ganó un Oscar.
Además de su talento, Williams enfrentó abiertamente sus problemas con el alcohol y las drogas, logrando largos períodos de sobriedad antes de buscar ayuda nuevamente en 2006. Su lucha personal formó parte de su historia, pero nunca opacó su capacidad para hacer reír y emocionar a millones.
Su compromiso social también fue destacado. Apoyó organizaciones benéficas como la Christopher & Dana Reeve Foundation y Comic Relief, proyectos que ayudaron a personas en situación de calle y recaudaron millones de dólares. Incluso contrataba a personas sin hogar para ofrecerles empleo en sus proyectos y giras, demostrando un compromiso genuino con los demás.
Los últimos años de su vida estuvieron marcados por síntomas de ansiedad, alteraciones del sueño y cambios emocionales que desconcertaron a su familia. En mayo de 2014, recibió un diagnóstico de Parkinson, aunque luego se supo que su enfermedad era más compleja y grave.
La vida de Robin Williams fue una mezcla de luz y sombras, un hombre que usó su talento para transformar el humor en humanidad y que, en silencio, enfrentó una batalla que pocos conocieron. Su legado sigue vivo en las películas y en los corazones de quienes disfrutaron su arte y su generosidad.