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Descubrió de adulto las raíces mapuches de su madre y convirtió esa historia en un corto distinguido en Bariloche

El cortometraje “La Fe”, de Walter Ponzo Ferrari, obtuvo una mención especial en la Competencia Patagónica Binacional del Festival Audiovisual de Bariloche.

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Isabel Calcumil Reyes es la protagonista de una historia familiar marcada por la cordillera, la fe y sus raíces mapuches.

“La Fe”, el cortometraje de Walter Ponzo Ferrari, obtuvo una mención especial en la Competencia Patagónica Binacional de Cortometrajes Argentina / Chile del Festival Audiovisual de Bariloche (FAB). El reconocimiento distingue una producción que nació de una historia familiar y que pone frente a cámara una serie de preguntas sobre la identidad, la memoria, la fe y los mandatos que atravesaron la vida de su protagonista.

El corto forma parte del universo de "Ita, la montaña y la fe" y tiene como figura central a Isabel Calcumil Reyes, madre de Ponzo Ferrari. A partir de su historia, el realizador reconstruye un pasado que conoció recién alrededor de los 30 años, cuando comenzó a hacer preguntas sobre sus raíces familiares.

 

La historia de una madre que había ocultado sus raíces

Isabel cruzó la cordillera hacia la Argentina en 1973, en un contexto que su hijo describe como una huida “medio escapando de los militares y de la ley”. Al instalarse en el país, ocultó durante años su apellido Calcumil y parte de su origen mapuche.

Su padre hablaba Mapuzungun y ella, durante su infancia, incluso cantaba alabanzas en esa lengua. Para Walter, descubrir esa parte de la historia familiar significó encontrarse con una identidad que había permanecido en silencio durante décadas.

El vínculo entre Walter Ponzo Ferrari y su madre ocupa el centro de una producción atravesada por preguntas personales.

“Mi mamá era evangélica y también era mapuche”, resume el realizador. Esa frase se convirtió en uno de los puntos de partida de una película que no busca cuestionar la fe de su madre desde afuera, sino comprender cómo ambas dimensiones pudieron convivir en su vida.

Ponzo Ferrari plantea que esa convivencia también puede pensarse como parte de un proceso histórico más amplio. En particular, analiza cómo la espiritualidad mapuche fue atravesada por la colonización y por la incorporación de nuevas creencias.

“Lo evangélico se fue tiñendo de mapuche y lo mapuche se fue tiñendo de evangélico”, explica Ponzo Ferrari, quien es columnista de Películas y Series en el programa Entretiempo que se emite por AM550 y 24/7 Canal de Noticias. Su mirada se ubica dentro de un proceso que vincula con la colonización y el despojo iniciado desde la llamada Pacificación de la Araucanía.

 

Una historia íntima llevada frente a una cámara

La cámara ingresa también en el espacio de la iglesia evangélica al que asiste su madre. Allí aparecen sus prácticas, sus creencias y la relación que mantiene con una fe que, según plantea Walter, puede ayudar a las personas a atravesar experiencias y traumas profundos.

Ese acercamiento llevó al realizador a hacerse preguntas sobre los límites de observar y cuestionar las creencias de otra persona cuando esa fe tiene un significado profundo en su vida.

La película también incorpora otra dimensión: la de una mujer que comenzó a revisar los mandatos que habían condicionado su vida. Isabel fue atravesada por relaciones de pareja en las que no tenía libertad para trabajar o decidir sobre su propia vida. Con el paso del tiempo, comenzó a reconocerse desde otro lugar.

“Bueno, soy mapuche, pero también puedo ser evangélica y soy una mujer divorciada que ahora empieza a reflexionar cosas del feminismo”, aparece como otra de las ideas que atraviesan la historia.

Para Walter, filmar ese proceso también implicó exponerse. La Fe tiene una fuerte dimensión autobiográfica porque el propio realizador aparece dentro de la obra como un personaje y se anima a formularle a su madre preguntas que, hasta entonces, habían quedado pendientes.

“Es la historia de un hijo que se atreve a preguntarle cosas a su madre que son bastante fuertes, y más fuertes para preguntarlas delante de una cámara”, explica.

El resultado combina recursos documentales y elementos de ficción para construir una narración en la que la historia familiar no funciona solamente como recuerdo, sino también como una forma de revisar aquello que una generación recibió, ocultó o decidió volver a mirar.

 

Un reconocimiento para una producción patagónica

La mención especial obtenida en la Competencia Patagónica Binacional de Cortometrajes Argentina / Chile del Festival Audiovisual de Bariloche suma ahora una instancia de reconocimiento al recorrido de la producción.

El corto reúne además a un equipo integrado por trabajadores audiovisuales de distintas ciudades. Cecilia Guerrero, de Neuquén, participa en producción; Marilina Jiménez, de Buenos Aires, trabaja en sonido y realización; y Armin Marchesini Weihmuller, también de Buenos Aires, está a cargo de la dirección de fotografía.

La etapa de posproducción de imagen estuvo a cargo de Gero Ríos Longobuco, de Neuquén, mientras que Juan Flores, de Roca, trabajó en color. Leticia Guerrero, hermana de Cecilia, participó como responsable de producción durante esa etapa.

La distinción en Bariloche pone así a La Fe en el centro de una competencia que reúne producciones de la región y de Chile, pero también devuelve la película a su territorio de origen: una Patagonia atravesada por historias familiares, cruces culturales y memorias que todavía encuentran nuevas formas de ser contadas.

 

La entrevista completa:



 

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