El presidente Donald Trump salió a desestimar los reportes de prensa sobre una posible acción militar rusa contra territorio de la OTAN, asegurando desde el Despacho Oval que Vladimir Putin "no va a atacar territorio de la OTAN" y que ha tenido "buenas conversaciones" con el líder ruso. Las declaraciones llegan en respuesta a una publicación del Wall Street Journal que advirtió que Putin podría desafiar a la alianza con un "ataque limitado" en los próximos días, en el marco de evaluaciones de inteligencia que habrían motivado la visita relámpago del director de la CIA, John Ratcliffe, a Moscú. Trump declinó comentar ese viaje ante los periodistas. El Kremlin, por su parte, también negó los reportes: "Últimamente, se publican muchas historias de terror como esa. Naturalmente, esto no tiene nada que ver con la realidad ni con las intenciones de la Federación Rusa", afirmó el portavoz Dmitri Peskov. Los servicios de inteligencia europeos confirmaron que tampoco disponen de indicios sobre un posible ataque ruso inminente contra países de la OTAN, según declaró un alto funcionario bajo anonimato.
La negación rusa tiene, sin embargo, un antecedente incómodo que varios analistas señalaron de inmediato: días antes de la invasión a gran escala de Ucrania en febrero de 2022, Moscú también negaba los reportes de inteligencia occidentales que advertían sobre un ataque inminente. Esa comparación —que circuló rápidamente en medios europeos tras las declaraciones de Peskov— es precisamente la que mantiene en alerta a los aliados del este de la OTAN, donde los países bálticos y Polonia vienen impulsando desde hace meses un refuerzo del flanco oriental de la alianza. La visita de Ratcliffe a Moscú, presentada por Trump como "rutina", es leída en capitales europeas como una señal de que Washington tomó los reportes lo suficientemente en serio como para enviar a su jefe de inteligencia a entregar un mensaje directo al Kremlin.
El subsecretario de Defensa estadounidense, Elbridge Colby, intentó equilibrar el mensaje de Trump con un tono más firme sobre los compromisos de la alianza: reafirmó el compromiso de Washington con la defensa colectiva de la OTAN, señaló que Europa sigue siendo de "interés fundamental" para Estados Unidos y elogió el progreso de los aliados europeos en asumir mayor responsabilidad en su propia defensa. La combinación de las garantías de Trump sobre las intenciones de Putin —basadas en sus conversaciones directas con el líder ruso— y el refuerzo simultáneo del flanco oriental de la OTAN refleja la tensión permanente en la política exterior estadounidense: la apuesta personal de Trump a la diplomacia con Moscú coexiste con una arquitectura de seguridad colectiva que sus propios funcionarios de defensa siguen fortaleciendo.