La Fuerza Aérea de los Estados Unidos retiró de manera imprevista los doce bombarderos B-1 Lancer que mantenía estacionados en la base militar de la RAF en Fairford, al sur de Inglaterra.
La decisión, adoptada por el Pentágono durante el fin de semana y confirmada formalmente en las últimas horas por el presidente Donald Trump, se produjo tras recibir informes de inteligencia occidentales sobre un plan inminente del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán para perpetrar un ataque con drones bomba contra las instalaciones y el personal estadounidense. La maniobra logística se completó con el traslado de los aviones de combate de regreso a sus bases de origen en territorio norteamericano.
De acuerdo con revelaciones de funcionarios de inteligencia difundidas por The New York Times, la conspiración iraní pretendía utilizar la base aérea británica —utilizada como punto de apoyo estratégico para operaciones en Medio Oriente— para destruir el material aeronáutico y provocar cientos de bajas entre las tropas acantonadas.
La inteligencia estadounidense señaló que el plan intentaba replicar la metodología empleada por los servicios de seguridad ucranianos en junio de 2025, cuando infiltraron drones bomba dentro de camiones de transporte en Rusia para atacar de forma simultánea múltiples aeródromos militares. La alerta de seguridad provocó asimismo que Washington elevara las advertencias a otros aliados europeos sobre posibles amenazas contra instalaciones militares estadounidenses en Alemania, como las bases de Spangdahlem y Ramstein.
El operativo preventivo estuvo precedido por la detención de varios sospechosos en las inmediaciones de Fairford por parte de las fuerzas antiterroristas del Reino Unido. Aunque los primeros arrestados portaban bidones de combustible y fueron liberados bajo fianza, la posterior detención en Londres de un ciudadano británico-iraní vinculó directamente las investigaciones con los planes de Teherán. Pese a los desmentidos del Ministerio de Asuntos Exteriores de Irán, tanto el vicepresidente estadounidense JD Vance como el Gobierno británico justificaron la repatriación inmediata del contingente aéreo bajo el principio de cautela y protección de las fuerzas desplegadas.