El Partido Socialista Obrero Español sufrió su cuarta derrota consecutiva en el ciclo electoral regional, y la más dolorosa: Andalucía, su feudo histórico, le infligió el peor resultado de su historia reciente en esa comunidad, superando incluso el piso marcadoen 2022. La candidata María Jesús Montero, ministra de Hacienda y figura clave del núcleo de Pedro Sánchez, no logró revertir un declive que los propios dirigentes territoriales del partido atribuyen en parte a la estrategia de situar a ministros en funciones al frente de las principales federaciones regionales. "Lo de Andalucía es un drama se mire por donde se mire; un candidato territorial debe estar batiéndose el cobre sobre el terreno durante años", resumió un barón autonómico. La dirección de Ferraz, sin embargo, descartó abrir una crisis interna y destacó que el Partido Popular perdió su mayoría absoluta.
El dato más inquietante para el socialismo no fue la victoria del PP sino hacia dónde fue el voto de izquierda que el PSOE no pudo capturar. Adelante Andalucía, un partido regionalista abiertamente anti-PSOE, pasó de dos a ocho escaños, capitalizando el descontento con la pérdida de calidad de los servicios públicos. "Nos consolaremos con la pérdida de la mayoría del PP, pero hay que preguntarse cómo es posible que tantos electores hayan optado por las dos candidaturas a nuestra izquierda", subrayó otro dirigente autonómico. El resultado alimenta las suspicacias internas sobre la estrategia de "alinear" el discurso territorial con el de Ferraz, una apuesta que ya fracasó con Pilar Alegría en Aragón y que ahora deja tocada a Montero.
Sánchez, como es su costumbre, busca refugio en la política exterior cuando el plano doméstico le es adverso. Su negativa a permitir el uso de bases militares de la OTAN en suelo español para los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán lo perfiló ante la opinión pública progresista europea como un líder humanista que dice "no a la guerra". El gesto, sin embargo, tuvo un episodio incómodo: el régimen iraní distribuyó calcomanías con su retrato, inscripciones en árabe y una cita suya —"Esta guerra no es sólo ilegal, también es inhumana"— pegadas en misiles de Irán, con un agradecimiento final al "primer ministro". El episodio dio munición a la oposición durante días, aunque Sánchez lo sorteó con la elegancia habitual. Las elecciones legislativas nacionales, cuya fecha aún es una incógnita, serán el verdadero termómetro de si el desgaste territorial termina o no pasándole factura al presidente.