El Senado de Estados Unidos aprobó una resolución sobre poderes de guerra contra Irán que ordena al presidente Donald Trump retirar a las Fuerzas Armadas de cualquier operación militar contra ese país a menos que el Congreso haya declarado formalmente la guerra o autorizado el uso de la fuerza. La votación fue de 50 contra 48, con cuatro republicanos sumándose a la mayoría demócrata para respaldar la medida y un demócrata votando en contra, en lo que representa la primera vez que ambas cámaras del Congreso aprueban una resolución de este tipo desde que comenzó el conflicto en febrero. El texto también reitera la autoridad constitucional del Congreso para declarar la guerra e iniciar hostilidades militares, en un recordatorio explícito de que Trump condujo meses de operaciones bélicas sin autorización legislativa.
El alcance práctico de la resolución es, sin embargo, limitado. La Casa Blanca argumentó que la medida es irrelevante porque las fuerzas estadounidenses "no participan actualmente en hostilidades contra Irán", en referencia al memorando de entendimiento de Islamabad firmado la semana pasada. CBS News y NBC News coincidieron en calificar la aprobación de "en gran medida simbólica", dado que el conflicto está en una fase de negociaciones y no de combate activo. Sin embargo, los demócratas defendieron la necesidad de la resolución incluso en este contexto: su objetivo no es solo frenar la guerra actual sino establecer un precedente para cualquier reanudación de hostilidades, en un momento en que las negociaciones de 60 días apenas comienzan y la posibilidad de una nueva escalada no puede descartarse.
El voto de cuatro senadores republicanos a favor de la resolución es la señal más clara hasta ahora de que la conducción unilateral de la guerra por parte de Trump generó fisuras en su propio partido. Llevar al país a meses de conflicto con Irán sin una sola votación en el Congreso, con el petróleo superando los 126 dólares el barril en su pico más alto y la inflación llegando al 4,2%, dejó una factura política que algunos republicanos ya no están dispuestos a ignorar. La resolución no tiene fuerza vinculante suficiente para cambiar la conducta de Trump —que históricamente ignora las restricciones legislativas en materia de política exterior— pero marca el inicio de una rendición de cuentas institucional sobre una guerra que sacudió la economía global y se cerró con un acuerdo cuyo cumplimiento aún está por verse.