Con la ganadería local golpeada por fuertes sequías, incendios forestales y un stock en su nivel más bajo de los últimos 75 años, la Casa Blanca oficializó una medida de urgencia para mitigar el alza del precio de la carne en el mercado interno. A través de un decreto firmado por el presidente Donald Trump, Estados Unidos confirmó la apertura temporal de una cuota de importación de 300.000 toneladas destinadas a contener los valores récord al consumidor en el mayor país comprador del mundo por volumen.
Sin embargo, la resolución excluye expresamente a la Argentina. Lejos de tratarse de una represalia o sanción diplomática, la marginación responde a que la industria local opera bajo un mecanismo propio: en febrero pasado, la administración estadounidense elevó la cuota arancelaria del país de 20.000 a 80.000 toneladas anuales sin impuestos, un beneficio previo que ya venía traccionando un notable volumen de despachos desde los frigoríficos nacionales. La nueva ventana comercial se canalizará mediante el contingente técnico denominado "Otros países o áreas", del cual solo podrán beneficiarse Brasil, Paraguay, Irlanda, Japón y los Países Bajos. La medida de excepción busca incrementar la oferta norteamericana un 10% y garantizar que el producto importado ingrese con una rebaja del 25% frente a las cotizaciones habituales.
Para asegurar un flujo ordenado frente al desplome proyectado del 4% en la producción estadounidense para fin de año y las severas restricciones sanitarias en la frontera con México por la plaga del gusano barrenador, el ingreso excepcional se organizará en tres tramos mensuales sucesivos de 100.000 toneladas a partir del 1 de septiembre. El esquema de emergencia se extenderá por 90 días exactos y finalizará el 30 de noviembre o una vez agotado el cupo previsto, abarcando un periodo clave para el consumo masivo en el país norteamericano.