El presidente Donald Trump reveló, a bordo del Air Force One al regresar de su club de golf en Bedminster, que dejó sin efecto un ataque "a gran escala" contra Irán que estaba listo para ejecutarse, y anunció simultáneamente que las conversaciones con Teherán se reanudarán en las próximas horas. El mandatario afirmó que las autoridades iraníes "estaban al tanto de la magnitud de la operación" y que la decisión de no avanzar respondió, en parte, a pedidos formulados por aliados regionales de Washington: el príncipe heredero saudita Mohammed bin Salman, junto con los gobiernos de Emiratos Árabes Unidos y Qatar, promovieron una desescalada al considerar que aún existe margen para un acuerdo diplomático. La agencia oficial saudita confirmó que bin Salman mantuvo una conversación telefónica con Trump para impulsar la reducción de tensiones, manifestando su preocupación por un eventual ataque sobre territorio iraní. Trump indicó que las negociaciones apuntarán en una primera etapa a garantizar la seguridad del estrecho de Ormuz y, posteriormente, a avanzar hacia la "desnuclearización de Irán".
El patrón se repite con una regularidad que ya tiene su propia lógica en este conflicto: Trump anuncia o amenaza con un ataque, lo cancela en el último momento citando avances diplomáticos o pedidos de aliados, y anuncia una nueva ronda de negociaciones que Irán recibe con escepticismo público. Del lado iraní, los medios estatales rechazaron la versión de que Teherán hubiera solicitado la cancelación de la operación, y la agencia semioficial Fars —vinculada a la Guardia Revolucionaria— difundió un mensaje descalificando las afirmaciones del mandatario estadounidense. La negación iraní es también un elemento recurrente: cada vez que Trump proclama un avance diplomático, funcionarios de Teherán lo desmienten, creando la misma brecha de narrativas que hizo colapsar el memorando de Islamabad.
La cancelación del ataque y el anuncio de negociaciones llegan después de semanas de escalada intensa: 13 noches consecutivas de bombardeos estadounidenses sobre Irán, ataques iraníes contra bases en Jordania, Kuwait, Baréin y Arabia Saudita, el bloqueo naval restablecido con un peaje del 20% luego descartado, los hutíes atacando buques sauditas en el Mar Rojo y el petróleo superando los 100 dólares por barril. La presión de los aliados del Golfo para frenar la escalada —países que dependen del estrecho de Ormuz para sus propias exportaciones de petróleo y que albergan bases militares estadounidenses que Irán tiene en la mira— fue en esta ocasión el factor determinante para que Trump optara por la vía diplomática. Con las elecciones de medio término en noviembre, la inflación en el 4,2% y el costo de la guerra superando los 37.500 millones de dólares, el cálculo político de Trump apunta en la misma dirección que el diplomático: necesita un acuerdo más que un nuevo frente de combate.