El huemul, uno de los animales emblemáticos de los bosques andino-patagónicos de Argentina y Chile, cuenta ahora con una herramienta clave para su conservación: un genoma de referencia que permitirá conocer con mayor precisión su diversidad genética y aportar evidencia para orientar futuras estrategias de manejo de la especie.
El trabajo fue liderado por la investigadora del Centro de Investigaciones en Toxicología Ambiental y Agrobiotecnología del Comahue (CITAAC), María Julia Ousset, en colaboración con Jo Anne M. Smith-Flueck, Werner T. Flueck, Valeria Pelufo, Eduardo Aisen y Andrés Venturino, algunos de ellos integrantes del grupo de Biotecnología en Reproducción Animal del instituto.
“Contar con esta información es fundamental para orientar decisiones de conservación basadas en evidencia genética, algo especialmente importante en una especie amenazada como el huemul”, explicó Ousset. La investigadora destacó que, hasta ahora, la ausencia de un genoma de referencia limitaba la posibilidad de incorporar este tipo de información a las decisiones vinculadas con la preservación de la especie.
“Un genoma de referencia funciona como un mapa que permite ordenar e interpretar la información genética de la especie. A partir de él podemos desarrollar herramientas para estudiar sus poblaciones, conocer su diversidad genética e investigar genes de interés vinculados, por ejemplo, con la salud. De este modo podemos generar información para orientar su conservación”, señaló.
El huemul es un ciervo nativo de las regiones montañosas de la Patagonia. Históricamente ocupó un territorio mucho más extenso, pero la caza, la pérdida y fragmentación del hábitat y la introducción de ganado provocaron una fuerte reducción de su distribución.
En la actualidad se estima que sobreviven alrededor de 1.500 individuos, distribuidos en más de un centenar de poblaciones pequeñas y aisladas, principalmente a lo largo de los Andes de Argentina y Chile.
Esta fragmentación plantea un desafío adicional para la conservación. Conocer cuánta diversidad conserva la especie y cuál es el grado de parentesco dentro de sus poblaciones resulta necesario para evaluar su situación y orientar futuras estrategias de manejo. En ese sentido, el nuevo genoma permitirá comenzar a responder preguntas que hasta ahora eran difíciles de abordar.
“Aunque no es el único factor que determina la supervivencia de una especie, la diversidad genética contribuye a su capacidad de adaptarse a los cambios y mantener poblaciones saludables”, explicó. Y agregó que “en el caso del huemul, todavía no sabemos cuánta diversidad conserva ni cuál es el grado de parentesco dentro de sus poblaciones. Cuando se reproducen individuos estrechamente emparentados, puede aumentar la posibilidad de que se manifiesten problemas hereditarios que afecten su salud o su capacidad de reproducirse”.
A partir del genoma de referencia podrán desarrollarse herramientas destinadas a evaluar los niveles de diversidad genética y endogamia, estimar el tamaño efectivo de las poblaciones y reconstruir su historia demográfica.
También será posible estudiar el grado de conectividad entre grupos actualmente aislados, investigar relaciones de parentesco y analizar posibles adaptaciones locales. En los programas de reproducción bajo cuidado humano, conocer ese parentesco podría complementar la información sanitaria y demográfica y ayudar a planificar cruzamientos entre individuos menos emparentados.
La información permitirá, además, profundizar en la historia evolutiva del huemul dentro del grupo de los ciervos sudamericanos. En conjunto, estos datos podrán contribuir al diseño y la evaluación de estrategias de conservación y manejo basadas en evidencia genómica.
Shehuen, el huemul que aportó una de las muestras
Una de las muestras utilizadas para construir el genoma de referencia perteneció a Shehuen, el primer huemul nacido en el Centro de Rehabilitación y Recría Shoonem, en la provincia de Chubut. “Uno de los individuos estudiados tiene una historia muy especial: fue el primer huemul nacido en el centro de Shoonem y se llama Shehuen”, contó Ousset.
Las muestras fueron obtenidas durante procedimientos veterinarios y de manejo realizados como parte de las tareas de conservación que se desarrollan en el centro.
El trabajo colaborativo entre instituciones científicas y organizaciones dedicadas a la conservación pone de manifiesto la importancia de articular capacidades y experiencias para generar conocimientos y herramientas útiles para la conservación de especies amenazadas.
Tecnología para estudiar una especie amenazada
El genoma fue construido mediante secuenciación de lecturas largas con tecnología Oxford Nanopore, en el marco de la iniciativa ORG.one, orientada a apoyar la secuenciación genómica de especies amenazadas y en peligro de extinción.
Además del genoma nuclear, el estudio permitió obtener el primer genoma mitocondrial completo del huemul, sumando una nueva fuente de información para futuras investigaciones sobre la especie. El ensamblado genómico generado en este estudio puede consultarse en las bases de datos del National Center for Biotechnology Information (NCBI) bajo el número de acceso GCA_060697595.1.
Un símbolo de los Andes patagónicos
Adaptado a la vida en ambientes montañosos, el huemul posee una estructura corporal robusta, con miembros cortos y fuertes. Los ejemplares adultos pueden alcanzar cerca de un metro de altura a la cruz y pesar entre 70 y 90 kilogramos. Los machos adultos suelen diferenciarse de las hembras por su mayor tamaño y peso.
El aporte del CITAAC
El trabajo se desarrolló con participación de investigadores del Centro de Investigaciones en Toxicología Ambiental y Agrobiotecnología del Comahue (CITAAC), un centro de bipertenencia entre la Universidad Nacional del Comahue y el CONICET.
El CITAAC fue creado a fines de 2015 sobre la base de dos unidades preexistentes: el Laboratorio de Investigaciones Bioquímicas y Químicas del Medio Ambiente (LIBIQUIMA), de la Facultad de Ingeniería, y el Instituto de Biotecnología Agropecuaria del Comahue, de la Facultad de Ciencias Agrarias.
Actualmente reúne alrededor de 50 profesionales, entre investigadores de la Carrera del Investigador del CONICET, profesores universitarios, tesistas y becarios, con formación en disciplinas como química, biología, bioquímica, biotecnología, ingeniería, agronomía, geología y veterinaria.
Este trabajo también pone en valor la capacidad de la universidad pública, del sistema científico nacional y de los equipos científicos de la región para producir, desde la Patagonia, conocimiento y herramientas de relevancia internacional.