Dos adolescentes de 15 y 16 años fueron sorprendidos en Allen con dos motos robadas en Neuquén, pero el hallazgo desató una verdadera noche de furia. Lo que comenzó como un procedimiento para secuestrar los vehículos terminó en un escenario explosivo: una madre atacó a un policía de un cabezazo, vecinos lanzaron ladrillos desde las escaleras de un complejo habitacional, arrojaron agua caliente contra los uniformados, destrozaron un patrullero y sembraron el caos para intentar evitar las demoras.
Todo ocurrió cerca de las 22 en el barrio 60 Viviendas. En medio de una recorrida preventiva, policías detectaron a dos menores junto a motos que llamaron la atención por un detalle clave: ninguna tenía chapa patente. La sospecha fue inmediata. Bastó una consulta de rutina para descubrir que detrás de esos rodados había denuncias por robo y pedidos de secuestro vigentes emitidos desde Neuquén.
La sorpresa fue mayúscula. Una de las motos era una KTM Duke 200 buscada desde marzo. La otra, una Bajaj Rouser 200, había sido denunciada como robada apenas unos días antes. Los dos vehículos estaban en manos de adolescentes que quedaron en el centro de una investigación que rápidamente tomó temperatura.
Todos contra la Policía
Cuando los efectivos avanzaron para secuestrar las motos y trasladar a los menores, el procedimiento quedó rodeado por familiares y vecinos. Primero fueron los gritos. Después llegaron los insultos. Y en cuestión de minutos, la tensión explotó.
Desde los departamentos comenzaron a bajar personas que increpaban a los uniformados mientras intentaban entorpecer el operativo. El clima se volvió cada vez más hostil. Los policías debíeron controlar a los adolescentes, asegurar las motos y, al mismo tiempo, contener una situación que amenazaba con desbordarse.
En medio de ese escenario apareció la madre de uno de los menores. Según consta en las actuaciones, lejos de cuestionar el hecho de que su hijo tenía una moto robada, la mujer encaró a los efectivos fuera de sí.
Hubo insultos, amenazas y, finalmente, una agresión física directa. La mujer le aplicó un cabezazo en el rostro a uno de los policías mientras lanzaba intimidaciones en plena vía pública.
La reacción fue inmediata. Desde las escaleras y los pisos superiores del complejo comenzaron a llover ladrillos y objetos contundentes. Los proyectiles impactaron a escasos metros de los efectivos y de los móviles policiales. En medio de la oscuridad y la confusión, los uniformados tuvieron que seguir adelante con el procedimiento mientras intentaban esquivar los ataques.
Uno de los patrulleros no corrió la misma suerte. Los ladrillazos terminaron destruyendo el parabrisas del móvil, dejando visibles los daños provocados durante el enfrentamiento.
Cuando los policías intentaron retirarse del lugar con los menores demorados y las motos secuestradas, desde el primer piso les arrojaron agua caliente. El líquido cayó sobre los efectivos en uno de los momentos más críticos del operativo. La agresión generó una situación de enorme riesgo y elevó aún más la tensión de una noche que parecía no tener límites.
Los gritos siguieron retumbando en el complejo habitacional. Las amenazas continuaron. Lo que había comenzado con dos motos robadas había mutado en una escena caótica, marcada por la violencia y la resistencia al accionar policial.
Finalmente, los adolescentes fueron trasladados junto con los rodados secuestrados. Sin embargo, los incidentes continuaron incluso después. Ya en la Comisaría 6°, la madre de uno de los menores volvió a protagonizar nuevos desmanes y terminó provocando daños en otro móvil oficial, situación que derivó en su detención por orden de la Fiscalía que en las próximas horas le formulará cargos por atentado y resistencia a la autoridad.
Los menores fueron puestos a disposición de la Senaf que resolvió iniciar un legajo y que regresen a sus casas bajo la responsabilidad de algún adulto.