Un hombre de unos 60 años sufrió una caída en el sector de Palotinos, en el cerro López, en Bariloche, y tuvo que ser rescatado mediante un operativo de montaña que incluyó una maniobra aérea de alta complejidad. Después de pasar la noche con asistencia de rescatistas, fue evacuado durante la mañana del lunes, cuando dos integrantes de la Comisión de Auxilio y un médico trabajaron suspendidos de una cuerda de 30 metros desde un helicóptero, ante la imposibilidad de aterrizar junto al lugar donde se encontraba.
La emergencia comenzó el domingo, cuando el hombre sufrió una caída en una zona de montaña de difícil acceso. El golpe en la cabeza y un cuadro de deshidratación obligaron a organizar una asistencia que no podía resolverse con una simple caminata hasta un punto de encuentro. El terreno imponía sus propias reglas y cualquier movimiento debía ser evaluado para no agravar la situación.
A partir del aviso, integrantes de la Comisión de Auxilio del Club Andino Bariloche (CAX) lograron llegar hasta el accidentado y comprobaron que necesitaba ayuda para salir de ese sector. Sin embargo, la oscuridad y las características del lugar complicaban cualquier intento de descenso terrestre. Por eso, los rescatistas permanecieron junto al hombre durante la noche y organizaron la asistencia hasta que hubiera condiciones para intentar una evacuación aérea.
La espera no fue un detalle menor. En la montaña, apurarse puede convertir un rescate en otra emergencia. Con el hombre acompañado y bajo atención, el equipo pudo preparar la intervención para la mañana de hoy, cuando la visibilidad y las condiciones de viento permitieran trabajar con el helicóptero.
Finalmente, alrededor de las 8 del lunes, se puso en marcha la parte más delicada del operativo. La aeronave llegó hasta el sector, pero había un problema central: no podía aterrizar junto al hombre. La pendiente y las características del terreno obligaban a recurrir a una maniobra especial, con los rescatistas suspendidos desde el helicóptero.
Para hacerlo, utilizaron una cuerda de aproximadamente 30 metros. Matías García Cicco y Germán Echegaray, junto con el médico que participó del procedimiento, quedaron sujetos al sistema de carga externa humana para llegar hasta el área de intervención. El piloto debía mantener la aeronave en condiciones adecuadas mientras el equipo trabajaba en un entorno donde el margen de error era reducido.
Según explicó García Cicco, la preparación de la maniobra incluyó un traslado hasta un sector próximo al refugio López, donde había espacio para aterrizar y organizar el sistema. Desde allí se avanzó con el procedimiento para alcanzar al accidentado. La operación requería coordinación entre el piloto y quienes descendían suspendidos, porque cualquier movimiento debía ejecutarse con precisión.
La complejidad no terminaba al llegar hasta el hombre. Los rescatistas debían asistirlo y resolver cómo sacarlo de un lugar donde no había una superficie segura para que el helicóptero pudiera posarse. Cada decisión formaba parte de una misma cadena: acceder a la víctima, garantizar la atención médica y concretar la evacuación sin sumar nuevos riesgos.
El caso volvió a mostrar las dificultades que pueden aparecer en los rescates de montaña, incluso cuando los equipos consiguen localizar a una persona y llegar hasta ella. En un sector de acceso complicado, la extracción puede convertirse en el tramo más exigente de toda la intervención. Esta vez, la combinación de asistencia terrestre durante la noche, planificación y apoyo aéreo permitió avanzar con el operativo.
La maniobra de los rescatistas suspendidos a 30 metros del helicóptero fue la imagen más impactante del procedimiento. Pero detrás de esa escena hubo horas de espera, evaluación y preparación para sacar a un hombre lesionado de una zona donde no existía una salida sencilla. En la montaña, el rescate no termina cuando encuentran a la persona: el verdadero desafío es conseguir llevarla de regreso.