El caso de una mujer en Centenario, condenada por la Justicia Federal y con prisión domiciliaria, dejó al descubierto una escena difícil de ignorar: droga visible dentro de la casa, un arma cargada sobre la heladera y movimientos constantes vinculados a la venta.
Todo ocurría en el mismo lugar donde convivían sus hijos.
Ese punto de venta funcionaba pese a una condena previa y a una medida judicial que le permitía permanecer en su vivienda, justamente, bajo el argumento del cuidado de los menores a su cargo. La intervención llegó después, cuando el caso pasó a manos de la órbita provincial.
“Faltaban controles, pero desde la provincia recibmos códigos QR, trabajamos en observación y ahora esperemos que esa mujer esté privada de la libertad y no en su casa vendiendo droga”, antepuso el fiscal general José Gerez en diálogo con el Noticiero Central.
Una casa que concentraba todo
El procedimiento permitió ver con claridad cómo operaba el lugar. La droga estaba a la vista, el arma cargada al alcance y el movimiento era constante.
Al momento del operativo, la mujer no se encontraba en el domicilio, pese a que debía cumplir allí la prisión domiciliaria.
“Al momento de la intervención con la Policía, la mujer no estaba -se le dio domiciliaria para cuidar a sus hijos- y los hijos convivían con la droga, que estaba visible, y no solo eso, encontramos un arma de fuego cargada arriba de la heladera, y dos motos con personas que hacían delivery”, explicó Gerez.
De ese caso a un cambio en los tiempos
La investigación avanzó en paralelo con una serie de operativos que empezaron a repetirse en distintos puntos de Neuquén.
“Estamos trabajando a lo largo y ancho de la provincia, y esto antes no sucedía”, señaló Gerez.
El cambio no solo se vio en la cantidad de procedimientos, sino también en la velocidad con la que se interviene sobre los puntos de venta.
Secuestros millonarios que no llegaron a la calle
En San Martín de los Andes, el secuestro de droga alcanzó los 10 kilos, valuados en unos 380 millones de pesos. En Chos Malal, el decomiso de marihuana fue aún mayor: alrededor de 600 millones.
“En Chos Malal funcionaban prácticamente a cinco cuadras del centro”, detalló el fiscal.
En ambos casos, la droga tenía un destino claro: la distribución dentro de la provincia.
El golpe final: derribar el lugar
La demolición del aguantadero en barrio Belgrano, en Neuquén capital, mostró otra etapa de los operativos. No solo se busca detener a quienes venden, sino también eliminar los espacios donde esa actividad se sostiene.
La estructura fue derribada y dejó de funcionar como punto de venta.
Un escenario distinto
El recorrido que va desde la casa en Centenario hasta los procedimientos en el interior y la demolición en la capital muestra una secuencia que se repite: investigaciones más cercanas, intervención directa y resultados visibles.
“Se visibiliza un trabajo comprometido con la Provincia, con el Ministerio Público Fiscal, con el ministerio de Seguridad que hace las inversiones y con una participación ciudadana destacable”, sostuvo Gerez.
En ese marco, casos como el de Centenario quedan como referencia de un esquema que hoy enfrenta otro tipo de respuesta.