La empresa de transporte Ko-Ko, monopólica en el transporte interurbano en el Alto Valle, despidió al chofer involucrado en el violento episodio que terminó con una pasajera de 55 años internada en terapia intensiva tras sufrir la fractura de una vértebra. La medida llegó después de dos semanas del hecho y mientras crece el reclamo de la familia de la víctima por la falta de respuestas médicas y económicas.
El caso sumó ahora una respuesta drástica de la firma perteneciente a la familia Trappa que optó por desvincular al conductor señalado por haber atravesado un badén a alta velocidad sin reducir la marcha. Esa maniobra, según relataron testigos, provocó que los pasajeros literalmente salieran despedidos de sus asientos.
En ese contexto, la peor parte se la llevó una mujer de 55 años, que cayó de manera violenta dentro de la unidad y sufrió una fractura en la columna, una lesión de extrema gravedad que la dejó internada y a la espera de una intervención quirúrgica clave para evitar secuelas permanentes. El viaje, que había comenzado como un traslado habitual desde Neuquén hacia Allen, se transformó en cuestión de segundos en una escena desesperante.
Pero además, el episodio estuvo marcado por momentos de tensión dentro del colectivo. Según reconstruyeron los propios pasajeros, fue necesaria la intervención de un hombre —un policía retirado— que, ante la gravedad de la situación, obligó al chofer a abandonar el recorrido habitual y dirigirse de urgencia a un centro de salud. Sin esa presión, aseguran, la asistencia podría haber demorado aún más.
Ahora bien, con el despido confirmado, la empresa busca dar una señal frente al escándalo que rápidamente tomó estado público. Sin embargo, lejos de cerrar el conflicto, la decisión abre nuevos interrogantes. Por un lado, la familia de la víctima insiste en que hasta el momento no hubo respuestas concretas ni de la firma ni de la aseguradora para afrontar los costos de una cirugía que podría definir el futuro de la mujer.