La desaparición de Otoño Uriarte cumple 20 años con un desenlace que dejó a la Justicia de Río Negro frente a uno de sus mayores papelones: después de 6.685 días, los cuatro hombres que siempre estuvieron en el radar fueron condenados a prisión perpetua por el caso, pero las sentencias terminaron revocadas y el Superior Tribunal de Justicia (STJ) confirmó en agosto de 2026 la absolución. La adolescente desapareció el 23 de octubre de 2006 en Fernández Oro, la última vez que la vieron fue cuando regresaba a su casa a la altura del puente de la Viña y su cuerpo fue encontrado seis meses después en el canal Principal de Riego. En el medio quedó una investigación plagada de cuestionamientos.
La historia comenzó aquel lunes 23 de octubre de 2006, cuando Otoño, después de estar todo el día afuera, regresaba a su casa. Tenía 16 años, iba al colegio secundario, jugaba al vóley y llevaba una vida cotidiana que se interrumpió de la peor manera. La hipótesis que la Fiscalía sostuvo casi dos décadas después fue que alguien le había robado la bicicleta para obligarla a regresar caminando por una zona, en esa época, oscura y desolada. En ese trayecto, la interceptaron y la hicieron subir a un vehículo. El sector del puente de la Viña y sus alrededores quedó asociado para siempre a una desaparición que sacudió a Fernández Oro y que, con el paso de los años, se transformó en una de las causas más controvertidas de Río Negro.
La bicicleta de Otoño
La bicicleta no fue un detalle menor ni una anécdota perdida en el expediente. Fue una de las piezas centrales de la hipótesis que permitió vincular a los cuatro acusados históricos con la desaparición y muerte de la adolescente: Maximiliano Manuel Lagos, José Hiram Jafri, Néstor Ricardo Cau y Germán Ángel Antilaf. Ella salió junto con su hermano en bicicleta, la dejó en la casa de una compañera y cuando regresó cerca de las 20 a buscarla, no estaba.
Fue parte de un plan para dejar a Otoño a pie y facilitar su interceptación. Durante el juicio, la bicicleta y los testimonios relacionados con su desaparición y posterior aparición se incorporaron a una cadena de indicios que el tribunal consideró importantes para condenar a los cuatro hombres. Pero esa construcción judicial, que parecía cerrar casi 19 años de incertidumbre, se desmoronó meses después.
Antes de llegar a ese juicio, el caso ya había atravesado años de sospechas, pistas que no prosperaron, cambios en la investigación y fuertes cuestionamientos a la actuación de funcionarios judiciales y hasta el propio Jefe de Policía, el polémico Víctor Ángel Cufré, el autor de la frase "se debe haber ido con el novio". Hubo hipótesis que quedaron sin respuestas convincentes y hasta una comisión de investigación por afuera del expediente que vinculaba hasta al vocal del Superior Tribunal de Justicia, Víctor Hugo Sodero Nievas, que todos los viernes se reunía con el padre de la joven, Roberto Uriarte.
Otra cuestión a tener en cuenta, la jueza del caso María del Carmen García García fue destituída por mal desempeño y posteriormente demandó al Estado porque stress laboral, es que cuando se creó el juzgado, era el único para atender causas desde Fernández Oro a Catriel y rápidamente colapsó.
El juicio 18 años después
El juicio comenzó a fines de 2024 y concluyó el 5 de febrero de 2025 con un veredicto de culpabilidad para los cuatro acusados. En marzo, el tribunal les impuso prisión perpetua. Después de 6.680 días, el caso tenía una respuesta judicial que parecía poner fin a una espera interminable. Sin embargo, la sentencia se apoyaba en pruebas que serían cuestionadas con dureza durante la revisión: entre ellas, el análisis genético conocido como el "pelo 17", la prueba odorológica realizada con perros rastreadores y determinados testimonios indirectos. En agosto de ese mismo año, el Tribunal de Impugnación revocó las condenas y absolvió a los cuatro hombres. Los jueces entendieron que la valoración de esos elementos no alcanzaba para sostener la responsabilidad penal con el grado de certeza exigido.
La causa que había terminado con cuatro condenas a perpetua volvió a quedar sin responsables penales condenados. La Fiscalía y la querella intentaron revertir la absolución, pero en marzo de 2026 un nuevo control judicial confirmó el resultado y, en agosto, el Superior Tribunal de Justicia rechazó los recursos de queja. De esa manera, la absolución quedó firme en el ámbito provincial, aunque la vía de un eventual recurso extraordinario ante la Corte Suprema de Justicia de la Nación seguía siendo el último camino señalado por la cobertura judicial. La resolución no determinó quién mató a Otoño ni despejó las preguntas que la familia arrastra desde 2006: dejó establecido que las condenas dictadas contra esos cuatro hombres no podían sostenerse.
El caso también marcó un momento incómodo para la Cuarta Circunscripción Judicial, con sede en Cipolletti. Fue una de las primeras causas de enorme repercusión pública que debió afrontar esa (por entonces) nueva estructura judicial mientras la región todavía arrastraba el recuerdo de investigaciones cuestionadas en expedientes emblemáticos como el Triple Crimen de Cipolletti y la Masacre del Laboratorio, tramitados en una etapa anterior bajo otra organización judicial vinculada a Roca. La expectativa era que una nueva etapa institucional pudiera ofrecer respuestas más sólidas.
Otoño tenía 16 años cuando desapareció. El expediente acumuló miles de páginas, cientos de testimonios, pericias discutidas y años de reclamos. Pero el tiempo transcurrido no se tradujo en una respuesta definitiva sobre quiénes fueron los responsable de su muerte.