La intensa nevada que castigó a Bariloche durante el fin de semana puso a la ciudad contra las cuerdas. El municipio declaró la emergencia climática, suspendió las clases para el lunes, pidió a la población evitar la circulación, el aeropuerto canceló vuelos en plenas vacaciones de invierno y la Ruta Nacional 40 quedó cortada hacia El Bolsón. El fenómeno, uno de los más severos de los últimos inviernos, transformó una postal turística en un escenario de máxima complejidad, con fuerte impacto en la vida cotidiana de vecinos y miles de visitantes.
Lo que durante las primeras horas parecía una nevada intensa propia del invierno cordillerano terminó escalando rápidamente hasta convertirse en una situación excepcional. Con el correr del domingo, la acumulación de nieve comenzó a complicar el tránsito en distintos sectores de la ciudad, mientras las cuadrillas municipales y los equipos de emergencia trabajaban sin pausa para mantener despejadas las arterias principales y asistir las situaciones más urgentes.
Frente a un panorama que no dejaba de agravarse, el Comité de Emergencia Municipal resolvió declarar la emergencia climática. La medida no fue un simple trámite administrativo: representó el reconocimiento oficial de que las condiciones meteorológicas habían superado el funcionamiento habitual de la ciudad. Junto con esa decisión, las autoridades solicitaron a vecinos y turistas permanecer en sus hogares o alojamientos y evitar desplazamientos que no fueran estrictamente necesarios, con el objetivo de reducir riesgos y facilitar el trabajo de los equipos operativos.
Como consecuencia del temporal, la actividad comenzó a paralizarse en distintos frentes. El aeropuerto internacional Teniente Luis Candelaria suspendió sus durante la tarde-noche del domingo las operaciones debido a la intensa nevada y a las dificultades para garantizar condiciones seguras de despegue y aterrizaje. La medida dejó vuelos cancelados y obligó a cientos de pasajeros a reprogramar sus viajes en plena temporada invernal, uno de los momentos de mayor movimiento turístico para Bariloche.
Pero el aislamiento no solo se sintió por aire. La nieve también obligó a interrumpir totalmente el tránsito sobre la Ruta Nacional 40 entre Bariloche y El Bolsón, uno de los corredores más importantes de la región. La restricción respondió al deterioro de las condiciones de circulación y buscó evitar accidentes en un tramo donde la acumulación de nieve y la escasa visibilidad convirtieron el recorrido en un verdadero riesgo para cualquier conductor.
Sin clases por la nieve
A ese escenario se sumó otra decisión de fuerte impacto social: la suspensión de las clases para el lunes en Bariloche y Dina Huapi. La prioridad pasó a ser preservar la seguridad de estudiantes, docentes y personal educativo ante un pronóstico que anticipa la continuidad de las nevadas y temperaturas extremas. La medida alcanzó a todos los establecimientos educativos de ambas localidades.
Mientras tanto, la ciudad mostró dos caras muy diferentes. Por un lado, la imagen soñada de montañas completamente blancas y paisajes que parecen sacados de una postal. Por el otro, una realidad marcada por calles cubiertas de nieve, dificultades para circular, servicios funcionando bajo presión y un despliegue permanente de maquinaria y personal para intentar mantener operativa una ciudad que, por momentos, quedó prácticamente inmovilizada.
Las autoridades insisten en que la colaboración de la comunidad es tan importante como el trabajo de los organismos de emergencia. Evitar viajes innecesarios, respetar las restricciones de circulación y mantenerse informados a través de los canales oficiales fueron las principales recomendaciones mientras el temporal seguía avanzando sobre la cordillera.
Con pronósticos que anticipan nuevas nevadas para las próximas horas, Bariloche permanece en estado de alerta. La ciudad turística más importante de la Patagonia enfrenta ahora el desafío de recuperar la normalidad una vez que el clima lo permita, aunque la magnitud del temporal ya dejó una marca evidente:la nieve dejó de ser un atractivo para convertirse en el principal obstáculo para la vida cotidiana.