El frío les quema la piel. El agua paraliza los músculos. El cuerpo tiembla. Pero ellas siguen avanzando. Brazada tras brazada. Porque detrás de cada metro nadado hay algo más grande que un desafío deportivo: un mensaje urgente para el mundo.
Las neuquinas Cristina Ganem y Carolina Modena se preparan para una nueva aventura extrema que las llevará hasta Svalbard, el archipiélago noruego ubicado a apenas 1.300 kilómetros del Polo Norte. Allí, en uno de los lugares del planeta donde el calentamiento global avanza más rápido, intentarán nadar mil metros en aguas cercanas a los 0°C como parte del proyecto “Expedición Ártico Nados Ambientales”.
La travesía, que comenzará oficialmente el próximo 30 de mayo cuando partan desde Neuquén rumbo a Oslo, tiene un objetivo claro: visibilizar el impacto del deshielo polar y generar conciencia ambiental a través del cuerpo, el deporte y la experiencia humana.
“Esto es un grito a la humanidad. Escúchennos. Somos personas comunes, mamás trabajadoras, no somos políticas ni deportistas de elite. Todo esto lo hacemos con muchísimo sacrificio porque creemos que el mensaje vale la pena”, expresó Cristina Ganem durante una entrevista con el programa Entretiempo de AM550.
La expedición es continuidad de una experiencia histórica que ambas protagonizaron en febrero de 2025, cuando nadaron más de seis kilómetros en aguas antárticas sin protección térmica durante el proyecto “Cinco Mil Brazadas”, una iniciativa que buscó reclamar mayor protección para las áreas marinas de la Antártida.
Ahora el desafío es aún más extremo.
Del sur extremo al norte extremo
Criadas en la Patagonia argentina y habituadas a las aguas heladas, Ganem y Modena entienden el frío como parte de su identidad. “El frío no es un obstáculo, es nuestro lenguaje”, sintetiza el manifiesto de la expedición.
En el Ártico nadarán frente a glaciares y muy cerca del Global Seed Vault, el banco mundial de semillas construido para preservar la biodiversidad del planeta ante una posible catástrofe climática global. “La ironía es enorme: guardamos semillas para el futuro mientras el agua que debería nutrirlas se está calentando y muriendo”, señalaron.
El proyecto busca unir simbólicamente los dos polos del planeta a través del nado extremo. Primero fue la Antártida. Ahora será el Ártico. Dos geografías distantes atravesadas por el mismo problema: el derretimiento acelerado del hielo.
En el Ártico nadarán frente a glaciares y muy cerca del Global Seed Vault, el banco mundial de semillas construido para preservar la biodiversidad del planeta ante una posible catástrofe climática global. “La ironía es enorme: guardamos semillas para el futuro mientras el agua que debería nutrirlas se está calentando y muriendo”, señalaron.
“Nosotras lo sentimos en la piel. Poder nadar sin traje de neopreno en la Antártida ya te muestra que las aguas han aumentado su temperatura. Se ve muchísimo el deshielo. Lugares que antes estaban completamente cubiertos de hielo hoy muestran tierra”, explicó Carolina Modena.
La imagen las impactó profundamente durante la experiencia antártica. Témpanos desprendidos, glaciares retrocediendo y enormes superficies de roca expuesta donde antes había hielo eterno. “Es muy triste. El cambio se nota muchísimo”, remarcaron.
Una travesía extrema en el corazón del hielo
La expedición demandará una compleja logística internacional y estará supervisada por la International Ice Swimming Association (IISA), entidad que regula este tipo de competencias en aguas heladas.
Las nadadoras llegarán a Oslo el 2 de junio y luego viajarán hacia Svalbard, considerada la población habitada más cercana al Polo Norte. Allí realizarán una jornada de aclimatación antes del gran desafío. “El 7 de junio hacemos un nado de prueba y al día siguiente intentaremos completar un kilómetro en aguas de muy baja temperatura”, contó Modena.
Aunque en el Ártico no utilizarán traje de neopreno para la competencia principal, buena parte de sus entrenamientos se realizan en aguas abiertas del río Limay, donde buscan adaptar el cuerpo y la mente al frío extremo. “El cuerpo hay que entrenarlo de a poco. Esto no es meterse al agua un día porque sí. Hay que aprender cómo entrar, cuánto tiempo permanecer y cuándo salir. El cuerpo avisa”, explicó Carolina.
Cristina, en cambio, reconoce que la preparación mental ocupa un rol todavía más importante. “Yo creo que trabajo más la mente que el cuerpo. Cuando entreno ya me imagino el hielo del Polo Norte, cómo voy a brazear, dónde voy a aplicar la fuerza. Practico todos los días la cadencia de los mil metros porque sé que voy justa con el tiempo”, sostuvo.
“El cuerpo hay que entrenarlo de a poco. Esto no es meterse al agua un día porque sí. Hay que aprender cómo entrar, cuánto tiempo permanecer y cuándo salir. El cuerpo avisa”, explicó Carolina Modena.
La exigencia física es brutal. Tras salir del agua helada, muchas veces pierden sensibilidad en manos y piernas. Por eso viajarán acompañadas por sus hijos, quienes ya participaron en otras experiencias y conocen los protocolos de asistencia. “Ellos saben qué hacer cuando salimos del agua y el cuerpo queda paralizado por el frío”, explicaron.
Un documental para mostrar el impacto del cambio climático
La expedición será registrada por documentalistas especializados en deportes extremos. El objetivo es producir una pieza audiovisual que permita mostrar no solo el desafío deportivo, sino también el impacto ambiental que observarán en el Ártico.
El documental sobre la experiencia en la Antártida ya se encuentra en etapa final de edición y tendrá una duración aproximada de una hora y veinte minutos.
“Es muy emotivo y muy realista. Mostramos todo lo difícil que fue y el mensaje por el cual fuimos hasta allá”, adelantó Ganem.
El proyecto, sin embargo, no recibió apoyo estatal. “Golpeamos muchas puertas. Presentamos el proyecto en ministerios, secretarías y organismos, pero no obtuvimos ninguna ayuda. Ni siquiera para el documental. Todo lo financiamos nosotras”, lamentaron. Pese a eso, ambas aseguran que seguirán adelante. “Creemos que esto es importante más allá de cualquier gobierno”, afirmaron.
“Esto es un grito a la humanidad. Escúchennos. Somos personas comunes, mamás trabajadoras, no somos políticas ni deportistas de elite. Todo esto lo hacemos con muchísimo sacrificio porque creemos que el mensaje vale la pena”, expresó Cristina Ganem en la entrevista con el programa Entretiempo de AM550.
Psicología social, aguas heladas y conciencia ambiental
Carolina Modena tiene 51 años, es psicóloga social y fundadora de Almacén B Ecotienda. Su vida deportiva está profundamente ligada a las aguas abiertas y a los nados de invierno.
En 2023 se consagró subcampeona mundial de Winter Swimming Cup y al año siguiente obtuvo el título de campeona mundial en Lago Argentino, frente al glaciar Perito Moreno.
Además participó en travesías extremas en el Canal de Beagle, Malvinas y numerosos circuitos nacionales e internacionales de aguas abiertas.
En febrero de 2025 integró junto a Cristina Ganem el proyecto “Cinco Mil Brazadas”, completando más de seis kilómetros en la Antártida sin protección térmica para reclamar protección ambiental sobre las áreas marinas del continente blanco.
“Queremos que nuestros hijos también sean conscientes y sean portavoces de lo que está pasando”, sostuvo.
De la arquitectura a las Islas Malvinas
Cristina Ganem es arquitecta, fundadora de Océano Virgen y una de las referentes argentinas en aguas frías y nado extremo.
Comenzó a nadar a los 42 años por recomendación médica, pero rápidamente transformó esa actividad en una pasión que la llevó a protagonizar travesías históricas.
Entre sus principales logros aparecen el cruce del Canal de la Mancha, el Estrecho de Gibraltar, el Estrecho de Magallanes y el Estrecho San Carlos en Islas Malvinas sin protección térmica.
En 2018 se convirtió en la primera argentina en completar una Milla Helada en el Canal de Beagle y un año después cruzó el Canal de la Mancha con un objetivo solidario: recaudar fondos para un natatorio destinado a personas con discapacidad.
Ahora, a punto de cumplir 60 años en pleno Ártico, se prepara para otra hazaña. “Jamás pensé que iba a llegar al Polo Norte. Primero fue un sueño la Antártida y después salió medio en chiste esto de ir al norte. Pero cuidado con lo que uno desea… porque acá estamos”, dijo entre risas.
“Si el hielo deja de latir, nosotros también”
La frase resume el espíritu de la expedición. No se trata únicamente de deporte extremo ni de romper récords personales. Tampoco de una competencia convencional. Para Ganem y Modena, cada brazada es una forma de traducir en el cuerpo el dolor de un planeta que cambia aceleradamente.
“Nadar en estas aguas es una declaración de vulnerabilidad radical. Si nuestro corazón puede latir aquí, la humanidad puede cambiar el curso de la historia”, sostienen.
Mientras el hielo desaparece y las temperaturas globales baten récords año tras año, dos mujeres patagónicas decidieron convertir su cuerpo en mensaje.
Desde el sur del mundo hacia el techo del planeta. Con frío, miedo y coraje. Pero sobre todo, con la intención de que el planeta vuelva a ser escuchado.