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Emotivo homenaje a Antonio “Tuco” Creide en una plaza que volvió a latir

Vecinos, amigos y familias se unieron para recuperar el espacio que recuerda a Antonio Jesús Creide, un dirigente profundamente querido y clave en el desarrollo de la ciudad.

Martes, 05 de mayo de 2026 a las 18:35
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Plaza Antonio "Tuco" Creide - San Martin de los Andes

Hay nombres que no se borran. Que quedan flotando en la memoria de un pueblo, en las conversaciones cotidianas, en los recuerdos compartidos. En San Martín de los Andes, uno de esos nombres es el de Antonio Jesús Creide, al que muchos, con cariño y cercanía, llamaban simplemente “Tuco”.

Esta semana, en el barrio El Arenal, ese afecto volvió a hacerse visible. No en un discurso ni en un acto formal, sino en algo mucho más genuino: manos trabajando, vecinos organizándose, comercios colaborando y una comunidad entera decidida a devolverle vida a la plaza que lleva su nombre.

La escena tuvo algo de ritual colectivo. Pintura fresca, madera nueva, arreglos en los juegos y charlas que iban y venían entre quienes se acercaban a dar una mano. Pero sobre todo, hubo memoria. Porque cada tarea, cada gesto, estaba atravesado por historias sobre “Tuco”, por anécdotas, por recuerdos de alguien que dejó una marca profunda en la ciudad.

Bohemio, con un agudo sentido del humor, Creide era de esas personas que llenaban cualquier lugar con su presencia. Quienes lo conocieron recuerdan su simpatía, su optimismo constante y esa alegría contagiosa que lo convirtió en una figura querida mucho más allá de la política.

Su paso por la intendencia no solo dejó huella en lo humano, sino también en la transformación concreta de San Martín de los Andes. En una época en la que la ciudad tenía un desarrollo turístico limitado —centrado casi exclusivamente en el histórico hotel Lácar y en una economía todavía ligada a una incipiente actividad maderera—, su gestión impulsó un cambio de rumbo decisivo.

Foto de Antonio "Tuco" Creide - Intendente de San Martin de los Andes

Fue durante esos años cuando comenzaron a sentarse las bases del destino turístico que hoy posiciona a la ciudad entre los más importantes del país. Su empuje permitió avances clave como el desarrollo de Cerro Chapelco con su primer medio de elevación, la pavimentación urbana, la concreción del aeropuerto, la mejora del camino entre Zapala y San Martín de los Andes, la conexión hacia Hua Hum, además del impulso al desarrollo hotelero y la actividad turística en general.

Por eso, la puesta en valor de la plaza no fue solo una mejora urbana. Fue, en muchos sentidos, un homenaje vivo.

El proyecto fue posible gracias al compromiso de vecinos del barrio, la junta vecinal y el aporte de comercios locales como Maderera del Norte, Corralón Patagónico de los Andes, Pinturerías del Centro, Herrería El Yunque y Búnker Restopub, que acompañaron con materiales y trabajo para que la iniciativa pudiera concretarse.

El resultado es una plaza renovada, más segura y más linda. Pero lo verdaderamente importante no se mide en pintura ni en estructuras. Se siente en el aire. En los chicos que vuelven a jugar, en las familias que regresan a ocupar el espacio, en los vecinos que se quedan un rato más conversando.

Porque en ese lugar ahora no solo hay un espacio recuperado: hay una historia que sigue viva.

Antonio Tuco Creide y Felipe Sapag

Quienes participaron de la iniciativa lo repiten con una mezcla de orgullo y emoción: “Tuco era muy querido”. Y esa frase, simple pero profunda, resume el sentido de todo lo ocurrido.

En tiempos donde muchas veces predominan la distancia y el individualismo, lo que pasó en El Arenal muestra otra cara: la de una comunidad que se organiza, que recuerda y que honra a los suyos de la mejor manera posible.

No con palabras vacías, sino con hechos.

Y mientras los chicos vuelven a correr entre los juegos y las familias recuperan ese espacio que parecía perdido, algo más profundo sucede en silencio: un nombre vuelve a tener sentido. Porque hay personas que no se van nunca del todo. Y en San Martín de los Andes, cada vez que alguien diga “nos vemos en la plaza de Tuco”, Antonio Jesús Creide va a seguir estando.

Pedro Salvatori, Roberto Creide, Elder, Coty Creide y Raúl Miguel, durante la inauguración de la plaza, a fines de la década de 1980.

 

 

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