La verdad que había buscado durante buena parte de su vida finalmente apareció cuando menos lo esperaba. Su madre estaba gravemente enferma cuando decidió confesarle que el hombre que figuraba como su padre no era su progenitor biológico. La revelación confirmó una sospecha que la mujer arrastraba desde la adolescencia y que durante años había quedado atrapada entre rumores, negaciones y silencios familiares.
Mucho antes de aquella confesión, la mujer ya había escuchado en su pueblo versiones sobre su verdadero origen. Los comentarios apuntaban directamente contra la paternidad del hombre que la había reconocido. Inquieta y todavía adolescente, decidió preguntarles a sus padres. Ambos negaron entonces que existiera alguna duda sobre su filiación y la cuestión quedó, al menos por un tiempo, encerrada en el ámbito familiar.
Sin embargo, la incertidumbre nunca desapareció completamente. Años después, cuando la salud de su madre atravesaba un momento crítico, llegó la confesión que cambió todo. Según contó posteriormente en la causa judicial, su madre reconoció que aquellos viejos rumores tenían fundamento y le explicó que su pareja la había reconocido como hija pese a que no era su padre biológico, en un contexto en el que el estigma social. Poco después, la mujer murió.
Tras conocer esa verdad, la hija decidió llevar el caso a la Justicia. Inició una acción para impugnar el reconocimiento paterno y pidió además dejar de utilizar el apellido del hombre que había figurado durante décadas como su padre. En el expediente explicó que no mantenía vínculo con él y describió una relación conflictiva. El hombre fue notificado de la demanda, pero no se presentó ni respondió.
Entonces llegó la prueba que terminó de despejar cualquier duda. La Justicia ordenó realizar una pericia genética para determinar si existía un vínculo biológico. El resultado fue contundente: el estudio de ADN descartó la paternidad. A partir de esa evidencia, el fallo puso el foco en un aspecto mucho más profundo que una cuestión de apellidos o documentación: el derecho a la identidad.
La sentencia destacó la importancia de que una persona pueda conocer su verdadero origen biológico y recordó que ese conocimiento constituye una parte central de la identidad personal. También repasó antecedentes y doctrina que reconocen el valor de las pruebas genéticas para resolver conflictos de filiación.
Finalmente, con el ADN como elemento determinante y ante la ausencia de oposición del hombre, el fuero de Familia de Cipolletti hizo lugar al planteo. El reconocimiento paterno quedó sin efecto y también se aceptó el pedido para modificar el apellido. La resolución ordenó comunicar la decisión al Registro Civil para que realizara la inscripción correspondiente.