Con la muerte de Oscar Lorenzo Reinhold se cierra la historia de uno de los máximos exponentes del aparato represivo que actuó en la Patagonia durante la última dictadura cívico-militar. El exjefe de Inteligencia de la VI Brigada de Infantería de Montaña falleció el 7 de julio, a los 91 años, mientras cumplía prisión domiciliaria en un departamento del barrio porteño de Belgrano. El Juzgado Federal N°2 de Neuquén confirmó el deceso y declaró extinguida la acción penal en la única causa que aún permanecía abierta en su contra.
Nacido el 26 de enero de 1935 en la provincia de Santa Fe, Reinhold alcanzó el grado de coronel del Ejército Argentino y entre 1976 y 1979 estuvo al frente de la División II Inteligencia del Comando de la VI Brigada de Infantería de Montaña. Desde ese cargo tuvo bajo su órbita la Subzona 5.2 del Ejército, que comprendía Neuquén y el Alto Valle de Río Negro, una de las áreas donde funcionó el plan sistemático de persecución, secuestro, tortura y desaparición de personas implementado por la dictadura.
Los tribunales federales lo consideraron una pieza central de la estructura represiva. No solo coordinaba tareas de inteligencia y contrainteligencia, sino que también era el interlocutor del Ejército ante los familiares que buscaban desesperadamente noticias de sus seres queridos. En su despacho recibía a madres, padres y esposas de personas secuestradas, mientras negaba su detención o afirmaba desconocer su paradero, pese a que muchas de ellas permanecían cautivas en centros clandestinos bajo control militar.
Su nombre quedó estrechamente ligado al centro clandestino de detención "La Escuelita", donde decenas de militantes políticos, sindicales, estudiantes y trabajadores fueron sometidos a torturas antes de ser liberados, asesinados o desaparecidos. Las distintas sentencias determinaron que Reinhold integró la cadena de mando responsable de esos crímenes y que su función dentro del área de Inteligencia fue determinante para el funcionamiento del circuito represivo en la región.
Seis condenas por delitos de lesa humanidad
Tras la reapertura de los juicios por crímenes de la dictadura, Reinhold comenzó a ser juzgado en distintas causas. En 2008 recibió su primera condena, de 25 años de prisión, durante el juicio conocido como "La Escuelita I", por secuestros y tormentos cometidos contra 17 víctimas.
En 2012 fue condenado nuevamente en "La Escuelita II", esta vez a 21 años de prisión por delitos cometidos contra otras 39 personas. Ese mismo año recibió su primera prisión perpetua por parte del Tribunal Oral Federal de Bahía Blanca, en la causa por los crímenes del V Cuerpo de Ejército.
La tercera gran sentencia llegó en 2016, cuando el Tribunal Oral Federal de Neuquén lo condenó a prisión perpetua en "La Escuelita IV", al considerarlo responsable de 20 secuestros, 13 casos de tormentos y 11 homicidios agravados de personas que permanecen desaparecidas. Años más tarde, en una revisión ordenada por la Cámara Federal de Casación Penal, también fue condenado por un hecho de violencia sexual cometido contra una mujer que había permanecido cautiva.
En 2019 recibió una pena de 11 años de prisión por el secuestro y la desaparición forzada del joven barilochense Juan Marcos Herman, mientras que en 2021 volvió a ser condenado a prisión perpetua en el juicio "Escuelita VII – Taffarel", por homicidios agravados, privaciones ilegales de la libertad y abusos sexuales.
En total acumuló seis condenas, tres de ellas a prisión perpetua, convirtiéndose en uno de los represores con mayor cantidad de sentencias por delitos de lesa humanidad vinculados a la represión ilegal en Neuquén y Río Negro.
Pese a las condenas ya firmes, Reinhold todavía enfrentaba un proceso por los delitos cometidos contra Daniel Osvaldo Gallo y Graciela Vicente. Sin embargo, el juicio quedó suspendido en mayo de 2024 luego de que el Cuerpo Médico Forense determinara que padecía un síndrome demencial asociado a la enfermedad de Alzheimer que le impedía comprender el proceso judicial.
Pericias realizadas durante 2025 y 2026 confirmaron un deterioro progresivo de sus capacidades cognitivas y de su estado general de salud. Finalmente, tras recibir la partida de defunción emitida por el Registro Civil de la Ciudad de Buenos Aires, el Juzgado Federal N°2 de Neuquén declaró extinguida la acción penal y dispuso su sobreseimiento en la causa pendiente.
Con su muerte desaparece uno de los rostros más representativos del terrorismo de Estado en la Patagonia. Su figura quedó asociada a la planificación y ejecución de la represión ilegal en Neuquén, y las múltiples condenas dictadas en su contra forman parte del proceso de memoria, verdad y justicia construido en la Argentina tras el retorno de la democracia.