Mucho antes de que Neuquén se convirtiera en provincia y de que las mujeres ocuparan un lugar habitual en la política, María Enriqueta Anderson ya había decidido que había derechos que no podían seguir esperando.
Docente, militante política y defensora del voto femenino, Anderson fue una de esas mujeres que construyeron Neuquén desde lugares que durante mucho tiempo quedaron fuera de los grandes relatos históricos. Enseñó en escuelas rurales, convivió con comunidades mapuches, trabajó en Zapala y, en 1954, se convirtió en la primera mujer en representar al entonces Territorio Nacional del Neuquén en el Congreso de la Nación.
Su paso por el Parlamento fue breve. Apenas cinco meses y veinte días. Pero alcanzó para que su nombre quedara asociado a uno de los momentos decisivos de la historia neuquina: el debate por la provincialización.
Ahora, una iniciativa presentada en la Legislatura de Neuquén propone instituir el 9 de junio como el Día de la Mujer Neuquina, precisamente en homenaje a Anderson y a aquel discurso que pronunció ante la Cámara de Diputados en 1955.
De Rosario a los paisajes del interior neuquino
María Enriqueta Anderson nació en Rosario en octubre de 1916. Su llegada a Neuquén se produjo en 1934, cuando se trasladó junto a su esposo, Julio Francisco López Rouillón, también docente. El destino de ambos estuvo lejos de los centros urbanos. Su tarea educativa los llevó a distintos puntos del interior neuquino y a trabajar junto a comunidades mapuches. Enseñaron en Chochoy Mallín-Ñorquín, La Angostura de Lagos Aluminé y Moquehue, donde estaba asentada la comunidad Puel. Más tarde, Anderson trabajó en la Escuela 102 de Laguna Miranda, vinculada con la comunidad Quinchao.
Aquellos años no fueron solamente una etapa profesional. Fueron también el contacto directo con una realidad social que luego aparecería en su discurso político.
En 1945 el matrimonio se radicó en Zapala. Allí Anderson continuó vinculada a la educación: trabajó en la Escuela N° 2 para adultos, dictó clases de inglés y además realizó tareas administrativas en la Oficina de Tierras. La experiencia de esos años le permitió conocer de cerca las dificultades de quienes vivían en parajes alejados, las condiciones de las familias rurales y la realidad de las comunidades originarias.
Una mujer que defendía el voto femenino
Su compromiso político tenía una raíz anterior a su llegada a Neuquén. Durante su formación en Rosario asistió a una escuela metodista bilingüe, donde tuvo contacto con docentes norteamericanas que acompañaban el movimiento internacional por el sufragio femenino.
La lucha por los derechos políticos de las mujeres se convirtió así en una de las principales banderas de Anderson. En Neuquén se incorporó a la actividad política y se convirtió en una referente del sector femenino del peronismo. Su participación no quedó limitada a la militancia partidaria: comenzó a ocupar espacios de representación hasta convertirse en candidata a delegada territorial ante la Cámara de Diputados de la Nación.
En las elecciones del 25 de abril de 1954 fue elegida junto con Pedro Julio San Martín para representar al Territorio Nacional del Neuquén. De esa manera, Anderson se convirtió en la primera mujer neuquina en llegar al Congreso de la Nación.
Aunque los delegados territoriales tenían voz pero no voto, su presencia tenía un enorme significado político. Los territorios nacionales todavía no tenían los mismos derechos institucionales que las provincias históricas y sus habitantes no contaban con plena ciudadanía política. Anderson llegaba al Congreso para hablar precisamente de eso.
Su tarea educativa los llevó a distintos puntos del interior neuquino y a trabajar junto a comunidades mapuches. Enseñaron en Chochoy Mallín-Ñorquín, La Angostura de Lagos Aluminé y Moquehue, donde estaba asentada la comunidad Puel. Más tarde, Anderson trabajó en la Escuela 102 de Laguna Miranda, vinculada con la comunidad Quinchao. Aquellos años no fueron solamente una etapa profesional. Fueron también el contacto directo con una realidad social que luego aparecería en su discurso político.
El día que Neuquén pidió ser provincia
El 9 de junio de 1955, durante el debate sobre la provincialización de los territorios nacionales, María Enriqueta Anderson tomó la palabra. Neuquén, junto con otros territorios patagónicos, buscaba dejar atrás una condición que durante décadas había limitado sus derechos políticos. Y Anderson eligió hablar desde un lugar particular: el de una mujer que había conocido la vida de las familias que construyeron el territorio desde los lugares más alejados.
En su intervención reivindicó a las mujeres que habían acompañado a sus familias en la construcción de los primeros asentamientos y establecimientos rurales. “Vengo también trayendo la versión clamorosa de las mujeres”, sostuvo durante aquella histórica sesión, antes de referirse a las mujeres que habían llegado junto a sus maridos en carreta, a lomo de mula o a pie y que habían participado de la construcción de aquellos primeros establecimientos.
En las elecciones del 25 de abril de 1954 fue elegida junto con Pedro Julio San Martín para representar al Territorio Nacional del Neuquén. De esa manera, Anderson se convirtió en la primera mujer neuquina en llegar al Congreso de la Nación.
Su discurso también puso sobre la mesa la realidad de las comunidades originarias y las desigualdades que atravesaban al Territorio Nacional del Neuquén. Pero el reclamo central era claro: Neuquén debía dejar de ser un territorio nacional y convertirse en provincia.
Anderson planteó la provincialización como una forma de integración y no de separación. La nueva condición institucional, sostuvo, debía permitir que los habitantes del territorio accedieran a los mismos derechos políticos que el resto de los argentinos.
Una semana después llegó la provincialización
El discurso de Anderson tuvo lugar el 9 de junio. Apenas seis días después, el 15 de junio de 1955, el Congreso sancionó la Ley 14.408, que dispuso la provincialización de Neuquén, junto con la de otros territorios nacionales. La norma abrió una nueva etapa institucional Los habitantes de Neuquén pasarían a tener los derechos políticos propios de una provincia: la posibilidad de elegir a sus autoridades y de participar plenamente de la vida institucional.
Sin embargo, Anderson no llegaría a acompañar durante mucho tiempo ese proceso. El 16 de septiembre de 1955, el golpe de Estado que derrocó a Juan Domingo Perón interrumpió su mandato. Habían pasado apenas cinco meses y veinte días desde que había asumido como delegada territorial. Su participación política quedó entonces truncada.
Anderson planteó la provincialización como una forma de integración y no de separación. La nueva condición institucional, sostuvo, debía permitir que los habitantes del territorio accedieran a los mismos derechos políticos que el resto de los argentinos.
Después del golpe y de los años de ostracismo político, Anderson terminó radicándose en Canberra, Australia, donde vivían su hija, su esposo y sus nietos.
Neuquén, sin embargo, siguió formando parte de su historia personal. En algunas de sus visitas posteriores regresó a la provincia y volvió a encontrarse con antiguos alumnos y con personas vinculadas a las comunidades donde había desarrollado su tarea docente.
Uno de esos regresos tuvo un fuerte componente simbólico: junto al cacique Manuel Domingo Quinchao, quien había sido alumno suyo, volvió a Laguna Miranda y pudo observar las ruinas de aquella escuela en la que había trabajado su esposo.
Anderson murió en Canberra el 3 de noviembre de 2007, a los 91 años. Sus restos descansan en el cementerio Woden de la capital australiana. Pero su nombre permaneció ligado a Neuquén. No solamente por haber sido la primera mujer en representar al territorio en el Congreso, sino también por haber llevado hasta el recinto la voz de una sociedad que reclamaba dejar atrás su condición de territorio nacional.
Su historia reúne varias dimensiones de la construcción neuquina: la educación, el trabajo rural, la vida de las comunidades originarias, la militancia política, la lucha por los derechos de las mujeres y, finalmente, la provincialización.
El 9 de junio como Día de la Mujer Neuquina
La iniciativa que ahora llegó a la Legislatura busca recuperar precisamente esa historia. El proyecto propone instituir el 9 de junio de cada año como el Día de la Mujer Neuquina, en homenaje a Anderson y al discurso que pronunció en 1955. Pero la propuesta busca ir más allá de una fecha conmemorativa.
Plantea crear un Programa Provincial y Repositorio Digital de Historia y Memoria de las Mujeres Neuquinas, destinado a investigar, recuperar, documentar y difundir las trayectorias de mujeres que realizaron aportes a la provincia desde distintos ámbitos.
También propone incorporar la fecha al calendario escolar y establecer la Distinción Anual María Enriqueta Lucía Anderson, que sería entregada cada 9 de junio a mujeres o colectivos de mujeres destacados por su trayectoria y compromiso social en las distintas regiones neuquinas.
La idea es ampliar la mirada sobre quiénes construyeron la provincia.
No solamente las mujeres que ocuparon cargos públicos o tuvieron reconocimiento institucional, sino también aquellas que sostuvieron escuelas rurales, trabajaron en el campo, cuidaron enfermos, transmitieron tradiciones, acompañaron a sus familias o defendieron a sus comunidades en lugares donde muchas veces la presencia del Estado era apenas una promesa.
En ese sentido, la historia de Anderson funciona como una puerta de entrada.
La mujer que en 1955 habló en el Congreso para reclamar la provincialización de Neuquén también había sido docente en parajes alejados, había conocido de cerca a comunidades mapuches y había defendido mucho antes el derecho de las mujeres a participar plenamente de la vida política.
Su discurso duró unos minutos. Su mandato, apenas unos meses. Pero la huella que dejó atraviesa todavía la historia institucional de Neuquén.