Después de atravesar un largo proceso de recuperación física y emocional, Tota, una perra San Bernardo, comienza una nueva etapa rodeada del cariño y la contención que siempre mereció. Su historia refleja el compromiso de profesionales, instituciones y vecinos de Bariloche que creen en las segundas oportunidades.
Tota ingresó al área de Sanidad Animal por disposición judicial tras un siniestro vial en el que viajaba dentro de un vehículo que protagonizó dos fuertes impactos. El conductor circulaba con alcoholemia positiva y, como consecuencia del accidente, la perra llegó con múltiples lesiones, heridas sangrantes y un cuadro de dolor que requería atención inmediata.
El equipo veterinario actuó de manera urgente para estabilizarla y comenzar su tratamiento. Durante semanas recibió curaciones, medicación y controles clínicos permanentes, hasta lograr una recuperación favorable. Superada la etapa crítica, se aplicó el protocolo sanitario que el Municipio de Bariloche realiza con cada perro que ingresa a los caniles judicializados: análisis de sangre para descartar enfermedades, desparasitación y vacunación contra la rabia. Posteriormente, y con autorización judicial, fue castrada en el servicio veterinario, recuperándose satisfactoriamente de la cirugía.
Con el alta médica y la liberación de la causa judicial, Tota fue incorporada al Programa de Adopción Responsable, iniciando la búsqueda de una familia que pudiera ofrecerle un hogar definitivo. Esa familia llegó.
Tota fue adoptada por Charly, un vecino de Bariloche, que decidió abrirle las puertas de su casa y de su corazón. Su vínculo con los San Bernardo tiene un profundo significado: el año pasado debió despedirse de Magallanes, el perro que lo acompañó desde cachorro y cuya partida dejó un enorme vacío. El encuentro con Tota fue inmediato. Apenas lo conoció, buscó su cercanía y permaneció a su lado como si siempre se hubieran conocido. El primer paseo juntos terminó de sellar un vínculo que marcó el inicio de una nueva etapa para ambos.
La bienvenida no terminó allí. Al llegar a su nuevo hogar, Tota fue recibida por Bruleê, una perra adulta mayor de 14 años, que la aceptó con tranquilidad y afecto. Desde el primer momento compartieron el espacio en armonía, iniciando juntas una convivencia que promete compañía y aprendizaje mutuo.
El director de Sanidad Animal, Pablo Roque, destacó la importancia de estas historias para fortalecer la tenencia responsable en la comunidad. “Historias como la de Tota nos recuerdan que detrás de cada recuperación puede haber una segunda oportunidad. Quiero agradecer especialmente a Charly y a todos los vecinos que eligen adoptar con responsabilidad, brindando una nueva vida a animales que muchas veces atravesaron situaciones muy difíciles”, expresó.
Desde Sanidad Animal remarcaron que cada adopción representa mucho más que un cambio de hogar: es el resultado de un trabajo integral que comienza con la intervención judicial, continúa con la atención veterinaria y culmina cuando un animal encuentra una familia que le brinda amor y cuidados para toda la vida.