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Jueves 19 de Marzo, Neuquén, Argentina
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Cómo la alimentación y el ejercicio influyen en el sueño y qué hábitos ayudan a descansar mejor

En un mundo acelerado como el nuestro, donde el estrés y las rutinas demandan cada vez más, el sueño se ha convertido en un lujo. Diferentes estudios científicos confirman que dietas ricas en triptófano mejoran la calidad del sueño en un 20-30%.

Jueves, 19 de marzo de 2026 a las 16:15
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En un mundo acelerado como el nuestro, donde el estrés y las rutinas demandan cada vez más, el sueño se ha convertido en un lujo. Nuestro cuerpo regula el sueño mediante hormonas como la melatonina (la "hormona del sueño") y el cortisol (la del estrés). Estos mensajeros dependen directamente de nutrientes clave. Por ejemplo, el triptófano, un aminoácido presente en alimentos como el pollo, los huevos, las legumbres, banana y los frutos secos, se convierte en serotonina y luego en melatonina. Diferentes estudios científicos confirman que dietas ricas en triptófano mejoran la calidad del sueño en un 20-30%.

Además, el magnesio, en espinacas, almendras y bananas, relaja los músculos y calma el sistema nervioso, mientras que los omega-3, de pescados como el salmón o las nueces, reducen la inflamación que altera los ciclos circadianos.

Actividad física: el puente entre la comida y sueño 

La actividad física multiplica los beneficios de una buena alimentación para el sueño. El ejercicio aeróbico, como caminar o andar en bici, aumenta la sensibilidad a la insulina, mejorando la absorción de triptófano y magnesio, y eleva la adenosina natural. Estudios del British Journal of Sports Medicine (2023) muestran que 30 minutos diarios de movimiento moderado profundizan el sueño en un 15%, especialmente si se combina con omega-3.

Errores alimentarios que roban tu sueño 

No todo en el plato ayuda, la cafeína del café o el mate después de las 14 horas bloquea la adenosina, una sustancia que induce somnolencia. El alcohol, común en cenas sociales, fragmenta el sueño REM, dejando resaca matutina. Azúcares refinados y comidas pesadas, como empanadas fritas o facturas, provocan picos de insulina que desequilibran el azúcar en sangre, generando despertares nocturnos. Un ejemplo: una cena con choripán y gaseosa puede elevar el cortisol, postergando el sueño hasta la madrugada.

Incorpora hábitos como cenar temprano y evitar pantallas, que suprimen la melatonina. En 2 semanas, notarás menos interrupciones nocturnas y más energía diurna. Dormir bien no es suerte: es nutrición inteligente.

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