Jorge Fernando “Roña” Castro nació y creció en Caleta Olivia, Santa Cruz, y desde muy joven encontró en el boxeo una posibilidad que inicialmente no había imaginado como un camino profesional. En una entrevista en el programa Otro día perdido, recordó aquellos primeros años, su relación con la ciudad y cómo una pelea que comenzó casi de manera improvisada terminó dando inicio a una extensa carrera sobre los rings.
“Me metí por necesidad. No lo agarré como deporte. Yo vendía diarios, lustraba botas y tenía 15, 16 años”, recordó Castro. La primera pelea por la que recibió dinero marcó un antes y un después: “Me pagaron de cuenta un mes de lustrar botas. Y nada, después ya quería pelear todos los días”.
Caleta Olivia y los primeros pasos
Castro recordó la ciudad en la que creció y el cambio que experimentó con el paso de las décadas. Cuando comenzó a salir de Caleta Olivia, la localidad tenía alrededor de 35 mil habitantes. “Fui la semana pasada y había 100 mil habitantes. Crecieron, crecieron”, contó.
Uno de sus recuerdos está relacionado con los caminos hacia las estancias que rodeaban la ciudad. “Yo me acuerdo que para llegar a una estancia que se llamaba Sala era lejísimo. Ahora las casas pasaron en esa estancia”, relató al hablar del crecimiento de su lugar de origen.
El boxeo apareció en su vida casi por casualidad. Contó que comenzó a entrenar un martes y que, apenas dos días después, le preguntaron si se animaba a pelear. “Yo empecé un día martes a entrenar, fui martes, miércoles y el jueves me dijeron: ‘Roña, ¿te animás?’. Digo: ‘Sí’”.
El problema era que prácticamente no tenía preparación técnica. “Solamente tres días de técnica, porque tenía los huevos para pelear”, recordó. Ante la posibilidad de subir al ring, buscó la autorización necesaria y consiguió que una vecina llamada Dora firmara el permiso. Con el tiempo, aquel joven que había llegado al gimnasio sin imaginar una carrera deportiva recorrió 27 países y construyó una trayectoria que lo llevó a disputar títulos internacionales.
Al recordar aquella etapa, también se refirió a una característica que considera determinante en su carrera. “Siempre dije que fui un superdotado”, afirmó entre risas. Y cuando le preguntaron si había tenido suerte con su físico, respondió: “Sí, siempre dije lo mismo”.
El camino hasta ser campeón mundial
La carrera de Castro estuvo marcada por una cantidad inusual de combates. En la entrevista aseguró haber disputado 144 peleas y haber conseguido 90 victorias por nocaut.
También contó que llegó a protagonizar cuatro combates profesionales en un mismo mes. “Yo peleaba las cuatro semanas de profesional. Peleé en Buenos Aires, a la semana siguiente peleé en Salta, a la semana siguiente peleé en La Pampa y a la semana siguiente peleé en Comodoro Rivadavia”, recordó.
Uno de los episodios más recordados de su trayectoria ocurrió en 1994, cuando enfrentó a John David Jackson en Monterrey, México. Castro relató que recibió un fuerte castigo durante buena parte del combate y que llegó al noveno round con el rostro muy lastimado.
“Estaba castigado, estaba golpeado”, explicó al recordar las imágenes de aquella pelea. El médico incluso había indicado que no podía continuar, pero desde su rincón decidieron darle “el round del campeón”.
En ese asalto consiguió revertir la pelea y noquear a Jackson. “Ahí ya no podía haber seguido más”, recordó sobre el estado en el que se encontraba. La pelea quedó entre las más recordadas de su carrera y fue reconocida por la revista especializada Mundial de Boxeo como la mejor pelea del año 1994, según relató durante la entrevista.
A pesar de los golpes, aseguró que no perdió su vínculo con el deporte. “El boxeo es para pegar y no dejarse pegar, pero a veces te pegan”, resumió. Y dejó un consejo para quienes comienzan a entrenar: “Que se preparen bien para el día de mañana ser algo”.
Tras su etapa como profesional, Castro también atravesó distintos accidentes que afectaron su cuerpo. Uno de los más graves ocurrió cuando chocó con su automóvil y sufrió múltiples lesiones. Permaneció 31 días internado y luego comenzó un largo proceso de recuperación.
Finalmente, después de una última etapa en el boxeo, decidió retirarse. “Hablé con todos mis hijos. Me dijeron: ‘Papá, ya no tenés que demostrar más’. Ya demostré todo y dejé”, relató.
Del ring a los comedores
Actualmente, una parte importante de la actividad de Castro está vinculada al trabajo solidario. Según contó, coordina una red que alcanza a miles de personas y reúne 14 comedores y nueve merenderos.
Además de recibir y distribuir alimentos, Castro participa personalmente de las entregas. “Voy, entrego mercadería. El viernes le doy alimento no perecedero a la gente. Tengo mil personas afuera de mi gimnasio”, contó.
Su actividad también se extiende a otras provincias y a su ciudad natal. “Siempre pedimos una ayuda y siempre le digo a la gente que quiere colaborar que me puede ayudar”, señaló. También destacó que parte de los alimentos que recibe son destinados al interior del país.
Con esa tarea, el hombre que durante años recorrió el mundo sobre un ring mantiene actualmente un vínculo estrecho con las necesidades sociales. “Yo con mucho gusto ayudo. Ayudo a toda esa gente”, afirmó.
A los 59 años, Castro también continúa ligado al boxeo desde otro lugar: entrena personas en su gimnasio y asegura que allí concurren hombres y mujeres de distintas edades. “A mi gimnasio va el flaco, va el gordo, va la vieja, va el viejo, van todos”, contó.