El atentado a las Torres Gemelas del 11 de septiembre de 2001 quedó grabado en la memoria del mundo entero. Entre quienes vivieron esa jornada histórica desde Nueva York se encuentra Gastón Remy, quien, con apenas 23 años, vivía a escasas 50 cuadras del World Trade Center (WTC).
Durante una extensa entrevista con Mejor Informado, el actual CEO de Nuqlea explicó el porqué de un máster en Leyes, donde compartió clases con la sobrina de Osama Bin Laden; cómo fueron los días previos al atentado en la Gran Manzana, qué pasó durante y los días subsiguientes al atroz atentado en el que murieron 2.977 personas inocentes. Remy también se refirió a su retorno a la Argentina, reflexionó sobre su carrera y qué representa hoy aquel suceso que modificó la percepción de la seguridad a nivel mundial.
Quién es Gastón Remy
Gastón Remy nació en la ciudad de Córdoba el 9 de abril de 1973. Cuando tenía apenas semanas de vida, su familia se mudó a la localidad rionegrina de General Conesa. Su madre Beatriz, médica pediatra; su padre Juan Carlos, odontólogo, se radicaron en ese pueblo rionegrino para desarrollar tanto su familia -que acabaría siendo de cinco hijos- como sus respectivas carreras profesionales.
Sus padres solicitaron el traslado a la ciudad de Neuquén y en la capital provincial, Remy terminó la escuela primaria. “Desde ese entonces siempre me consideré patagónico. Neuquén siguió siendo mi lugar en el mundo. Es difícil de explicar porque no tiene que ver solamente con el tiempo que uno vivió en un lugar, sino dónde están las raíces, los afectos y con una cierta manera de mirar la vida. Me siento profundamente patagónico. Hay algo de la inmensidad, la libertad y la cultura del esfuerzo de la Patagonia que me acompañó siempre, incluso cuando estaba muy lejos”, describió desde su casa en la zona norte del Gran Buenos Aires.
Desde muy joven, una oportunidad comenzó a forjar esa combinación de vivir experiencias en el exterior y regresar al país para encarar los desafíos locales. “Viví en Neuquén hasta los 17 años, cuando me fui a Chicago como estudiante de intercambio para terminar el colegio secundario. Para alguien como yo eso era prácticamente como irse a otro planeta”, añadió.
Abogacía en la UBA, matrimonio en Buenos Aires y máster con la sobrina de Bin Laden
De regreso a la Argentina, país del que entró y salió varias veces, Remy se fue a vivir a Buenos Aires. Ingresó en la carrera de Abogacía de la Universidad de Buenos Aires (UBA), de la que se graduó rápidamente. Trabajó un tiempo en un estudio de abogados y se casó con María Florencia.
Recién casados, Florencia y Gastón se mudaron a Nueva York. Ella realizó una especialización en psicología infantil y comenzó a trabajar en un hospital neoyorquino. Él ingresó a trabajar como abogado en el estudio de Carlos Alfaro en el Rockefeller Center. Ese fue el primer paso que vinculó su carrera universitaria con el mundo corporativo-empresarial.
En lo que a su formación académica respecta, Gastón ingresó a la Escuela de Derecho de la prestigiosa Universidad de Columbia: “Me anoté en el máster LLM (Legum Magister, que en latín se traduce como Maestría en Derecho). Éramos más de 100 estudiantes y entre ellos estaba Wafah Dufour, la sobrina de Osama Bin Laden", comentó.
El día en el que se produjo el atentado, pese a haber nacido en Estados Unidos y que en ese momento contaba con residencia en Nueva York, Dufour no se encontraba en la ciudad. Se especuló respecto a hipotéticos vínculos con Al Qaeda, la red creada y dirigida por su tío Osama. Lo cierto es que ella se encontraba en Suiza por un viaje familiar: allí vive su madre Carmen y había viajado a visitarla. Por eso, para distanciarse del estigma que le provocaba cualquier vinculación con la red terrorista, Wafah optó por resignar el apellido de su padre Yeslam Bin Laden y pasó a llamarse Dufour.
"Compartimos algunas clases, pero fue un contacto fugaz. Luego ella terminó haciendo una carrera como cantante”, comentó Remy acerca de su compañera del máster. En efecto, años´ tarde, Dufour incursionó en el modelaje: participó en una producción fotográfica para la revista GQ y distintas producciones de alta costura. Quedó trunco un proyecto de un reality show basado en su vida y luego tuvo un paso por la música.
Nueva York, antes del atentado a las Torres Gemelas
Como hincha fanático de Boca Juniors, Remy se reunía periódicamente a comer con la peña neoyorquina que simpatiza por el club de La Ribera. En los días previos al atentado terrorista no percibió nada anormal en la capital financiera del mundo.
“Con toda la banda bostera (sic) nos juntábamos siempre en Mamalinda Ristorante y comíamos juntos. Ahí conocí a uno de los pocos argentinos que murió en las Torres. Fui a ver el US Open (donde se consagraron Venus Williams y Lleyton Hewitt). Nada atípico”, enumeró. Remy. La calma que antecede al huracán.
Una mañana de remoloneo, un llamado desde Chile y una vista privilegiada del horror
El martes 11 de septiembre de 2001 amaneció con un cielo azul, no había una sola nube que opacara el ritmo de la Ciudad que nunca duerme. Aquella mañana de septiembre, Remy se encontraba en su casa de Midtown Manhattan, a aproximadamente unas 40 ó 50 cuadras del WTC.
Para cuando el avión del vuelo 11 de American Airlines impactó contra la Torre Norte, él y su mujer aún no habían salido hacia sus respectivos trabajos. Una llamada telefónica de una amiga que vivía en Chile los puso en alerta sobre lo que acababa de ocurrir. “Me había quedado dormido. Estábamos en casa. Nos llamó Maru y nos dijo ‘¿Vieron lo que pasó?’. Prendimos la televisión y vimos con incredulidad lo que estaba ocurriendo. Minutos más tarde, observamos cómo la segunda aeronave (el vuelo 175 de United Airlines) se estrellaba contra la Torre Sur. En ese instante entendimos que no se trataba de un accidente aislado”, recordó.
Dos de los cuatro aviones secuestrados impactaron de lleno contra las Torres Gemelas del WTC. Otro, contra una de los laterales del Pentágono y cayó en un campo en Shanksville, Pensilvania, luego de que los pasajeros lucharan contra los secuestradores. Se cree que esa aeronave tenía como destino Washington y que podría haber estado dirigida hacia el Capitolio o la Casa Blanca.
El edificio en el que vivían los Remy tenía más de 70 pisos, algo bastante habitual para esa zona de Nueva York. Pero a su vez, la construcción tenía una particularidad que la hacía única: una amplia terraza abierta que permitía ver el skyline en distintas direcciones. Y, paradójicamente, esa virtud que muchas veces le llenó los ojos con un paisaje urbano único, en aquella oportunidad lo convirtió en testigo privilegiado del horror. “Nueva York es una ciudad muy turística y siempre tenés una cámara de fotos a mano. En esa época tenía una panorámica, que estaba muy de moda, la tomé y subimos a la terraza. Nos quedamos durante horas. Primero, para tratar de entender. Después, literalmente, vimos caer las torres”, compartió.
Desde la terraza de su propia casa, con verano boreal a punto de finalizar, Gastón, Florencia y una decena de vecinos estaban siendo testigos de un hecho tristemente histórico, algo que modificaría la geopolítica de los años venideros. “Recuerdo especialmente la sensación de cuando cayó la primera torre. La vista había formado parte del paisaje de Nueva York durante años y, de pronto, una de las torres simplemente desapareció. Después cayó la segunda. La realidad estaba superando cualquier cosa que hubiéramos podido imaginar. Mientras sucedía, tuve conciencia de que el mundo estaba cambiando. Es muy extraño sentir un quiebre histórico en tiempo real. Normalmente uno comprende la magnitud de los acontecimientos después, con la distancia (temporal). Ese día no: era evidente que nada iba a seguir igual”, sintetizó.
El día después: cuando los lugares seguros y las certezas dejaron de existir
Para quienes estaban en Nueva York, la sensación fue de absoluta incertidumbre. La ciudad quedó paralizada durante horas, con miles de personas evacuando oficinas, estaciones de transporte cerradas y una presencia inédita de fuerzas de seguridad y equipos de emergencia.
Remy recuerda que el atentado no solo modificó la vida cotidiana de los estadounidenses, sino que también alteró la manera en que el mundo entendía la seguridad internacional, los viajes aéreos y la amenaza del terrorismo global.
Las sirenas, el sonido ambiente en Nueva York son presencias casi omnipresentes. Pero los días subsiguientes al atentado, todo era silencio. Una ciudad autosuficiente que se veía estremecida, destartalada.
“Hubo dos cosas de aquellos días que, vistas desde hoy, resultaron decisivas. La primera es que Florencia y yo acabábamos de enterarnos de que estaba embarazada de Abril, nuestra primera hija (hoy tiene 24 años y le siguen Franco de 20 y Matilda, 16). Estábamos empezando a imaginar una vida completamente nueva, todavía con la noticia muy fresca. La segunda es que yo estaba evaluando una propuesta de Dow Chemical para regresar a la Argentina. Al principio no estaba muy convencido. En Nueva York estábamos bien, tenía un trabajo interesante y sentíamos que estábamos viviendo en el centro del mundo. Después del atentado, nosotros ya no éramos los mismos. La posibilidad de regresar a nuestro país, estar más cerca de los afectos y formar allí nuestra familia empezó a tener otro peso”, resumió acerca de su regreso.
Del horror en primer plano a regresar a la Argentina
Tras haber aceptado la propuesta laboral de The Dow Chemical Company -a partir de 2015, simplemente Dow- regresaron a la Argentina en una época por demás turbulenta: en pleno hervidero del 20 de diciembre de 2001. “Bajé del avión, firmé contrato en la sede de Buenos Aires y ese mismo día desalojaron el edificio por lo que estaba sucediendo”, recordó en lo que derivó en la renuncia del entonces presidente Fernando De la Rúa.
Ese fue el primer paso en Dow. Paso que lo llevaría a dar un camino de 16 años: entró como abogado de la compañía en la sede de Bahía Blanca y terminó siendo el presidente para Argentina y la Región Sur. Entre 2014 y 2018 fue presidente de la Cámara de la Industria Química y Petroquímica (CIQyP) y vicepresidente de la Cámara de Comercio de los Estados Unidos de América en la República Argentina (AmCham).
En 2016 tuvo el honor de haber sido elegido CEO del año y a partir de 2018 lideró Vista Oil and Gas, la compañía creada por Miguel Galuccio en esa roca llamada Vaca Muerta. Fue presidente del Instituto de Desarrollo Económico de la Argentina (IDEA) y durante la pandemia de COVID-19 encabezó #SeamosUno, la iniciativa que entregó 60 millones de raciones de comida en aquellos momentos de barbijo y mucho encierro.
Desde principios de 2021 a la fecha es CEO de Nuqlea, una start-up que fundó y que busca posicionarse a nivel regional como una suerte de Uber y Spotify de los materiales de construcción, un encuentro digital entre empresas del rubro y proveedores.
Más allá de un curriculum vitae tan extenso como destacado, existe una experiencia que sigue ocupando un lugar central en la memoria de Remy: haber estado a menos de cinco kilómetros de las Torres Gemelas cuando se produjo el atentado que marcó el inicio del siglo XXI no es algo fácil de digerir. Ni de olvidar.
Remy volvió a Nueva York en retiradas ocasiones, tanto por trabajo como por turismo. Es una ciudad que está intrínsecamente ligada a su historia de vida: estudió, trabajó, comenzó a formar la familia que siempre soñó. Y también está el recuerdo del horror que presenció. “El atentado forma parte de ese vínculo con Nueva York, pero no lo define por completo. La primera vez que visitamos Ground Zero fue muy movilizante. Recuerdo estar con Florencia, los dos con lágrimas en los ojos. No era solamente tristeza por las personas que habían muerto. También había una sensación difícil de nombrar: la de regresar al lugar de algo que habíamos presenciado juntos y que había cambiado nuestra vida. Con los años visité también el memorial. Ver los nombres de las víctimas devuelve la tragedia a su verdadera dimensión. Las cifras son abstractas. Los nombres no. Cada nombre representa una vida, una familia y una historia que quedó interrumpida ese día”, analizó.
"Hasta el 11 de septiembre vivía en una era de enorme optimismo"
Consultado sobre qué le producen las imágenes del atentado a las Torres Gemelas veinticinco años después, Remy elige el término es conmoción, algo que no puede mirar como un hecho histórico ajeno, porque estuvo ahí y recuerda, de manera palpable, el minuto a minuto.
“Hasta el 11 de septiembre yo vivía, como muchas personas de mi generación, en una era de enorme optimismo. Había confianza en la tecnología, en la globalización, en una mayor integración del mundo y en una prosperidad que parecía capaz de extenderse. Esa era mi percepción viviendo en Estados Unidos, porque en la Argentina ya se estaba gestando una crisis económica y social muy profunda (que terminaría con la renuncia de De la Rúa, cinco presidentes en una semana, el entonces senador Eduardo Duhalde haciéndose cargo de la Presidencia, la salida de la Convertibilidad de la mano de Remes Lenicov, etc)@, describió. Agregó que el atentado "terminó brutalmente con parte de aquella inocencia. Estar en el país económica y militarmente más poderoso del mundo (por Estados Unidos) y descubrir que también podía ser atacado de esa manera produjo una sensación de vulnerabilidad enorme. Y enseguida apareció otra certeza: la reacción de Estados Unidos iba a modificar la geopolítica mundial durante muchos años”.
Al pensar en lo que deja una situación como la que le tocó vivir, Remy reflexiona sobre cómo cuestiones externas hacen que las personas modifiquen sus rutinas. “No creo que de una tragedia semejante deba extraerse una enseñanza tranquilizadora. Hay hechos que no admiten una moraleja. Pero sí me dejó una conciencia muy profunda sobre la fragilidad de todo aquello que damos por seguro. También sobre el valor de los afectos, del lugar al que sentimos que pertenecemos y de las decisiones que tomamos cuando la realidad nos obliga a revisar nuestras prioridades”, concluyó.