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Viajó a Malvinas en 1999 y rodó una película de manera clandestina: la increíble historia detrás de "Fuckland"

José Luis Marqués voló con un equipo a las islas 17 años después de la guerra. En una conversación con Mejor Informado, desde Villa La Angostura recordó cómo fue la previa, la estrategia en caso de que fueran descubiertos y los obstáculos que sortearon. Además se refirió al recorrido de la película en festivales y la publicidad que dirigió para los Juegos Olímpicos de Londres 2012.

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Miércoles, 10 de junio de 2026 a las 08:00
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José Luis Marqués viajó en 1999 a Malvinas y rodó de manera clandestina Fuckland en las Islas Malvinas - Foto: Gentileza

Cada 10 de junio se conmemora el Día de la Afirmación de los Derechos Argentinos sobre las Islas Malvinas, Islas del Atlántico Sur y Sector Antártico. Y en una fecha como ésta, Mejor Informado entrevistó a José Luis Marqués (68), director de Fuckland (2000). Desde su casa en Villa La Angostura, Marqués explicó cómo fueron sus inicios, de la fotografía a la publicidad; su interés por el tema Malvinas; cómo surgió la idea de la película, la planificación, el ensayo en provincia de Buenos Aires, el viaje en tres escalas y todo lo que implicó rodar en ese formato y de manera clandestina durante una semana a finales de 1999. Recordó el recorrido de la película por distintos festivales, los premios que recibió y del comercial que lo conectó nuevamente con las islas.

Quién es el director que rodó Fuckland en Malvinas

José Luis Marqués nació en 1958 en la ciudad de Buenos Aires. Su madre se recibió de docente, pero se dedicó de lleno al cuidado del hogar; y su papá, tras recibirse en Rosario, ingresó como contador en la Marina. Justamente por el trabajo de su padre, tuvo una infancia nómada: de Puerto Belgrano a Punta Indio y, de allí, a la agregaduría naval en Washington.

“Viví cinco años en Estados Unidos. Allí, mi papá pagaba la suscripción mensual de la revista National Geographic. Yo estaba en plena etapa de aprendizaje, no hablaba inglés, pero sí me interesaban mucho las imágenes. Creo que ahí empezó mi amor por la fotografía. Teníamos una máquina de fotos Canon y una cámara 8 milímetros, tuve contacto temprano con lo audiovisual”, compartió Marqués a este portal.

Marqués perdió a su papá, una abuela y un abuelo a los 12 años. Gracias a un préstamos de un tío pudo empezar a estudiar en el Foto Club de Buenos Aires y comprarse su primera cámara, una Miranda Reflex. Eran los comienzos de los 70 y, de la mano de su hermano mayor, comenzó a trabajar como fotógrafo part-time en un catamarán turístico sobre la avenida Costanera Norte, a metros del aeroparque metropolitano Jorge Newbery. “Empecé a trabajar con Justo, el fotógrafo de la empresa, y les sacaba fotos a los grupos familiares antes de que subieran al barco. En un mini laboratorio revelábamos en blanco y negro y cuando volvían del paseo les intentábamos vender las fotos. Como vendedor era muy malo, pero aprendí mucho de mirar el trabajo de Justo en el laboratorio”, recordó.

José Luis Marqués está radicada en Villa La Angostura desde 2020 - Foto: Gentileza

Contacto con personalidades y una carrera en publicidad

Terminó la secundaria y, lejos de seguir ese impulso infantil que lo inclinaba hacia la veterinaria, Marqués se volcó a estudiar publicidad en la Universidad del Salvador (USAL). “Me anoté en la Licenciatura en Comunicación Publicitaria— en esa misma carrera, uno año después, se inscribiría Gustavo Ceratiy profesionalmente me empezó a ir muy bien: conseguí trabajo enseguida en una agencia de publicidad”, reconoció.

La agencia en cuestión era Ad Hoc, propiedad del sociólogo y escritor Rodolfo Enrique Fogwill. Y en ese ámbito profesional, Marqués entró en contacto con distintas personalidades del mundo artístico y cultural. “Arranqué como cadete. Quique (Fogwill) siempre tuvo buena onda conmigo y me ‘adoptó’, me empujó a más. A los dos meses, me ascendieron a asistente de medios. Por allí pasaron personajes muy interesantes: Emilio del Guercio (bajista de Almendra) era el director de arte; Sandra Russo (periodista que recientemente pasó por el programa filo kirchnerista 678) era su secretaria. Venían el poeta Néstor Perlongher, el escritor Osvaldo Lamborghini, “Punto” Botana y, a veces, Caetano Veloso se sumaba a tocar la guitarra”, enumeró.

A los 19 años, Marqués se topó con el fotógrafo publicitario que trabajaba para la agencia, Edi Flehner. Le comentó de su necesidad por volcarse de lleno a la fotografía. Esa charla fue el inicio de lo que terminaría por delinear un vínculo de trabajo conjunto que se prolongó por escasos 25 años. “Empecé a laburar con Edi en el estudio de fotografía, haciendo laboratorios, con equipos chicos, medianos y grandes. Siempre fue muy generoso conmigo, me brindó el acceso a todos sus fierros y experimenté con lo que te puedas imaginar. Sacaba fotos para la revista Tren de Carga de Sergio Marchi y Eduardo de la Puente. Iba a todos los recitales de Virus, los Abuelos de la Nada con mi rollo de 36 fotos blanco y negro”, relató entre risas.

A raíz de un viaje de Flehner al exterior, Marqué tuvo que suplantarlo en la producción de una publicidad de un chocolate de la época. “Creo que era algo para Aero. A partir de ahí, empecé a redirigir mi carrera hacia la publicidad de productos, ya había abandonado la facultad. Hice todo tipo de productos, hasta autos. Hicimos laburos en Estados Unidos, Europa, por todos lados”, enfatizó.

El afiche que promocionaba Fuckland antes de su estreno en septiembre de 2000 - Foto: Captura YouTube

Malvinas como locación fue algo fortuito

Para 1982, cuando se desencadenó la guerra, Marqués tenía 24 años. Pudo haber sido, como versa la letra de la canción que se popularizó durante el Mundial de Qatar, un “pibe” de Malvinas. Pero se salvó del Servicio Militar Obligatorio porque tras accidentarse con una moto, lleva un clavo en la pierna y, además,  al momento del sorteo de la colimba sacó un número bajo.

Años más tarde quedó impactado con la novela Los pichiciegos (1983) de su empleador y amigo Fogwill y siempre algo le rondaba en la cabeza. “El tema Malvinas era casi un informe periodístico anual. Cuando (Jorge Luis) Borges se estaba por morir, todos querían hacerle la última nota. Con Malvinas pasaba algo así: Clarín, La Nación, La Prensa, Gente, Siete Días, etc. tenían, año a año, como parte de su estructura, una nota de color a las islas. Cuando era chico, era muy de las enciclopedias y había leído sobre la Segunda Guerra Mundial y leí algo sobre las Malvinas, pero sin un interés particular. Todo el tiempo hablábamos de eso, pero nadie sabía dónde quedaban”, reflexionó.

Ávido lector de la Segunda Guerra Mundial (SGM) y del poderío de la Armada Inglesa, Marqués sabía que el enfrentamiento militar no era la vía. Cuando empezó a gestar la idea de la película se reunió con Guillermo Loiácono y Rafael Wollman, fotógrafos que habían estado en el inicio y después de la guerra, respectivamente. “Ellos me contaban que los kelpers (sic) venían a atenderse al hospital de Comodoro Rivadavia o como no tenían secundaria iban a estudiar a Córdoba. Había un vínculo muy grande con la Argentina. Entonces siempre tuve la idea que era algo más cultural, que había que adentrarse en esa sociedad para que cambie de opinión. El (efecto) búmeran de la guerra hizo que Inglaterra los blindara económicamente, les puso una base con 2500 tipos (militares) y fortaleció su industria pesquera. El vínculo con la Argentina permaneció cortado durante muchos años y les pusieron vuelos semanales a Londres”, sostuvo Marqués.

Pero la locación de Fuckland, surgió más como una excusa para justificar un nuevo formato cinematográfico. “Siempre me gustó la idea de los formatos cinematográficos nuevos. Me dije: ‘¿Qué pasa si uno mezcla una historia de ficción con personas reales?’ Empecé a darle vueltas a eso. Y mientras pensaba en aquello, me dije que todo debería pasar en un lugar donde uno tuviese que filmar de forma clandestina, porque sino es muy difícil acceder a la gente y filmarla. Así empecé a pensar en Malvinas, un lugar aislado, fuera de contexto de lo que habitualmente hacía, que me obligara a filmar de otra forma”, detalló Marqués.

Respecto del hilo conductor que lleva adelante la película, Marqués sostuvo que fue solamente una idea, no había un guion ni nada por el estilo.  “Se me ocurrió una idea que bajé a dos carillas, pedí a Quique (Fogwill) que me escribiera un guion, siempre acostumbrado a lo que hacía habitualmente. La idea era la de un argentino que fuera a Malvinas y si dejaba embarazada a una kelper, años más tarde, ese argentino que naciese en las islas, terminaría por optar por ser argentino. Había que poblar de esa manera las islas de argentinos, que en el futuro serían mayoría y votarían a favor de la soberanía argentina”, sintetizó Marqués en la crónica del rodaje de Fuckland a la que accedió Mejor Informado.

Marqués le compartió la idea a su socio Edi Flehner, quien no sólo le brindó su apoyo sino que se convirtió en uno de los productores de la película junto a Mariano Suez, de Film Suez, la empresa que manejaba la publicidad en las películas que se estrenaban en la Argentina.

Pero aún quedaba mucho por hacer: averiguaciones legales, trámites, permisos, buenas historias (coartadas) por si llegaban a descubrirlos, conseguir los actores que llevaran adelante, no sólo el relato, sino la filmación de las escenas, y, sobre todo, llegar a las Islas Malvinas.

Fernando De la Rúa asumió el 10 de diciembre de 1999 mientras Marqués rodaba Fuckland en Malvinas - Foto: Captura YouTube

El marco internacional que posibilitó la realización de Fuckland en Malvinas

Tras el pedido del juez español Baltasar Garzón, el 16 de octubre de 1998 Augusto Pinochet fue detenido en Londres. Este hecho permitió no sólo que se lo juzgara en Chile por los delitos de lesa humanidad cometidos en la dictadura que el militar había encabezado, sino que también abrió el camino para que los argentinos pudieran regresar a Malvinas.

Sobre el final de la segunda presidencia de Carlos Saúl Menem, el 14 de julio de 1999, el canciller Guido Di Tella firmó en Londres el acuerdo que permitía a los argentinos volver a Malvinas. Para volver a nuestras islas, 17 años después de la guerra, paradójicamente necesitábamos (y aún se necesita) contar con pasaporte.

En ese contexto, sobre el final del milenio y con las posibilidades que ofrecía la convertibilidad, Marqués viajó junto a cuatro argentinos y dos colaboradoras inglesas a Malvinas. Con tres cámaras mini DV, grabaron la  película Fuckland de manera clandestina. Todo ocurrió durante una semana, en diciembre de 1999, y como Diego en el gol del siglo de México '86, gambetearon algunas de las limitaciones impuestas para los argentinos en suelo malvinense.

Hicimos una consulta legal con estudio en Reino Unido, sin revelar demasiado, sobre qué implicancias tenía el uso de la propiedad intelectual y sobre todo por las personas que aparecerían en la película. Por secreto profesional, nunca develaron acerca de nuestra consulta. No nos podían denunciar ante la Corona”, puntualizó Marqués.

Fuckland fue reconocida por los daneses creadores del movimiento Dogma95 - Foto: Gentileza

Por qué la película clandestina en Malvinas se titula así

El título Fuckland se compone de dos palabras fuck (el equivalente en inglés para ‘coger’) y land (‘tierra’, ‘suelo’). Además, dos caracteres separan al nombre de la película de ‘Faklland’, la denominación que Reino Unido le da a nuestras Islas Malvinas. “El título fue una de las cosas que surgieron primero. Tenía que ver con la parte de ficción, el hilo conductor de la historia y, al mismo tiempo, era un nombre que servía mucho para la difusión de la película”, afirmó Marqués.

Quienes no la hayan visto, pueden hacerlo a través de YouTube: la película está colgada en distintos canales cinéfilos, de esos que, a modo de servicio a la comunidad, ofrecen contenido que tiene más de un cuarto de siglo.

Fuckland no es un falso documental, tampoco es una película de ficción en términos clásicos. Fuckland es una película de ficción / verdad, un género cinematográfico que toma algunos conceptos del movimiento Dogma 95 de los daneses Lars von Trier y Thomas Vinterberg, pero que suma notas y sazón argentos: lo ficcional es moldeado por las acciones de las personas reales que no saben que están siendo filmadas, por lo que acontece en la locación.

Fabián Stratas encarnó el papel protagónico de Fabián en Fuckland - Foto: Captura YouTube

Un argentino, actor del under neoyorquino y mago, y una inglesa graduada como actriz

Con el respaldo de la producción, Marqués emprendió la búsqueda de los actores que, no sólo tendrían la tarea de contar la parte de ficción de la película, sino también de ser un engranaje fundamental en el proyecto: deberían poder grabar con las cámaras de video y tener la capacidad de manejar lo imprevisible del entorno isleño.

La responsabilidad de interpretar al personaje principal de Fabián recayó en Fabián Stratas, un actor surgido del under de Nueva York que, además tenía el plus de ser mago y prestidigitador: “Con los trucos me conquistó durante el casting. Pero lo más complejo era encontrar alguien que hablara muy fluido en inglés. Iba a interactuar con kelpers y no podía no expresarse o no entender lo que le dijeran”.

Quien encarnó el personaje de Camilla fue la inglesa Camilla Heaney. Heaney se había recibido en 1998 en el Drama Studio de Londres. Una agencia de casting en Londres envió casetes con pruebas y ella resultó elegida entre 40 actrices: “Recién acá en Argentina le contamos que íbamos a ir a grabar a Malvinas. Le dijimos que lo pensara, que podía volverse, que le pagábamos igual. Y le dio para adelante”.

Todas las demás personas que aparecen en las escenas de Fuckland no sabían que estaban siendo filmadas. La historia ficcional entre Fabián y Camilla fue la excusa perfecta para mostrar postales del día a día en las islas allá por 1999. Una población de aproximadamente 2.000 personas y 2.500 militares en la base montada por Reino Unido. Pocos malvinenses, muchos extranjeros, de distintas partes del mundo. Alcohol y promiscuidad, dos de los temas retratados a partir de los testimonios de quienes viven en Malvinas.

"Siete desconocidos": el equipo que viajó a las Islas Malvinas y rodó Fuckland de manera clandestina - Foto: Gentileza

Historias de siete “desconocidos”, 200 cassettes y tres cámaras a Malvinas

Además de los personajes principales interpretados por Stratas y Heaney, el equipo que Marqués encabezó para rodar Fuckland se completaba con  otras cuatro personas: Guillermo Naistat, que había sido responsable de muchas cámaras sorpresa para Marcelo Tinelli y su programa VideoMatch; el videasta Alejandro Hartmann; el sonidista Pablo Trilnik y la asistente de producción inglesa que optó por identificarse bajo el seudónimo de Jane Richardson, quien hizo de nexo con su compatriota durante el rodaje.

Previo a viajar a Malvinas, Marqués y su equipo realizaron un ensayo general en San Antonio de Areco, pueblo ubicado a 120 kilómetros al noroeste de la Ciudad de Buenos Aires. Todos tenían una premisa que  seguir, una regla de oro que respetar: hasta tanto finalizara la aventura deberían simular ser siete desconocidos.

“No me acuerdo exactamente por qué San Antonio de Areco, pero buscamos un lugar que tuviera un pueblo que tuviera la misma cantidad de habitantes que Malvinas. La idea era ensayar la metodología que íbamos a usar para de alguna forma comunicarnos y, a la vez, no comunicarnos. Fuimos a vivir a un hotelito como cuatro grupos diferentes que no se conocían entre sí y no nos íbamos a hablar. Había que poner a prueba el no hablarnos durante una semana y filmar. Ese era el objetivo, ver si eso era posible, todo era como un experimento”, explicó el director. No todo en el ensayó salió como se esperaba, pero pudieron ajustar algo del "modus operandi" que llevarían a cabo en el Atlántico Sur.

Cada una de las siete personas que integraban el equipo de rodaje de Fuckland contaba con un motivo “oficial” -una suerte de coartada- por el que habían viajado: dos iban a hacer un documental sobre pingüinos; Camilla y Jane eran dos amigas que habían decidido encontrarse en un viaje exótico; Marqués, fiel a sus fanatismo por la modalidad fly fishing, iba a pescar; Naistat, pese a que en la vida real no le interesan ni las cañas ni los peces, acompañaba a Marqués en su aventura; y Stratas supuestamente viajaba por turismo.

El 3 de diciembre de 1999 partieron desde el aeropuerto internacional de Ezeiza Ministro Pistarini hacia Santiago de Chile. Luego volaron desde la capital trasandina hasta Punta Arenas. Y finalmente, en un avión de menor porte, a las Islas Malvinas.

"A la nación y al pueblo de Argentina. Serán bienvenidos sólo cuando renuncien a su reclamo de soberanía y reconozcan nuestro derecho a la autodeterminación” - Foto: Gentileza

Una semana completa en Malvinas

Llegaron al aeropuerto de Monte Agradable (Mount Pleasant) el sábado 4 de diciembre de 1999. Distintos carteles les recordaban acerca de la prohibición de tomar fotografías y/o filmar dentro de esa terminal. Además, uno de los militares con traje de fajina, en un claro acento británico, les recordó que no debían acercarse a las entre 3000 y 5000 minas antipersonales que habían sido instaladas por soldados argentinos durante la guerra en 1982.

De los dos hoteles que había en las islas en aquel entonces, eligieron uno. Paradójicamente, se llamaba Malvina House, quizás en honor al guará o lobo malvinense (Dusicyon australis). Conforme a las historias detrás de LA historia, se acomodaron en tres habitaciones dobles y el único que quedó en solitario fue Stratas. “Las historias (o excusas) las contábamos porque todo el mundo decía ‘¿qué haces acá?’ Y lo otro que sucedió fue que había cinco argentinos en un mismo hotel, en tres habitaciones diferentes, que no se conocen entre sí. Un argentino de bien, a los dos días, ve a otro argentino y se pone a charlar y termina jugando al truco. No podíamos ser indiferentes como era la idea. Poco a poco, tuvimos que empezar a hablarnos. O sea, hacer toda la pantomima como que no nos conocíamos. Pero siempre hablando de la nada, de la película cero”, añadió Marqués, quien explicó que en el hotel muchas personas entendían castellano.

En el primer día en Malvinas, todos tenían una misión que cumplir: tras haberse comparado un radio portátil, Marqués debía enterarse sobre los acontecimientos que tendrían lugar durante la semana en las islas; Camilla debía adentrarse en el funcionamiento del hotel malvinense, ya que en su papel ficticio encarnaba a una enfermera; Fabián debía averiguar qué atractivos turísticos podía visitar; Hartmann y Trilnik, cómo hacer su supuesto documental sobre los pingüinos. Cada una de esas acciones contribuyó no sólo a no despertar sospechas, sino también a algunas tomas valiosas que finalmente terminaron traduciéndose en minutos de Fuckland.

A partir del segundo día, empezó la puesta en funcionamiento del plan estratégico ensayado en San Antonio de Areco. Plan que debió pulirse a paso veloz. “Hubo cosas que imaginaba que iban a ser de una forma y fueron de otra. La película está prácticamente construida con la cámara de Fabián. Mi cámara y la de Alejandro Hartmann tienen muy poca intervención en el resultado final. Terminamos dándonos cuenta que eso que transmitía la cámara en movimiento era lo más atractivo, lo que más te metía, lo que más inquietaba. Nosotros hicimos más tomas de inserts, pero el relato principal está hecho con la de Fabián”, precisó.

Para grabar la película se utilizaron tres cámaras mini DV idénticas con las que podían anular la luz roja que indica que se está grabando. “En mi imaginación, eran tres cámaras sospechosamente iguales, que tres familias tuvieran el mismo equipo… era raro. Estás cámaras tenían tres CCDs (Dispositivo de Acoplamiento de Carga) y algunas opciones de configuración que las hacían más profesionales que una cámara hogareña, pero igualmente prácticas. Como no íbamos a poder encuadrar, le instalamos un lente angular y, parte de lo que hicimos en en San Antonio de Areco fue reacondicionar de alguna forma muy sencilla el apoyo de la cámara con un taquito de madera. Con unos contrapesos regulamos las correas para que, cuando Fabián se la colgara, siempre apunte más o menos a la cara de los otros”, argumentó Marqués.

De noche, cuando ya todos estaban en el hotel, Marqués recolectaba los casetes y visualizaba qué se había grabado. Para el día siguiente, armaba papelitos con instrucciones para dirigir a distancia a los actores y demás integrantes del equipo para que de manera atomizada, todos hiciesen su parte. En este formato de ficción / verdad no había un set convencional.

El sábado 11 de diciembre, un día después de la llegada al poder de Fernando De la Rúa, despegaron de regreso a Punta Arenas. Dejaron Malvinas y al aterrizar en suelo chileno respiraron aliviados: habían completado su misión con éxito. Tenían el crudo, grabado de una manera mucho más caótica que una producción publicitaria, y aún faltaba transformarlo en la película.

Consultado sobre por qué en la película se utilizan las denominaciones inglesas de las locaciones en lugar de las empleadas, Marqués explicó que buscaron mostrar todo según el estado del arte. “En la revista de LAN Chile decía ‘Falkland Islands(Islas Malvinas) y luego había un cartel que decía ‘Welcome to Mount Pleasant (Bienvenidos a Monte Agradable). No había ningún cartel en español. Para mí, pervertir o cambiar eso no tenía sentido, porque justamente la película tiene un carácter documental. Meternos en las islas, en las costumbres, en la historia, era parte de la película. Después, en las notas, yo hablaba de Malvinas”, opinó.

El beso del final, la escena con la que el personaje de Camilla se despide de Fabián - Foto: Gentileza

Un rompecabezas de 1000 piezas

De regreso en el continente, en su casa de Buenos Aires, Marqués se embarcó en una tarea casi tan titánica como el rodaje: la de visualizar los casetes que habían grabado. A diferencia de una película o publicidad convencional, la naturaleza clandestina de Fuckland presentaba otros desafíos.

“En aquel momento no había proyectores que llevaran al cine lo que estaba en video. Tuvimos que pasar lo que habían grabado las cámaras a 35mm. Todo era muy incipiente y tuvimos que hacer pruebas. Había dos laboratorios afuera que lo hacían: uno en Suiza y otro, en Los Ángeles.  También acá, en Argentina lo hacía la gente de Cinecolor, que fueron coproductores de la película. Hicimos pruebas en los tres laboratorios y como el resultado de Cinecolor no difería de los otros, lo hicimos acá”, confesó.

En muchos momentos el audio que se utilizó fue el de la cámara. En otras, las tomas de sonido de los micrófonos de Trilnik.

Otras de los desafíos de la película, que inicialmente iba a ser exhibida en la Argentina, era la barrera idiomática: todas las personas con las que interactuó el personaje de Stratas hablaban en inglés y, por ello, la película debió ser subtitulada casi en un 90 por ciento.

Respecto a la tensión que generaba la película al momento de su estreno, Marqués explicó cómo, al momento del montaje, tuvo que adaptar una idea que originalmente estaba pensada para el final, pero que debió incluir antes. “De alguna forma, quería llevar la historia con el suficiente grado de tensión, en relación al personaje de Fabián, que era medio un crápula y se tornaba denso, a que la gente diga ‘Ah, ok,  qué suerte que esto no está pasando de verdad, qué suerte que sea una historia de ficción’”, explicó.

Antes del corte definitivo, Marqués le mostró un corte casi terminado a un universo de 30 personas en una función privada: “Ahí tomé nota para ver qué me decían. Hubo cosas que me ayudaron y otras, que no”.

Uno de los souvenirs que Marqués compró en las Islas Malvinas durante el rodaje de Fuckland - Foto: Gentileza

De festivales, premios y el presente 

Luego de haber sido estrenada en septiembre de 2012, Fuckland hizo su recorrido por distintos festivales de cine del mundo. Fue premiada en Barcelona-Sant Jordi y Melbourne. También se exhibió en el Sundance Film Festival de Salt Lake City, la creación del mismísimo Robert Redford, y le compraron los derechos para su canal de TV: llegó a todo Estados Unidos y otros países. Río de Janeiro, Moscú y Londres (BFI) completan la lista. “En el festival de Londres fue en donde hubo más cinéfilos y, por otra parte, tenía el condimento de que era, justamente, en Londres. Llegamos con una película que se llamaba Fuckland, sobre el colonialismo inglés a Londres. Y en Inglaterra no todos son colonialistas, a la mayoría no le interesa, no saben ni dónde quedan las Malvinas, hay un grupo conservador que piensa que deben seguir teniendo colonias y una rama más progresista que está en contra del colonialismo. El festival compró la película y se distribuyó comercialmente en distintos puntos de Inglaterra”, contó. 

Durante su primera estancia en Reino Unido, Marqués fue entrevistado por distintos medios de comunicación. De acuerdo al corte ideológico de cada uno de esos medios, las entrevistas eran más amenas, en algunos casos; o más hostiles, en otros: “Ni bien llegué se estableció que The Guardian era amigo, me hacían 200 notas porque mi película se reía del colonialismo inglés y, por otro lado, en la radio de la BBC me decían que no podían decir Fuckland, que por convención, al nombrar la película, dijese F*land”.

Desde el gobierno isleño intentaron censurar la película en el BFI. “Se comunicaron con el director del festival para pedirle que no se proyectara porque era anticolonialista. Pero les dieron lugar. Tiempo después mandé un VHS al pub (malvinense) The Globe Tavern para que la vean, porque tal vez los que actuaban no la habían visto. Por lo menos que se vieran y sé que la proyectaron”, reveló.

Las Islas Malvinas desde el avión que llevó al equipo de Fuckland - Foto: Captura YouTube

Juegos Olímpicos en Londres 2010

Para la década de 2000, Marqués repartió su tiempo como publicista con distintos clientes de manera free lance. Además de cuentas como Unilever, también desarrolló piezas audiovisuales para los dos gobiernos de Mauricio Macri en la Ciudad de Buenos Aires.

Con toda la experiencia realizada con la filmación con cámaras no intrusivas en Fuckland, que ya superaba la primera década desde su estreno, le ofrecieron hacer un comercial que lo volvió a vincular con Malvinas: “No tenía mucho tiempo. Era marzo de 2012. Me llamaron, me mostraron el guion, que estaba buenísimo, y me preguntaron si lo podía hacer. Les dije que lo tenía que pensar”.

Después de pensarlo, Marqués dijo que sí. “Me puse a investigar y encontré que faltaba poco para otra edición de la maratón que auspiciaba el (Standard) Chartered Bank, el único banco que hay en Malvinas. Ahí encontré un agujero para llevar a algún deportista argentino a las islas”, remarcó

Inicialmente, Marqués había conseguido reclutar a tres deportistas olímpicos, pero finalmente sólo fue uno. “Fernando Zylberberg había sido el capitán del seleccionado argentino de hockey masculino y ya había competido en otros Juegos Olímpicos. Y también fue la corredora (María) Florencia Lamboglia, que (hasta ese momento) no había llegado a una instancia olímpica”, recordó.

Fernando Zylberberg en la grabación del spot en Puerto Argentino, Islas Malvinas - Foto: Captura YouTube

Con los dos atletas para competir en la maratón en suelo malvinense, Marqués se enfrentaba a otro dilema: cómo llevar adelante el rodaje de un comercial publicitario. “Con todo lo que se había armado (por la película), me parecía muy riesgoso que lo hiciese yo, no sabía si podía volver a Malvinas, a grabar otra cosa, sin mostrar un guion”, reflexionó.

Para reducir al máximo cualquier riesgo que hiciera peligrar el proyecto, Marqués habló con Patricio "Pato" Suárez, un director de fotografía ecuatoriano radicado en Nueva York y con el productor estadounidense Jim Bigham, alguien que entiende la idiosincrasia argentina a la perfección. “Les conté, les pregunté si se animaban a realizarlo y les adelanté que iban a tener que mentir, pero no tanto: teníamos como coartada el documental de la maratón”.

En lo que a la coartada se refiere, Marqués se comunicó con una productora de España y les pidió si podían promocionar que iban a hacer un documental sobre maratones en todo el mundo, por si alguien se le ocurría Googlear el tema. “Contraté a un amigo mío para que manejara la relación con los deportistas. Mantuve reuniones con los deportistas acá y les expliqué  que además de entrenar, Suárez y Bigham los iban a llevar unas horas para hacer la publicidad. Era bastante más fácil que hacer Fuckland, porque no había que esconder nada. Volé hasta Santiago, me quedé en un hotel. Pato y Jim llegaron desde Estados Unidos y fueron a Malvinas. Así, hice toda la dirección a distancia”, concluyó.

La publicidad en cuestión era un spot de Presidencia de la Nación que mostraba a Zylberberg entrenando desde las 6:00 a.m. por las calles de Puerto Argentino. A lo Rocky, corría por las calles de la ciudad, hacía zig zags, subía escaleras, etc. Sobre el final de la pieza se podía leer: “Para competir en suelo inglés, entrenamos en suelo argentino”.

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